Oasis en el instante
Si venís a buscarme
estaré más allá de la tierranada.
Más allá de la tierranada hay un lugar.
Más allá de la tierranada las venas del aire
están llenas de milanos que nos traen noticias
de una flor recién abierta en el arbusto del extremo
confín de la tierra.
En la arena hay dibujos de cascos de caballos,
de sutiles jinetes que al alba se dirigieron hacia
las alturas ebrias de la asunción de la amapola.
Más allá de esa tierranada, el abanico del deseo
permanece abierto:
en cuanto la brisa de la sed corre por el fondo de una
hoja
se oyen las campanas de la lluvia.
Aquí el hombre está solo
y en su soledad
la sombra de un olmo se extiende hasta la eternidad.
Si venís a buscarme,
venid, pues, lenta y suavemente para que no se raye
la porcelana de mi soledad.
Dirección
a Abulghasem Saidi
“¿Dónde está la casa del Amigo?
Fue al alba cuando el jinete hizo la pregunta.
El cielo se detuvo, el transeúnte entregó a las
tinieblas de arena
la rama de luz que tenía en los labios,
luego señaló con el dedo un sauce blanco y dijo:
“Antes de llegar al árbol hay una alameda
más verde que el sueño de Dios,
de donde el amor es tan azul como el plumaje de la
sinceridad.
Irás hasta el final de esta calle que aparece pasada la
adolescencia,
luego torcerás hacia la flor de la soledad.
A dos pasos de la flor,
te detendrás al pie del alto surtidor de los mitos de
la tierra.
Allí te envolverá un pánico transparente;
en la intimidad fluida del espacio oirás cierto
crujido:
verás a un niño encaramado en un pino alto
dispuesto a coger los polluelos del nido de la luz
y le preguntarás:
“¿Dónde está la casa del Amigo?”.
El jardín de los compañeros de viaje
Llámame.
Tu voz me hace bien.
Tu voz es como la savia verde de la rara planta
que crece en los confines del íntimo sufrimiento.
En los pliegues espaciosos de esta hora muda
estoy aun más solo que el sabor de la compasión en el
texto comprensivo de una
calle.]
Ven y te diré qué grande es mi soledad.
Y esta soledad, que nunca había podido prever la
nocturna irrupción de tu presencia,
es lo propio del amor.
No hay nadie,
ven, robaremos la vida, y entonces,
entre dos miradas, la compartiremos.
Ven, e intentemos entender algo de la forma de la
piedra.
Ven, vayamos más deprisa a ver las cosas.
Mira, en el estanque-reloj las manecillas
pulverizan el tiempo.
Ven a fundirte como una palabra en mi línea de
silencio.
Ven a fundir en la palma de mi mano el cuerpo
destellante del amor.
Caliéntame
(también una vez en el desierto de Kashán se nubló el
cielo
e irrumpió una lluvia torrencial,
y me enfríe, y entonces, detrás de una piedra,
el horno de una amapola me calentó).
En estas calles oscuras
temo la inquietante conjunción de la duda y la llama.
Temo las superficies asfálticas del siglo.
Ven para que no tenga ya miedo de las ciudades donde el
suelo negro sirve de pasto
a las grúas.]
Ábreme como una puerta al descenso de la pera en este
siglo de asunción del acero.
Hazme dormir bajo una rama, lejos de la noche de la
fricción de los metales.
Si llega el descubridor de las minas matinales,
llámame.
Y me levantaré cuando se habrá el alba de los jazmines
detrás de los gestos
de tus dedos.]
Y entonces
cuenta la historia de las bombas que cayeron mientras
yo dormía,
cuenta las mejillas que se humedecieron mientras yo
dormía
y di cuántos ánsares volaron por encima del mar.
Y en estos tumultos en que las ruedas blindadas
cruzaban los sueños de los niños,
dime al pie de qué sentimiento de paz el canario anudó
el hilo amarillo de su canto.
Di, ¿cuáles son las mercaderías inocentes que
alcanzaron nuestros puertos,
y qué ciencia descubrió la música positiva de las
balas,
y qué sabiduría segregó el aroma desconocido del pan en
el paladar de la profecía?
Y entonces yo, con una fe que se calienta por el
reflejo del “Ecuador”,
te haré sentar en el umbral de un jardín.
