jueves, 5 de diciembre de 2019

POEMAS DE RICARDO JAIMES FREYRE


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El himno


Bebe ¡oh Dios! Entre los bosques, al través de la espesura,
los feroces jabalíes han huido,
y en la mitad de su carrera puso término a su insólita pavura
rayo ardiente y luminoso, de mi aljaba desprendido.

Bebe ¡oh Dios! Para tu copa dieron mieles las abejas
de los huertos del Palacio blanco y oro;
ya del Lobo y la Serpiente la medrosa vista alejas
y vierte la lengua de Orga su sacro raudal sonoro.

Cuando tu aliento se cierne sobre el campo de batalla,
ríe el guerrero a la Muerte que le acecha;
si en el espacio infinito, con el trueno, tu potente voz estalla
se hunde en el cuello la lanza y en el corazón la flecha.

Entre la fronda


Junto a la clara linfa, bajo la luz radiosa
del sol, como un prodigio de viviente escultura,
nieve y rosa su cuerpo, su rostro nieve y rosa
y sobre rosa y nieve su cabellera oscura.

No altera una sonrisa su majestad de diosa,
ni la mancha el deseo con su mirada impura;
en el lago profundo de sus ojos reposa
su espíritu que aguarda la dicha y la amargura.

Sueño del mármol. Sueño del arte excelso, digno
de Escopas o de Fidias, que sorprende en un signo,
una actitud, un gesto, la suprema hermosura.

Y la ve destacarse, soberbia y armoniosa,
junto a la clara linfa, bajo la luz radiosa
del sol, como un prodigio de viviente escultura.

Eros


Lluvia de azahares
sobre un rostro níveo.
Lluvia de azahares
frescos de rocío,
que dicen historias
de amores y nidos.
Lluvia de azahares
sobre un blanco lirio
y un alma que tiene
candidez de armiño.

Con alegres risas
Eros ha traído
una cesta llena
de rosas y mirtos,
y las dulces Gracias
-amoroso símbolo-
lluvia de azahares
para un blanco lirio.

Las hadas


Con sus rubias cabelleras luminosas,
en la sombra se aproximan. Son las Hadas.
A su paso los abetos de la selva,
como ofrenda tienden las crujientes ramas.

     Con sus rubias cabelleras luminosas
     se acercan las Hadas.

Bajo un árbol, en la orilla del pantano,
yace el cuerpo de la virgen. Su faz blanca,
su faz blanca, como un lirio de la selva;
dormida en sus labios la postrer plegaria.

     Con sus rubias cabelleras luminosas
     se acercan las Hadas.

A lo lejos por los claros de los bosques,
pasa huyendo tenebrosa cabalgata,
y hay ardientes resoplidos de jaurías
y sonidos broncos de trompas de caza.

     Con sus rubias cabelleras luminosas
     se acercan las Hadas.

Bajo el árbol en la orilla del pantano,
sobre el cuerpo de la virgen inclinadas,
posan, suaves como flores que se besan,
sus labios purpúreos en la frente blanca.

     Y en los ojos apagados de la muerta
     brilla la mirada.

     Con sus rubias cabelleras luminosas
     se alejan las Hadas.

A su paso, los abetos de la selva,
como ofrenda tienden las crujientes ramas.

     Con su rubia cabellera luminosa
     va la virgen blanca.

Las voces tristes


Por las blancas estepas
se desliza el trineo;
los lejanos aullidos de los lobos
se unen al jadeante resoplar de los perros.

Nieva.
Parece que el espacio se envolviera en un velo,
tachonado de lirios
por las olas del cierzo.

El infinito blanco...
sobre el vasto desierto
flota una vaga sensación de angustia,
de supremo abandono, de profundo y sombrío desaliento.

Un pino solitario
dibújase a lo lejos,
en un fondo de brumas y de nieve,
como un largo esqueleto.

Entre los dos sudarios
de la tierra y el cielo
avanza en el Naciente
el helado crepúsculo de invierno...

Lo fugaz


La rosa temblorosa
se desprendió del tallo,
y la arrastró la brisa
sobre las aguas turbias del pantano.

Una onda fugitiva
le abrió su seno amargo
y estrechando a la rosa temblorosa
la deshizo en sus brazos.

