Sesión de endodoncia
Hay un dentista
que desde hace dos semanas
conoce cada partícula de
mis dientes.
Hay un dentista
de ojos azules
sonrisa amplia
y dientes perfectos.
Hay un dentista
que habla en argot de dentista:
resinas, impresiones,
tratamientos de conducto,
coronas.
Hay un dentista,
dulce como hombre,
severo como dentista
que recuerdo cada vez
que cepillo mis dientes
que me despide después de
mi sesión de endodoncia
y yo me voy
con mis labios
anestesiados
para no sonreír nunca más.
***
Cuando caiga el gobierno
estaré habitualmente sola.
Como habré pospuesto
las compras
—como es habitual—
de tanto usar el tiempo
para imaginarte,
mi despensa andará
vacía
y deambularé sin un
grano de pan,
ni parientes, sola.
Seré una mujer en un
país en guerra
que piensa en ti
habitualmente
—sola—
***
Adiós, poema, adiós
he tratado de explicarme el cielo
he bailado con un poeta
en noches ebrias.
Adiós, poema, adiós.
Nunca más seré poeta
nunca más seré poeta.
En todas las casas
siempre habitará un poeta
con una hermana (que no es poeta)
que le dirá
que escriba una biografía
sobre su familia.
En todas las casas
habitará una poeta
—loca además—
como aquellas que sostienen
a duras penas
sus propias biografías desdeñables:
Ellas avizoran pasados autistas
mujeres que dicen palabras soeces
dan tumbos a medianoche.
En todas las casas
habitará un primo lejano
—que vive en otro país—
y que busca (en inglés)
la génesis de la familia.
Conoció, hace años,
a esta pariente esquizoide
(tan callada, tan lejana —dijo—)
(«So quiet, So withdraw»).
No la reconoció en su última foto.
(«lucía tan
diferente»)
(«She looked so
different,
so atractive, so outlocket»)
En todas las casas
habitará una hermana poeta
—loca además—
que busca su propia desdeñable
génesis
(aquella que ya conocemos).
En todas las casas
habitará una hermana
que le pedirá a su hermana poeta
que escriba la historia
de la familia.
Esta poeta (loca de la casa)
pasará a formar parte de esta saga
el día en que deje el teléfono desconectado
en el filo de la madrugada.
***
Diría
que hace mucho
apenas viví
la frágil certeza
de un sueño.
Diría
que un día
me prometieron un
jardín de rosas
pero ni siquiera logré atravesar
este puente sobre aguas
turbulentas.
Diría que mi vida
fue la de un trapecista
que ha perdido su cuerda
floja.
No diría
decir «aquellos tiempos»
algo tan obvio para uno
¿qué más da?
si todos los poetas
nos fundamos sobre un
primer lugar común.
Tomado de:
https://eldienteroto.org/wp49/poemas-de-martha-kornblith/
Sería fatal decir
que el tiempo lo dirá,
el tiempo es mudo
como tus cosas
que no me hablan.
Ese poeta que me mira.
Todas las noches,
sale de clase,
dilucida un verso,
espanta las moscas del bebedero,
bebe un sorbo,
sacude su blue jean.
Y lo sigue haciendo, siempre
triste,
lacónico.
A veces
el público lo aplaude,
él sólo merodea en su bolsillo,
hunde su frente en el palco
mientras yo pienso:
Él
y la página en blanco.
*
La calle está llena
y hay una mujer
que en el fondo de su cuarto
llora sola.
Ama a un hombre
que escribe teorías.
Recuerda el día
lleno de adioses últimos.
Es de noche,
y afuera
me llueve.
Porque es viernes,
diciembre
y te vas. (vía Zona Moebius)
Tomado de:
https://esnobgourmet.com/2012/06/30/3-poemas-de-martha-kornblith/
***
Es Martes
leo a Kristeva
(«la melancolía es estéril
si ella no deviene en poema»)
Es Martes
y hace un mes
mi mano izquierda
ardía en carne viva
Conocí a un médico
al que amé con locura.
Ese hombre lavó
mi sangre
ese hombre limpió
mi piel quemada
con indulgencia.
