Con la lengua
Deseo escribir una loa
en honor de tu sexo:
Nido oculto entre la fronda
y las lomas de tu cuerpo.
Abro el Diccionario
de la Lengua Española.
Suavemente mis dedos
separan sus sabias hojas.
Leo, releo y, tras una pausa,
transcribo al pie de la letra:
Adufa: plancha, compuerta
para cortar el paso del agua.
Corola: segundo verticilo
de las flores completas...
Brasa: carbón encendido,
rojo por la total incandescencia...
Salto, chispeante, a la zeta:
Zaguán: espacio cubierto
situado dentro de una casa,
y que sirve de entrada a ella...
De "De Seca en
Meca"
Escritura
Dejar caer una por una
todas las máscaras
hasta la soledad desnuda
frente al tiempo sin cara.
Buscar en el silencio
donde manan las palabras
su ofendida inocencia,
su vocación de alianza.
Fijar su gracia elocuente
como el fuego y el agua.
Y atravesarlas como un puente
en un cuerpo y un alma.
De "Líneas de Otoño"
Húmeda llama
1
Tu desnudez expuesta
entera
como el pan en la mesa.
2
Beso a beso,
caricia a caricia, se dora
al sol del deseo.
3
Llama que moja y quema,
llama que llama:
tu lengua.
4
Arqueros enardecidos
disparan sus flechas
los cinco sentidos.
5
Entre tus piernas el blanco:
carbón de sangre
corazón de la hoguera.
6
Doble latido y un solo ritmo.
Como la vida y la muerte
al principio.
7
Caracol del oído:
el oleaje de los suspiros
y la marea de los ayes
y los Dios mío.
8
La mirada se pierde.
Salivan las sílabas.
Las pupilas ascienden
hacia alta caída.
9
/\
\/
10
Memoria del vértigo:
hacia adentro el quejido
y tus ojos abiertos
enceguecidos.
11
Zumbido de abeja:
el silencio
de vuelta
sin haberse ido.
12
Te descubro a mi lado
todavía temblando
como recién rescatada
de un naufragio.
O de un incendio.
13
y tienen de nuevo sed
de nombrar los labios:
la almohada, tu cabellera,
una pared de ladrillos,
un trozo de cielo: tribus
con rumbo desconocido.
14
Cruzan el aire -ya quieto-
tu nombre y el mío.
A recordarnos han vuelto,
a recrearnos los mismos.
15
Sobre el tiempo intacto
nuestros cuerpos tendidos,
expuestos al vacío,
melancólicamente plenos.
De "Líneas de
Otoño"
La ausente
Emigran los pájaros
pero se quedan
el árbol y el tiempo.
Tengo miedo.
Hay mucha trampa
y poca luz
en el recuerdo.
Tengo miedo.
Qué pena, amor,
que tu presencia
dependa tanto de tu cuerpo.
De "Líneas de
Otoño"
Líneas de otoño
A Oscar Vega
1
Luz líquida de otoño:
en la copa de los árboles
beben los ojos.
2
No pasa el verano, no.
Arde, eso sí
y en mil ascuas.
(El otoño
es su húmeda llama).
Del verde
al amarillo
al rojo
arde como el alcohol,
como la vida de Rimbaud,
como el cuerpo
cambiante
de la pasión.
3
Pasa el viento
como siempre pasa en el otoño:
haciendo caer las hojas.
Y en cada rama brota
la transparencia del invierno.
4
Me observan curiosos
desde la misma rama
la ardilla y el tordo.
5
El cuarto de hotel.
En la ventana el jilguero
también de paso.
6
Lección del otoño:
¿asirse a la tierra
o desprenderse de todo?
7
Árboles desnudos:
hojas las alas
y los pájaros frutos.
8
Los versos de Wang Wei,
desgajo uno,
lo injerto y prende bien:
otoño corto: el crepúsculo.
9
Hormiguero de astros.
Sola
la
luna
con fulgor prestado.
Pero no importa.
Ya
lo dijo
Antonio Porcchia:
nadie -ni aun el sol-
es la luz de sí mismo.
10
El invierno a la puerta.
El vino. La amistad
de los amigos
distantes o muertos.
Digo sus nombres:
oigo sus voces.
11
Los niños de Somalia.
Muda se quedará la página
ya oscuras mi casa
si no salto a otra línea.
12
El fresno
silencio de pie
el silencio
13
Se agita -barca su cuerpo-
mi mujer dormida.
¿El viento en su sueño?
14
La luz de la lámpara.
El poema:
árbol de las
palabras.
Contigo
hablarán del otoño
si tu voz las despierta
si las palpan tus ojos.