Flotaron sobre el agua
las hojas como miembros mutilados
y confundidas con el lodo negro
negras, aún más que el lodo, se tornaron,

pero en las noches puras y serenas
se sentía vagar en el espacio
un leve olor de rosa
sobre las aguas turbias del pantano.


Los cuervos


Sobre el himno del combate
y el clamor de los guerreros,
pasa un lento batir de alas;
se oye un lúgubre graznido,
y penetran los dos Cuervos,
los divinos, tenebrosos mensajeros,
y se posan en los hombros del Dios
y hablan a su oído.

Lustral


Llamé una vez a la visión y vino.

Y era pálida y triste, y sus pupilas
ardían como hogueras de martirios.
Y era su boca como una ave negra,
de negras alas.
En sus largos rizos
había espinas. En su frente arrugas.
Tiritaba.
Y me dijo:
-¿Me amas aún?
Sobre sus negros labios
posé los labios míos,
en sus ojos de fuego hundí mis ojos
y acaricié la zarza de sus rizos.
Y uní mi pecho al suyo, y en su frente
apoyé mi cabeza.
Y sentí frío
que me llegaba al corazón. Y el fuego
en los ojos.
Entonces
se emblanqueció mi vida como un lirio.

Paloma imaginaria


Peregrina paloma imaginaria
que enardeces los últimos amores;
alma de luz, de música y de flores
peregrina paloma imaginaria.

Vuela sobre la roca solitaria
que baña el mar glacial de los dolores;
haya, a tu peso, un haz de resplandores,
sobre la adusta roca solitaria...

Vuela sobre la roca solitaria
peregrina paloma, ala de nieve
como divina hostia, ala tan leve...

Como un copo de nieve; ala divina,
copo de nieve, lirio, hostia, neblina,
peregrina paloma imaginaria...

Rosa ideal


Eres la rosa ideal
que fue la princesa-rosa,
en la querella amorosa
de un menestral provenzal.

Si tú sus trovas quisieras,
llegarían, como un ruego,
los serventesios de fuego
en armoniosas hogueras.

Darías al vencedor
los simbólicos trofeos,
en los galantes torneos
de la ciencia del amor.

Incensado por el aura
de la dulce poesía
en tus manos dejaría
su cetro Clemencia Isaura.

*

Serías el lirio humano
que halló un rey bajo su tienda,
en la brumosa leyenda
de un minnesinger riniano.

En ti vería el guerrero
perlas y rocío, como
en el tesoro del gnomo
que descubrió un hechicero.

Tendrías un camarín
por las hadas adornado,
en un palacio encantado
de las márgenes del Rin.

Y en las noches de las citas,
bajo el rayo de la luna,
envidiaran tu fortuna
Loreleys y Margaritas.

*

Mientras pensativo y triste,
junto a la cruz de un sendero,
estrechara un caballero
la banda azul que le diste,

en tu ventana ojival
dulcemente reclinada,
oirías la balada
del ardido Parsifal.

Y de un juglar, que ha traído
su arpa cubierta de flores,
la historia de los amores,
de Crimilda y de Sigfrido.

En tu blanco camarín
por las hadas adornado,
resonaría el sagrado
cántico de Lohengrín...

Ya mi pálida quimera
se ha enredado, como una ave
en la onda, crespa y suave,
de tu blonda cabellera.

Siempre


¡Tú no sabes cuánto sufro! ¡Tú que has puesto mis tinieblas
en mi noche, y amargura más profunda en mi dolor!
Tú has dejado, como el hierro que se deja en una herida,
en mi oído la caricia dolorosa de tu voz.

Palpitante como un beso; voluptuosa como un beso;
voz que halaga y que se queja; voz de ensueño y de dolor...
Como sigue el ritmo oculto de los astros el Océano‚
mi ser todo sigue el ritmo misterioso de tu voz.

¡Oh, me llamas y me hieres! Voy a ti como un sonámbulo
con los brazos extendidos en la sombra y el dolor...
¡Tú no sabes cuánto sufro! Cómo aumenta mi martirio
temblorosa y desolada, la caricia de tu voz.

¡Oh, el olvido! El fondo oscuro de la noche del olvido,
donde guardan los cipreses el sepulcro del Dolor!
Yo he buscado el fondo oscuro de la noche del olvido,
y la noche se poblaba con los ecos de tu voz...
Tomado de:

LA MUERTE DEL HEROE

Aún se estremece y se yergue y amenaza con su espada
cubre el pecho destrozado su rojo y mellado escudo
hunde en la sombra infinita su mirada
y en sus labios expirantes cesa el canto heroico y rudo.