Ese hombre conoció
mi llanto
pero ese llanto
no era un llanto
que venía de adentro
era un llanto
distinto,
un llanto de afuera.
Es Martes
leo a Kristeva:
(«Habito la cripta
secreta de un dolor
sin palabras»)
A él le dedico
«Del dolor puede surgir
el amor, el más profundo
amor»)
Es Martes
y leo a Kristeva:
«La melancolía es
una perversión,
a nosotros nos toca
conducirla hasta las
palabras y la vida»
(De Sesión de
endodoncia)
Tomado de:
https://antologiadelaconmocion.wordpress.com/2015/05/29/martha-kornblith-una-desaparecida/
Vitrolero de Sabana Grande
No era precisamente
arrogancia lo que derrochaba
en esa noche de hace quince años
en la que busqué entregarme a ti
en una esquina del bulevard de
Sabana Grande.
Tú dejaste tu vitrola a la intemperie
así como unos sucios discos de los sesenta.
Caminamos.
Esa noche llovía
y me ofrendaste con una bandeja
con cuatro perro calientes
algunas coca colas
allí, en Crema Paraíso.
Me regalaste un brazalete de los hippies
pero en el día de nuestra primera y última pelea
me dijiste que te lo devolviera,
yo ya lo había echado al cesto
(era signo de mal augurio, me dije).
Esa noche de hace quince años
te mostré unos sucios originales,
no los entendiste, hablabas inglés,
eras trinitario.
Penetramos en la oscuridad y la intemperie
en búsqueda de un hotel.
Tú rechazaste la oferta,
no sé si por pudor
o por falta de dinero.
Regresamos a la acera
a recoger tu vitrola y tus discos
(algunos amigos buhoneros
lo habían hecho ya por ti).
Vitrolero de Sabana Grande
hoy, que ya no sé nada de ti,
ahora que encajo en otros trajes
y miro de reojo,
cuando hay otra gente,
otras calles que me acogen
regreso a ti en este poema
con elegancia.
De Sesión de
endodoncia
***
Mi primer síntoma
fue callar la protesta.
Sólo hubo tardes
de presencias inútiles.
Asistir a la hora exacta
para ahogarme
en silencios no descifrados.
Si no pudieron los expertos
quién hará hablar a la renuncia.
Las luces de neón en el camino
dicen más de mi ruina cotidiana.
Desde entonces
he dejado de merodear
en el pasado.
De Oraciones para un
Dios ausente
***
El paisaje de mis veinte años fue
encaje y algodón rosado en Las Vegas
olor a ropa nueva de la mano de mi madre
el vapor que exhalaban las alfombras del Caesar’s
violentar precozmente el cerco del bacará
menta con hielo, limosinas y paseos a Virginia City
el legado de hagan sus apuestas
mucho romanticismo.
Vivir era sólo una cortesía de la casa
así de fácil.
La fortuna no iba más allá de la tentación de las fichas
de las grandes suites
del asombro de los hoteles en el Strip
de los bikinis mínimos
de los hombres apuestos
de las caídas del sol en islas exclusivas.
En todo eso creí
porque creer era desestimar el tiempo
y el diseño que él deja
o reservarme también el derecho de admisión
porque a mucha gente no admití.
Aún así
bastantes veces hui a la explosión de las luces de ese
destino
fui una muchacha pensativa
pensé cosas por las que nadie daría un níquel.
Ahora que los números me traicionan en las ruletas
y me da miedo ver las cartas
lo he apostado todo.
Pertenezco a una legión distinta de ganadores.
De El perdedor se lo
lleva todo
***
A veces
la vida viene
como un haz de reyes
y habitamos palacios
e imperios.
A veces
la vida viene
como la carta más baja
rozamos con otros transeúntes
la suciedad en las aceras
habitamos los árboles, los pájaros
pedimos el pan como los pobres.
A veces
la vida viene como la vileza.
Entonces nos aferramos a la suerte
frenéticamente.
De El perdedor se lo
lleva todo
***
Diría
que hace mucho
apenas viví
la frágil certeza
de un sueño.