De "Líneas de
Otoño"
Prólogo al presente
Abre los ojos. Despierta.
El Paraíso está aquí,
de vuelta.
Con todos y todo
en la luz pasajera.
Es (no hay otro) esta tierra:
mesa de encuentros,
cuna de ausencias.
El Paraíso está aquí,
a la espera. Abre tus ojos
que abren sus puertas.
Despierta. Está aquí.
No es la dicha.
Es la presencia.
De "Líneas de Otoño"
Reencuentro
in memoriam
Marcelo
Quiroga Santa Cruz
Entré en el bosque,
a su
pleno corazón
de silencio y luz inmóvil.
Con voz queda dije
tu nombre y otros nombres
como quien escribe
en el
aire
para memoria de los árboles.
Mas no movió ninguna hoja
el álamo ni el roble.
Ni una sola rama el sauce.
Igual de indiferentes
pasaron
(felices en su vuelo)
un mirlo y dos gorriones.
De pronto
el viento mago
sacudió nubes y follajes:
se encendió el relámpago
y entré en la lluvia
contigo
y los ausentes.
De "Líneas de Otoño"
Sonata
Ojos que descubren
la voz de las cosas.
Oídos que escuchan
el paso de las rosas.
Olfato que todo lo funde
en un solo aroma.
Lengua que añora
el sabor de otra.
Cuerpo la ausencia
que padece los cuatro
sentidos que la transportan.
Cuerpo que apenas goza.
Le falta el tacto.
Le sobra memoria.
Tomado de:
http://amediavoz.com/mitre.htm
INDAGACIÓN
mom semblable, mon frére.
(Baudelaire)
De qué herida vendrá el que te hiere.
Así, tan de filo, lujosamente.
De cuánta hambre o sed.
De qué adolescencia
humillada. De qué niñez
a golpes enterrada.
De qué piel perdida
o inútilmente deseada.
De qué desnudez
cortante como navaja.
De qué herida reciente
o lejana. De qué roto sueño.
De qué pronta muerte.
De qué primer muerto.
De qué, de quién vendrá a herirte
como si fueras un dios;
tú, tantas veces herido,
y tantas -como él- heridor.
AEROPUERTOS
Entre partida y llegada
somos
las dos caras de Jano.
Vemos unos ojos
con lágrimas (atrás
en la anochecida
distancia) y vamos
hacia otros
suspendidos al alba
por el fértil asombro
de la mirada.
ZONA DE EMBARQUE
Se angosta el paisaje
al filo de los pasos.
Huele a paraje
el amplio espacio.
Se pisa una calzada
de luces y sombras
donde duda la mirada
y tropieza la memoria.
Es la zona de embarque
en el aeropuerto del tiempo.
Cada cuerpo es el pasajero,
la nave y el equipaje.
Y aguardábamos las señales,
inquietos, sin saber
si llamarán para emprender
o cancelar el viaje.
Tomado de:
https://ciudadsiglocero.wordpress.com/2025/07/09/poemas-de-eduardo-mitre/
MORAL DE VAN GOGH
El blanco que sube como el humo
y baja a saltos de conejo,
y ese azul tan sólo tuyo
más abismo que de cielo.
Y al centro:
Brasa que nube,
zarza que mora en la llama:
tu moral de fuego.
Mirarlo
no es sólo verlo: es oír
un crepitar de miradas
hasta tiznarse la cara
de silencio.
Apóstol del sol
fundido en tu cerebro,
peregrino de la pasión,
herrero del amarillo, dime:
Cómo plantar en la página
como tú en el lienzo
el árbol de la palabra,
su follaje de sonidos
podado ya de fantasmas
pleno de nombres vivos
entre la luz y el viento
palpables como un erizo.
EL ÁRBOL
Hoy derribaron al árbol
que nos acompañó tantos años.
Sin más venda que una nube
la herida azul del espacio.
Palabra a palabra,
hoja por hoja,
vuelvo a plantarlo
en el huerto de la memoria.
Pero en vano.
No pasa el viento por su follaje
o pasa sin tocarlo.
No dora la luz sus hojas
ni en sus ramas
se posan los pájaros.
Ya pura imagen el árbol
sin fruto ni canto.
Como la realidad rugosa
hambre de sueños
sed de su sombra
padece mi cuerpo.
Alzo los ojos y sólo veo
un incendio de alas.
Y al fondo:
el sol sediento
errando sin raíz en su desierto.
Tomado de:
https://ciudadsiglocero.wordpress.com/2026/03/21/poemas-de-eduardo-mitre-2/

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