Los dos Cuervos silenciosos ven de lejos su agonía
y al guerrero las sombras alas tienden
y la noche de sus alas, a los ojos del guerrero, resplandece como el día
y hacia el pálido horizonte reposado vuelo emprenden.

SOMBRA

¡Oh!, ¡Cuán fría está tu mano! ¿Ríes? ¿Por qué ríes?
Chocan tus dientes. Hay algo extraño en tus ojos. Tus miradas
hieren como dagas. Me hace daño tu risa,
me aterra el frío de tu mano descarnada:

¡Déjame huir! Ya la noche dolorosa nos rodeó
con el pavor de sus sombras... Hay un abismo a mis plantas.
Hay un clamor en el fondo del abismo. Las tinieblas
se aglomeran en los flancos hendidos de las montañas.

¡Oh, esta mano no es la tuya! ¿Por qué el frío de esta mano
penetra ya hasta mis huesos? ¿Por qué brilla una guadaña
sobre mi frente...? ¿No escuchas ese vago son que llega
suave y tenue, como el eco de una música lejana?
¡Oh, cuán triste es ese ritmo que suspira en mis oídos
y conduce hasta mis ojos la amargura de mis lágrimas!
¡Oh, cuán triste es ese ritmo! Déjame llorar. ¡Oh, déjame
arrodillarme! Mis labios sabrán quizá una plegaria.

Tengo frío. Tengo miedo. Esas sombras que se mueven
son espectros que en el borde del abismo se entrelazan...
No me arrastres... Tengo miedo... Tengo miedo del abismo.
Déjame huir... Ya la carne de mis huesos se separa...

¡Oh, ese espectro que a mí viene con los brazos extendidos
y que absorbe con sus ojos mis pupilas abrasadas!
Ya mis manos están yertas, ya están secas mis pupilas
y el gemido del abismo, frío y lúgubre me llama.

Vamos ya. ¿Ves como empuja desprendidos eslabones
hacia el fondo de la cima la cadena de fantasmas?
Vamos ya. Llévame‚. Siento que el latido de mis venas
se acompasa con el ritmo de la música lejana;
con el ritmo dulce y triste, que se mece en las tinieblas
y armoniza con mis pesos la caricia de sus alas,
como esquife
columpiando
de las ondas.
Suavemente... Lentamente,
por el blando
fugitivas
movimiento
que se extinguen
en la playa.
va ondulando en la penumbra,
en su danza tenebrosa la cadena de fantasmas...
Vamos ya para las entrañas de la noche y el espanto...
¡Oh, el amor! ¡Oh, la alegría! ¡Oh, la dicha!
¡Oh, la esperanza!
Tomado de:





miércoles, 4 de diciembre de 2019

POEMAS DE JOMI GARCÍA ASCOT


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(24 de marzo de 1927, Túnez, Túnez - 14 de agosto de 1986, Ciudad de México, México)



Un poema

Un poema es distancia
años, días, un tiempo indefinido
en el que fuimos algo, o dejamos de serlo.
Un brevísimo espejo, de repente,
como el abrir de una ventana
en cuyo vidrio desfila todo el cielo.
Una tarde imprecisa
como convalecer de otras infancias.
El ruido de los trenes, una estación lejana,
el frescor del armario en el verano,
un sabor de café bajo unas palmas.

Un poema es tocar con la garganta
el peso de las cosas, su palabra,
decir su sombra
un silencio de parque por el agua
un galope de velas por el alma.

Un poema es estar
volver a estar,
leve de instante,
donde el tiempo duraba
y no sabíamos.