Diría
que un día
me prometieron un
jardín de rosas
pero ni siquiera logré atravesar
este puente sobre aguas
turbulentas.
Diría que mi vida
fue la de un trapecista
que ha perdido su cuerda
floja.
No diría
decir «aquellos tiempos»
algo tan obvio para uno
¿qué más da?
si todos los poetas
nos fundamos sobre un
primer lugar común.
De Sesión de
endodoncia
***
Si mis ropas mueren
con el ocaso de mi cuerpo
y la rendición de mis pasos,
si las cosas oscurecen
con la opacidad del día.
Si las horas pierden su agilidad:
¿Habrá minuto capaz de definir
la estaticidad del tedio?
He visto a un poeta escribir
acerca de la inutilidad de la poesía.
Ellos, en el final de sus vidas,
se vuelven caóticos y telúricos,
reflexionan sobre el cosmos,
denigran, con justa razón, del poema
mientras sus manos convulsionan
sobre un vaso de whisky
y vuelven al tormento inicial
que se expande ahora a las dedicatorias.
Dormitan sobre sus carátulas
pero ya no conspiran, como otros, en los salones.
Buenos y visionarios
no confiesan nunca su debacle,
están sobre el fin del mundo.
Lloran porque la palabra se ha vuelto estúpida
y se preguntan si ha sido legítima la espera.
***
Hoy termino de aprender
que no hace falta
sólo un íntimo comienzo,
la palabra conclusiva
que lo vincule
y lo enlace todo,
que para escribir un poema
(dulce y ahito recodo)
hace falta fundar
en las estrofas
un lugar donde permanezcan
nuestros silencios.
Tampoco bastan las sentencias,
gesto final y tardío:
(esta ocupación, la más
inocente de todas)
es preciso que el amor
se instale en leve abrazo
y anude las palabras
(tampoco se llega lejos).
Es necesario descifrar
la exacta medida, el vínculo necesario
donde surgen las hipótesis,
adentrarse en el punto decisivo
en que se cruza el verbo y
la mirada.
Aunque el amor,
dicen,
es una palabra
que no le hace bien al poeta mencionar,
he buscado las mejores formas de decirte
que se construye a pequeños plazos,
que me diste pequeñas cuotas de inspiración
y a cambio te reemplacé en algunos versos.
Me he visto en tantos de tus poemas
que he abandonado mi adicción a los espejos
y ya no dejo mi imagen derramada en las aceras
(a cambio de tus pequeñas dosis),
en las que dejé mi historia personal.
(eso que llamas talento fácil y gratuito),
pero quizás mis versos se conocerán un día
como productos caros y lujosos,
los hice a partir de esa palabra
que no será bueno mencionar
para el bien del poema
y el mío propio
y el tuyo quizás,
tan atado ahora a esa convención
de ya no reemplazar amores en poemas,
quizás alguien deberá escribir poemas por ti
mientras yo derramo mi imagen en las aceras
en busca del origen de tu poética
(de tu historia personal)
tan conocida en estas calles
donde yo busco una nueva dosis de inspiración
para amparar a mis poemas de la muerte
y a mí de la muerte por los poemas.
***
No he cambiado mi forma
sólo le he dado un nuevo destino a las palabras.
Te sorprenderás de esta nueva manera de darme,
estoy harta de esta manía de suicidarme
en cada verso, cada ocaso
quizás sea así,
probablemente la partida.
No he cambiado mi forma
sólo he decidido disimular
esa costumbre trágica
de abandonarme en el inicio
y reanudarme en la caída.
No he perdido el motivo,
he retomado mi manera habitual,
de reanudado el proceso,
no he perdido mi hilo central,
esa forma triste de designarme
en cada línea.
***
Sería fatal decir
que el tiempo lo dirá,
el tiempo es mudo
como tus cosas
que no me hablan.
Me quedo mirando la palabra,
la ruina que originó mi primer verso,
sólo cosas diciéndose por siempre y nunca más,
no habrá más talento surgiendo en los escombros,
sólo letras de otros anuncian el desastre.
Tomado de:
https://vomiteunconejito.wordpress.com/2020/04/19/poemas-de-martha-kornblith/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario