martes, 5 de mayo de 2026

POEMAS DE EDUARDO MITRE -DESDE BOLIVIA-


Con la lengua

 

Deseo escribir una loa

en honor de tu sexo:

Nido oculto entre la fronda

y las lomas de tu cuerpo.

 

Abro el Diccionario

de la Lengua Española.

Suavemente mis dedos

separan sus sabias hojas.

 

Leo, releo y, tras una pausa,

transcribo al pie de la letra:

Adufa: plancha, compuerta

para cortar el paso del agua.

 

Corola: segundo verticilo

de las flores completas...

Brasa: carbón encendido,

rojo por la total incandescencia...

 

Salto, chispeante, a la zeta:

Zaguán: espacio cubierto

situado dentro de una casa,

y que sirve de entrada a ella...

 

De "De Seca en Meca"

 

 

Escritura

 

Dejar caer una por una

todas las máscaras

hasta la soledad desnuda

frente al tiempo sin cara.

 

Buscar en el silencio

donde manan las palabras

su ofendida inocencia,

su vocación de alianza.

 

Fijar su gracia elocuente

como el fuego y el agua.

Y atravesarlas como un puente

en un cuerpo y un alma.

 

De "Líneas de Otoño"

 

 

Húmeda llama

1

Tu desnudez expuesta

entera

como el pan en la mesa.

 

2

Beso a beso,

caricia a caricia, se dora

al sol del deseo.

 

3

Llama que moja y quema,

llama que llama:

tu lengua.

 

4

Arqueros enardecidos

disparan sus flechas

los cinco sentidos.

 

5

Entre tus piernas el blanco:

carbón de sangre

corazón de la hoguera.

 

6

Doble latido y un solo ritmo.

Como la vida y la muerte

al principio.

 

7

Caracol del oído:

el oleaje de los suspiros

y la marea de los ayes

y los Dios mío.

 

8

La mirada se pierde.

Salivan las sílabas.

Las pupilas ascienden

hacia alta caída.

 

9

/\

\/

 

10

Memoria del vértigo:

hacia adentro el quejido

y tus ojos abiertos

enceguecidos.

 

11

Zumbido de abeja:

el silencio

de vuelta

sin haberse ido.

 

12

Te descubro a mi lado

todavía temblando

como recién rescatada

de un naufragio.

O de un incendio.

 

13

y tienen de nuevo sed

de nombrar los labios:

la almohada, tu cabellera,

una pared de ladrillos,

un trozo de cielo: tribus

con rumbo desconocido.

 

14

Cruzan el aire -ya quieto-

tu nombre y el mío.

A recordarnos han vuelto,

a recrearnos los mismos.

 

15

Sobre el tiempo intacto

nuestros cuerpos tendidos,

expuestos al vacío,

melancólicamente plenos.

 

De "Líneas de Otoño"

 

 

La ausente

 

Emigran los pájaros

pero se quedan

el árbol y el tiempo.

 

Tengo miedo.

 

Hay mucha trampa

y poca luz

en el recuerdo.

 

Tengo miedo.

 

Qué pena, amor,

que tu presencia

dependa tanto de tu cuerpo.

 

De "Líneas de Otoño"

 

 

 

Líneas de otoño

 

                                                           A Oscar Vega

 

1

Luz líquida de otoño:

en la copa de los árboles

beben los ojos.

 

2

No pasa el verano, no.

Arde, eso sí

y en mil ascuas.

                                  (El otoño

es su húmeda llama).

Del verde

                         al amarillo

                                                         al rojo

arde como el alcohol,

como la vida de Rimbaud,

como el cuerpo

cambiante

                          de la pasión.

 

3

Pasa el viento

como siempre pasa en el otoño:

haciendo caer las hojas.

Y en cada rama brota

la transparencia del invierno.

 

4

Me observan curiosos

desde la misma rama

la ardilla y el tordo.

 

5

El cuarto de hotel.

En la ventana el jilguero

también de paso.

 

6

Lección del otoño:

¿asirse a la tierra

o desprenderse de todo?

 

7

Árboles desnudos:

hojas las alas

y los pájaros frutos.

 

8

Los versos de Wang Wei,

desgajo uno,

lo injerto y prende bien:

otoño corto: el crepúsculo.

 

9

Hormiguero de astros.

Sola

               la luna

con fulgor prestado.

Pero no importa.

             Ya lo dijo

Antonio Porcchia:

nadie -ni aun el sol-

es la luz de sí mismo.

 

10

El invierno a la puerta.

El vino. La amistad

de los amigos

distantes o muertos.

Digo sus nombres:

oigo sus voces.

 

11

Los niños de Somalia.

Muda se quedará la página

ya oscuras mi casa

si no salto a otra línea.

 

12

El fresno

silencio de pie

el silencio

 

13

Se agita -barca su cuerpo-

mi mujer dormida.

¿El viento en su sueño?

 

14

La luz de la lámpara.

El poema:

                          árbol de las palabras.

Contigo

                          hablarán del otoño

si tu voz las despierta

si las palpan tus ojos.

 

De "Líneas de Otoño"

 

 

Prólogo al presente

 

Abre los ojos. Despierta.

El Paraíso está aquí,

de vuelta.

Con todos y todo

en la luz pasajera.

 

Es (no hay otro) esta tierra:

mesa de encuentros,

cuna de ausencias.

 

El Paraíso está aquí,

a la espera. Abre tus ojos

que abren sus puertas.

 

Despierta. Está aquí.

No es la dicha.

Es la presencia.

 

De "Líneas de Otoño"

 

 

Reencuentro

 

                                                                   in memoriam

                                    Marcelo Quiroga Santa Cruz

 

Entré en el bosque,

                                       a su pleno corazón

de silencio y luz inmóvil.

Con voz queda dije

tu nombre y otros nombres

como quien escribe

                                          en el aire

para memoria de los árboles.

Mas no movió ninguna hoja

el álamo ni el roble.

Ni una sola rama el sauce.

Igual de indiferentes

pasaron

                  (felices en su vuelo)

un mirlo y dos gorriones.

De pronto

                          el viento mago

sacudió nubes y follajes:

se encendió el relámpago

y entré en la lluvia

                                        contigo y los ausentes.

 

De "Líneas de Otoño"

 

 

Sonata

 

Ojos que descubren

la voz de las cosas.

 

Oídos que escuchan

el paso de las rosas.

 

Olfato que todo lo funde

en un solo aroma.

 

Lengua que añora

el sabor de otra.

 

Cuerpo la ausencia

que padece los cuatro

 

sentidos que la transportan.

Cuerpo que apenas goza.

 

Le falta el tacto.

Le sobra memoria.

Tomado de:

http://amediavoz.com/mitre.htm

 

 

INDAGACIÓN

 

mom semblable, mon frére.

(Baudelaire)

 

De qué herida vendrá el que te hiere.

Así, tan de filo, lujosamente.

 

De cuánta hambre o sed.

De qué adolescencia

humillada. De qué niñez

a golpes enterrada.

 

De qué piel perdida

o inútilmente deseada.

De qué desnudez

cortante como navaja.

 

De qué herida reciente

o lejana. De qué roto sueño.

De qué pronta muerte.

De qué primer muerto.

 

De qué, de quién vendrá a herirte

como si fueras un dios;

tú, tantas veces herido,

y tantas -como él- heridor.

 

 

AEROPUERTOS

 

Entre partida y llegada

somos

las dos caras de Jano.

 

Vemos unos ojos

con lágrimas (atrás

en la anochecida

distancia) y vamos

 

hacia otros

suspendidos al alba

por el fértil asombro

de la mirada.

 

 

ZONA DE EMBARQUE

 

Se angosta el paisaje

al filo de los pasos.

Huele a paraje

el amplio espacio.

 

Se pisa una calzada

de luces y sombras

donde duda la mirada

y tropieza la memoria.

 

Es la zona de embarque

en el aeropuerto del tiempo.

Cada cuerpo es el pasajero,

la nave y el equipaje.

 

Y aguardábamos las señales,

inquietos, sin saber

si llamarán para emprender

o cancelar el viaje.

Tomado de:

https://ciudadsiglocero.wordpress.com/2025/07/09/poemas-de-eduardo-mitre/

 

 

MORAL DE VAN GOGH

 

El blanco que sube como el humo

y baja a saltos de conejo,

y ese azul tan sólo tuyo

más abismo que de cielo.

 

Y al centro:

Brasa que nube,

zarza que mora en la llama:

tu moral de fuego.

 

Mirarlo

no es sólo verlo: es oír

un crepitar de miradas

hasta tiznarse la cara

de silencio.

 

Apóstol del sol

fundido en tu cerebro,

peregrino de la pasión,

herrero del amarillo, dime:

 

Cómo plantar en la página

como tú en el lienzo

el árbol de la palabra,

su follaje de sonidos

podado ya de fantasmas

pleno de nombres vivos

entre la luz y el viento

palpables como un erizo.

 

EL ÁRBOL

 

Hoy derribaron al árbol

que nos acompañó tantos años.

Sin más venda que una nube

la herida azul del espacio.

 

Palabra a palabra,

hoja por hoja,

vuelvo a plantarlo

en el huerto de la memoria.

 

Pero en vano.

 

No pasa el viento por su follaje

o pasa sin tocarlo.

 

No dora la luz sus hojas

ni en sus ramas

se posan los pájaros.

 

Ya pura imagen el árbol

sin fruto ni canto.

 

Como la realidad rugosa

hambre de sueños

sed de su sombra

padece mi cuerpo.

 

Alzo los ojos y sólo veo

un incendio de alas.

 

Y al fondo:

el sol sediento

errando sin raíz en su desierto.

Tomado de:

https://ciudadsiglocero.wordpress.com/2026/03/21/poemas-de-eduardo-mitre-2/

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