POEMA DEL EXILIO

Hemos venido aquí, desde muy niños,
a esperar, y a vivir.
Llevamos en las manos muchos años
y el otoño en lejanos comedores
vastos de sobremesa y de presagios.
Llevamos en las manos luces amarillentas,
deberes escolares,
gestos que conocimos
como iglesias de pueblo,
y en jardines que el invierno alargaba
los pequeños amigos desterrados.
Llevamos trenes, viajes, estaciones de noche,
el olor del hollín y vidrios empañados
y nuestros padres, que eran ya tan mayores
y murieron tan jóvenes aquí.
Hemos venido así, desde muy lejos,
desde las Navidades, las vísperas de todo,
y llevamos lo lejos en el sabor de lápiz
de la boca.
Hemos venido aquí y hemos visto en el cielo
cómo suben las cosas por la luz,
este mundo que crece, los océanos.
Hemos subido aquí, sobre esta costa
que se abre en el azul,
los vientos grandes, los caballos del tiempo
que cruzan la mañana.
El destierro es lo inmenso, la llanura
donde rebota el sol, esta distancia
entre el pecho y el aire.
Y hoy miramos de aquí nuestra casa perdida
nuestra Europa lejana. Miramos por encima
como el balcón, como la nube blanca.
Ya es ancha nuestra vida,
ya cabe en la mirada
con el parque lejano, las manzanas.

“Lejana España, España
donde yacen las olas de mis horas
donde termina el arco
de mi cielo
donde brota el pulsar que hoy cruza el aire
empañado de mentas
donde nació esta tarde que aquí muere,
pálida y alta, donde habita el dolor
y este mi pecho.”

UN MODO DE DECIR

Escribir poesía es hablar de huecos y presencias,
de cosas que suceden
y de cierto color que da la vida
al cuerpo de la mañana o la madera.

Escribir poesía es un modo de decir
como ha pasado el tiempo por nosotros
y cual su sedimento de rumores
en ese olvido oscuro que llevamos por dentro
y donde despertamos cada noche
y escuchamos los trenes que se alejan.



Escribir poesía es haber visto, desde la cima de la infancia,
la esperanza que nos amanecía
y haber sentido ese sordo dolor entre los huesos
de que el amor es cosa que se pierde.

Y es muchas cosas más, tejidas en el tiempo,
tardes de lluvia o sol a bofetadas,
salas de espera y dunas y amores y hospitales,
cuerpos del ser, memoria de los vientos.

Escribir poesía es silencio y palabras,
un modo de decir que estamos existiendo
y que esperamos a que empiece la vida,
y que se nos acaba.
Tomado de:

Despedidas


Todas las despedidas llevan dentro
este mismo silencio
como un banco de hielo a la deriva.

Rodeados de aeropuertos, de calles a las doce,
de máquinas de escribir o ruidos de cubiertos,
gritos de vendedores, altavoces o timbres, teléfonos y niños
la pareja se mira en el mismo silencio
con que mañana se irá virtiendo el alba
por la cortina entreabierta,
con que, más tarde, verán aquella foto
o encontrarán un peine o una llave,
con que, por fin, escucharán ya noche
aquel concierto o el zumbido del elevador.

Todas las despedidas llevan dentro
el silencio absoluto de la muerte,
el eterno momento suspendido
en que, en cámara lenta,
vemos caer, infinitamente desgarrados,
una gota
o el saltador de garrocha
que
no
pasó
la
barra.


Los instantes del amor


Qué difícil pensar que esto es la vida,
estos instantes precarios
como un delgado hilo de humo
borrado por el viento,
esta breve, tan breve felicidad
que nos pasa rozando,
esta torpeza de no saber estar
con los seres que uno quiere
y no saber decir
y no saber callar
y perder nuestro tiempo
que es lo único que nos transcurre
y que al transcurrir también nos mata.
Qué difícil pensar que esto es todo
y que nada nos quedará
y que aquellos instantes del amor
tan sólo fueron eso: los instantes
en que creímos que el tiempo se paraba.

(Y se paraba,
en aquellos instantes
se paraba.)
Tomado de:

martes, 3 de diciembre de 2019

POEMAS DEL “INDIO NABORÍ” (JESÚS ORTA RUÍZ)


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El alud

Décima
Llegaste, viejo turista,
todo empolvado de olvido
y te ha rejuvenecido
tu verde y azul conquista.
Ebria se quedó tu vista
de ceibas y palmas reales;
y entre los cañaverales
para siempre has enterrado
tu recuerdo constelado
de balcones medievales.

La clave de lo eterno

Tiene forma de cráneo el firmamento
y todo está ordenado tan simétricamente,
tan familiar, que hay relaciones
entre la luna y la pleamar,
entre un grano de arena y un planeta lejano.
Las nebulosas
son el semen de Dios,
de donde nacen mundos;
y, de igual sustancia,
nacen la planta, el animal y el hombre.

Todo cohabita en tierra y cielo,
todo vence a la muerte
haciéndose el amor.

Décima

Llovizna, está gris el cielo,
En el aire, qué humedad,
Como si en la inmensidad
Alguien cepillara hielo.
Hilo elástico de vuelo
Recoge la tarde fría
En la gris melancolía
De un parque viejo y tristón
Donde los pájaros son
Racimos de melodía.

Has vendido tu ilusión
sin ver que el amor castiga
al viviente que no siga
la ruta del corazón.
Pobre quien de su pasión
la corriente no desata,
y fríamente, y barata
vende su luz a las nieblas.
Ya te verás en tinieblas
bajo lámparas de plata.
Un día, el más triste día
de la más plomiza calma,
cuando te busques el alma
te la encontrarás vacía.
Ya verás cómo te hastía
tu mentira de oropeles:
hallarás entre tus mieles
acíbar de pena muda
y te sentirás desnuda
envuelta en lujosas pieles.

A través de un olor

Décima
Donde en caballo de millo
jineteaba la ilusión.
En una Y griega del monte
y una piedra del camino
anda la muerte de un trino
registrando el horizonte.
¡Cómo me ha desalojado
la guardia rural del cielo!
¡En qué pozo tan profundo
se le cayó la sonrisa!

Madrigal de la neblina

No hay iris. Se difumina
el color de las violetas
y convivo con siluetas
en un mundo de neblina.
Una mujer me encamina
y de guijarros y abrojos
va librando mis pies flojos…

¡Ay, quién me diría que
los ojos que ayer canté
hoy fueran mis propios ojos!
Tomado de:


Desalojo íntimo
Décima

Compay, ¡qué triste está el río!
¡Cómo solloza la palma!
Para siempre murió el alma
del guateque en el bohío!
Aquella que en el bajío
endulzó mi amarga suerte,
un día se quedó inerte,
¡y yo no sé en qué carreta
se me fue por la secreta
guardarraya de la muerte!
Tomado de:


17 de abril


Felices carboneros de Zapata
que han hallado un tesoro en cada leño,
duermen, y el mar les acaricia el sueño
como una lira de zafiro y plata.

Brigadistas que alumbran como soles
los manglares oscuros de la mente
dormitan cual palomas, suavemente
al pie de sus cartillas y faroles.

Todo está en paz. El corazón espera
el claro amanecer de primavera,
rico en luz, en cantares y en fragancia,

cuando estallan su pólvora homicida
sembradores del hambre y la ignorancia,
enemigos del canto y de la vida.

El arte de las masas


Arte ¿donde tú estabas escondido?
Vivías como ahogado
en pequeños salones exclusivos,
en torres y palacios,
o más bien empolvado en un rincón,
hambriento, tiritando.
La danza, atada por los pies
en la sala del amo.
Cogida por los pelos, con traje de doméstica,
la musa del Teatro.
La Poesía, esquiva, penetrándose,
del horror humano,
o perseguida, huérfana, descalza
por los humildes barrios.
La Pintura moviendo sus pinceles
sólo en murales íntimos, cerrados,
o comiendo, infeliz, en la acuarela
por la falta de un plato.
Los coros, apagados, en silencio,
por los solistas de egoísmos bárbaros.
El pueblo en la prisión de la tristeza,
y en la prisión del oro, siempre el Canto.
Pero un día... ¡se rompen las cadenas!
y tú corres feliz hacia los brazos
de tu padre:
el Trabajo.
La Danza sin grilletes va risueña
por laboriosos escenarios.
La Poesía va fusil al hombro
con pantalones milicianos.
La Pintura se extiende por las fábricas,
por los talleres, por los campos.
Los coros se despiertan
con millones de timbres proletarios.
La musa del Teatro toca obreros
y le saltan actores de las manos.
¡Cómo has crecido, Arte,
cómo te asomas en los sindicatos,
cómo puedes hallar entre poleas
lo que no hallaste entre los nardos!
Yo sé que eres dichoso como nunca
porque desde que diste un hondo abrazo
al pueblo, has descubierto un Gran Artista
de asombroso tamaño.