Tomado de:
https://fernandonombela.blogspot.com/2011/04/tres-poemas-de-sohrab-sepehri.html
Y AHORA LA CAÍDA DE LOS COLORES
Semejante a los misterios del nacimiento
los instantes escoltaron al año entre dos parpadeos.
En las mojadas cumbres del encuentro
se levantaba poco a poco
el santuario de la luz.
El suceso se tejía con la materia del pavor.
Un pavor
que penetraba en la estructura primordial de la piedra.
En la fresca gravedad del viento
murmuraba una garganta
la nostalgia del Amigo.
Desde el principio de la lluvia
hasta el fin del otoño
fluían huellas de palomas.
SOLEDAD EN EL PAISAJE
Pinos muy altos
cuervos muy negros
cielo suficientemente azul,
pedregales, contemplación, abstracción,
alamedas que se prolongan hasta la nada,
canalón adornado de gorriones,
sol directo,
tierra llena de alegría.
Al alcance de los ojos
sólo la agudeza del otoño.
¡Oh bella insólita,
de mirada llena de húmedos acentos
como un sueño henchido del verdoso tartamudeo de un
jardín,
de ojos vírgenes como la timidez articulada,
de párpados vacilantes
como los dedos inquietos del viajero insomne
bajo el desierto sauce!
A la orilla del río
la intimidad esparcía a puñados cenizas familoiares
sobre el rescoldo de la percepción.
Lento era
el pensamiento.
Lejano el deseo,
como ave fabuladora cantando en un árbol.
En qué lugar de los otoños futuros
relatará una boca arbolada
historias de tan sublimes viajes.
SENTIDO DE LA IMAGEN DEL AMIGO
para K. Tina
La luna,
interpretando con su color el cobre,
ascendía tal la tristeza de lo explícito.
El ciprés
era claro relincho de la tierra.
El pino cercano
sombreaba a la sencilla página de la estación
como la comprensión generosa
y podía leerse la escritura cúfica de los espinos.
De las tierras oscuras
llegaba el olor de la percepción gestándose.
El Amigo
tocaba sobre las cosas el tul de la inteligencia,
oía la fluyente frase del arroyo
como si a sí mismo se dijera:
no hay palabra más clara.
Junto al riachuelo pensaba yo:
¡Qué recto es esta noche
el camino ascensional de las cosas!
HASTA LA FLOR DE LA NADA
Caminábamos.
¡Altos eran los árboles,
negro el espacio de la visión!
Un sendero se abría desde nosotros hasta la flor de la
nada.
Una muerte en las laderas,
una nube en la cresta de las montañas
y los pájaros a la orilla de la vida.
Cantábamos:
"Sin ti era una puerta hacia el exterior,
una mirada a las riberas
y una voz en el desierto de sal."
Caminábamos,
la tierra se asustaba a nuestro paso
y el tiempo nos inundaba de lluvias.
Reíamos: el abismo se despertó súbitamente
y los ocultos interiores esparcieron la voz.
Nosotros en silencio, el desierto cuidoso y el
horizonte: un hilo de mirada.
Nos sentamos: tu ojo lleno de lejanías, mis manos
llenas de soledad y las tierras sumidas en suave somnolencia.
Nos quedamos dormidos. Y dicen que, en un sueño,
una mano cogió una flor.
CLARIDAD, AGUA, FLOR, YO MISMO
No hay nubes.
No hay viento.
Me siento en el borde del estanque:
juego coleante de peces, claridad, agua, flor, yo
mismo.
La pureza de la espiga de la vida.
Mi madre me coge albahaca.
Pan, albahaca y queso.
Cielo sin manchas, petunias húmedas.
Salvación inminente: entre las flores del patio.
¿Cuántas caricias vierte esta lu
en un cuenco de cobre!
La escalera, desde la cima del muro hace descender la
mañana sobre la tierra.
Detrás de una sonrisa cualquier cosa se oculta.
El muro del tiempo tiene una brecha
a través de la cual se ve mi rostro.
¡Tantas cosas desconozco!
Lo sé, me moriré si arranco una brizna de hierba.
Lleno estoy de alas y plumas.
Asciendo a la cumbre y veo un camino en las tinieblas:
lleno estoy de faroles.
Lleno estoy de luz, de arena,
ramaje, árbol.
Lleno estoy de caminos, puentes, ríos, olas,
de reflejo de las hojas en el agua.
Pero, ¡qué soledad en lo hondo de mi ser!
Tomado de:
https://www.airesdelibertad.com/t48349-sohrab-sepehri-1928-1980

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