Nochebuena sin puercos


(Sonetillo)

En noche libre, un congrí
basta para nochebuena.
¡Siempre será mejor cena
que la cena del mambí!

Sin embargo, para mí
habrá más en la alacena.
Menos el puerco. No hay pena:
la patria lo quiere así.

Lo triste no es, compañero,
que falte el manjar porcino:
lo triste es ser un cochino

con el yanqui de porquero,
hozando el fango mezquino
En el corral extranjero.
Tomado de:



lunes, 2 de diciembre de 2019

POEMAS DE JANINA DEGUTYTE

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(6 de julio de 1928, Kaunas - 8 de febrero de 1990, Vilna, Lituania)

Sin título # 13

No quiero estar escribiendo poemas.
No creas que hay alegría en eso. Es falso.
Me gustaría amasar pan o mecer a un bebé,
y llevar mi verano en palmas con arrugas durante
toda la temporada de corte de heno.

Y sin embargo, los vientos mecen las farolas esta noche,
y camino por los campos arados descalzos.
La vida es palpable, como una cicatriz,
y mis noches llenas de estrellas, rompiendo en palabras,
producen un rocío amargo.

Y es en palabras que viene la mañana fluyendo,
con las palomas recorriendo en voz alta mi repisa,
y un viento helado en otoño, donde ruge la costa;
Con un olor a menta del río y un rayo de sol que se
posa sobre tu hombro como un pájaro
Eso voló directamente a través del cristal de la ventana.

Y nada encajará con las palabras:
ni el grito reprimido de la medianoche negra,
ni los ásteres rojos y violetas recogidos al mediodía.
Todo lo que empujes en palabras se asentará en las venas,
tanto el hechizo vertiginoso como el sabor amargo.

Si llevo el pequeño puñado de nieve
que sumergí de una deriva como una rama de flores de cerezo,
no piense que es fácil de manejar.
No quiero escribir poemas,
pero el lápiz en mi mano vibra hasta el latido de mi corazón,
y no hay vuelta atrás.

SCHEHERAZADE


Las mil y una noches
de insidiosas demoras como serpientes. . .
Las mil y una noches
de prisiones y cuentos de hadas. -
Habla, Scheherazade. . . El sultán está escuchando.
Sus verdugos están cerca.
Hablar . . . Y mientras hablas, deja que tus palabras
desbloqueen las increíbles alturas del cielo.
Habla, Scheherazade. . . El sultán está escuchando.
El sultán está hambriento. Tu destino espera en suspenso.
¡No pares! Los verdugos se apresuran a obedecer.
Hay amargura en tu garganta y tu voz es tensa.
Pero debes hablar. . . Y con cada palabra temblorosa que dices de noche
, pagas por cada nuevo soplo de aire y por otra hora de vida,
Pagas tu fuerza y ​​tu impotencia
y todo lo que se puede perder o poseer.
Habla, Scheherazada. . . El sultán está hambriento.
Tus palabras fluyen lentamente como la sangre de una herida abierta.
Pero, oh, todavía no te rindas. . . porque la mil y la primera noche aún está lejos,
y el último puñado de arcilla aún no ha sido pagado.

EN RITMOS DE JAZZ


Esta inquietud sin nombre nosotros y nos supera en unidades y corremos fuera de casa en el pensamiento o en trenes o aviones y que se derrame en las calles y hoteles de relleno y cafeterías O ingrese a cabo en una balsa a solas - para hacer frente a los mares.
  

  

  

  

Nuestros ojos tienen ciega ha ido desde el deslumbramiento inteligente de los números y las miradas de cohetes, nuestros oídos son sordos de las palabras de altavoces y flautas en las esferas, - aturdido y todavía nos degustar desde un lado de la fuerte semilla del cáñamo.
  

  

  
  

Nuestras espinas son suaves, pero nos resulta difícil escondernos detrás de las paredes de concreto y vidrio y nos deslizamos hacia arriba y hacia abajo en las escaleras de caracol Hasta que un día nos enfrentaremos a nosotros mismos. Deseamos ser como dioses en el primer día del mundo.
  
   Traducido por MG Slavėnas

ESTUDIO EN CRISTAL


Los campos lluviosos están vidriados de hielo.
La tierra se ha convertido en cristal. ¿Qué pasa si se rompe
bajo el frío y vidrioso cielo?

Esta mañana de invierno es tan filosa y clara
como el cristal quebrado
punzando el interior de la mano que aferra.

Mira,
debajo de tu piel
la sangre y el deseo fluyen,
una nube de rojo.

La tierra y su gente


Para nosotros, eres tan indispensable como el pan,
un pozo azul celeste de vida interminable,
un refugio construido con troncos de abedul o ciprés,
una madre y un niño para nosotros.
Y a menudo te besamos y te maldecimos.
Somos tan despiadados
       y amables contigo ...
Somos tu polvo, somos tu alma y tu cuerpo
Con todas las huellas del siglo XX.
Somos tu alegría viviente, tu tristeza viviente,
Somos tu honor, también tu desgracia ...
Envuelto en un velo de flor de manzana
Y cargado con una carga de pan y miel
Estás volando hacia el Sol que no puedes alcanzar
Pero lo que es para ser alcanzados por nosotros -
        tu polvo inquieto, tu alma ...
... Tú, Tierra, eres una canción eterna
        y misterio para nosotros ...


Intermezzo


Estoy abierto de par en par, hasta el último nervio,
abierto al último pensamiento oculto.
No como una herida,
como los labios estirados hacia el sol,
el amor y la muerte de Twixt se tensaron.

Estoy completamente abierto, hasta el último nervio,
en el fondo de una corriente viva.
El aire fluye a través de mí como la savia de los abedules.
El sol de pleno verano, el zumbido de las abejas
Fluye a través de mí, zumba y brilla.

Atrapado en una corriente viva, soy
yo. No pregunto dónde fluirá.
Solo me aferro a las sombras de los árboles,
con cantos de pájaros colgados del pie a la frente.

La corriente está llena de luz vibrante ...
No pregunto dónde fluirá.
La corriente está llena de luz vibrante ...
Cielo, hierba, que fluye rápido, más allá de mí,
La luz del sol de verano, abedul ir ...
¿Quién soy yo en este flujo intemporal?

Estoy abierto de par en par, hasta el último nervio,
abierto al último pensamiento oculto ...

   Tomado de:

LAMENTO


Le
pregunté a los ríos : ¿ dónde estás? Le pregunté a las nubes dónde estás, -

Y los ríos dijeron que no estás en esta tierra,
y las nubes respondieron que no estás en los cielos.

¿Quién peinará ahora mi cabello largo?
¿Quién me romperá un panal amarillo?

Los campos de la mañana están fríos y doloridos.
Mis manos están calientes y vacías por la noche. . .

¡Dime la flor en la que nacerás!
¡Dime el viento en el que cobrarás vida!


EL ÁRBOL DE PERA


En el jardín de mi padre, un árbol de pera florece y se convierte en una montaña de nieve.
  

Y contra él , pequeño y seguro, como un nido protegido, apoya la vieja casa gris.
  

Bajo el techo gastado Nuestro pan de cada día se comparte Y la verdad : el pan está caliente
  

Y la casa se llena de luz: a través de una ventana fluye la luna, a través de la otra las estrellas miran.
  

ANTÍGONA


Adiós, mi novio, nunca te he besado.
Adiós, hijo mío, que nunca fue.
El amor me trajo aquí y el amor me mostrará. . .
En manos temblorosas, el aleteo de una ráfaga matutina cautiva.
Pero vendré otra vez.
        Mil veces.
Al otro lado de la arena del desierto, la arcilla empapada por la lluvia,                 las firesites, - voy a estar de vuelta. Enterrar hermanos en la oscuridad de la noche. Vendré descalzo. Estaré desarmado, con las manos vacías. La ley que me llama está por encima de todas las leyes. Y si - me maldicen, o me ignoran, o tienen sus cortes condenarme por milésima vez, -
      
     

No seré condenado.

Y vendré otra vez y los perseguiré mientras camino por el campo de batalla por la noche , esta corteza salada , en la que entierro a los hermanos , en blanco y negro. La sombra de un tirano se cierne pesadamente sobre tierra y mar Y los nombres de los esclavos se queman en nuestras caras con la marca de la vergüenza. - Y así, debo volver. Mil veces. Para respirar la oscuridad en la que está consagrado tu cuerpo. Para sostener tu cabeza indefensa. Para colocar la cuchilla contra tu costado. Condenado mil veces. Tu hermana. Tu Antígona
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