No hay cicatriz, por brutal que parezca,
que no encierre belleza.
Una historia puntual se cuenta en ella,
algún dolor. Pero también su fin.
Las cicatrices, pues, son las costuras
de la memoria,
un remate imperfecto que nos sana
dañándonos. La forma
que el tiempo encuentra
de que nunca olvidemos las heridas.

CANCIÓN

Nunca fue tan hermosa la mentira
como en tu boca, en medio
de pequeñas verdades banales
que eran todo
tu mundo que yo amaba,
mentira desprendida
sin afanes, cayendo
como lluvia,
sobre la oscura tierra desolada.
Nunca tan dulce fue la mentirosa
palabra enamorada apenas dicha,
ni tan altos los sueños
ni tan fiero
el fuego esplendoroso que sembrara.
Nunca, tampoco,
tanto dolor se amotinó de golpe,
ni tan herida estuvo la esperanza.

CONFESIÓN

Para tus ojos
quisiera yo beber el agua dulce azogue,
y amanecer cubierta de polvos de metales
como una joven faraona muerta.
Robarle su color a los almendros,
y hundiéndome en el lodo feroz de los pantanos
lustrar mi desnudez
para tus ojos.
Recuperar la luz de las espadas
y hacerla batallar en mis pupilas.
Tornarme espléndida
como una esclava etrusca cuya cabeza calva
perturba el sueño de los mercaderes,
como iracunda araña al sol del mediodía,
como la dentadura feroz de los guerreros,
como el líquido
despertar matutino de las dianas.
(Pero todo esto no es sino literatura
y debo resignarme a sonreírte
sin existir, quizá para tus ojos).

SEÑALES

La luna brilla con ese furor ciego
que es señal inequívoca
de que ha llegado el tiempo fértil del sacrificio.
Huele a la piel rayada de los tigres,
a orquídea que se abre,
al humus que comienza a oscurecer la lluvia.
En un sueño de ríos y serpientes
naufraga la muchacha envuelta en llanto
y sus pechos recientes se estremecen
con un temblor antes desconocido.
La muñeca que abraza tiene los ojos muertos.
Y el ángel de la guarda
marca una cruz con sangre sobre sus muslos blancos.

TU NOMBRE

Cuando el dolor ha triturado ya el último hueso de mi noche 
y sólo habla el silencio al corazón insomne que hila 
y deshila penas y memorias 
viene tu nombre hasta mi cuarto a oscuras. 
Con un galope seco viene tu nombre abriendo 
un camino entre nieblas 
instaurando sus voces sus redobles 
sus erres que retumban como un grito de guerra 
su bronco acento de campana rota. 
Tu nombre es tantas cosas: 
el recuerdo de un barco que viene de ultramar y sus tercos 
marinos 
el fuego entre la piedra 
gota roja 
que va tiñendo la pared del alba. 
En él puede escucharse la voz de los que creen 
con mística implacable y fe colérica. 
Pero es también dulzura tu nombre 
muro blanco donde mi mano traza los signos del sosiego 
lugar donde recuesto mi cabeza. 
Entre tu nombre y tú sin embargo un silencio 
una grieta nocturna donde anidan los pájaros.



Llamado


                                                                  Variaciones en torno
                                                                  a un poema de Dylan Thomas

Al escuchar tu voz nocturna, padre,
—tu voz de amante navegando en sus mares de zozobra—
yo descendí del más hondo silencio
y me hice llanto.
Una llama violeta le dio vida a mi médula,
y mi nada de viento se posó como un pájaro
en las pupilas rubias de mi madre.
A tu llamado
(que era roto tremor, ciego buceo,
roja batalla enfebrecida)
yo descendí vertiginoso y lúgubre
como un hombre con sed que bebe un agua amarga.
Traje del frío sideral
la luz fosforescente que hace brillar mis huesos.
Y del oscuro magma brotó una flor quemante:
mi corazón, donde ya había miedo.
Quise ser sordo
seguir siendo gota
del furioso torrente donde no habita el tiempo.
Pero tu voz subía,
como una lluvia inversa tu voz subía a buscarme
hasta mi oscuro centro aún sin nombre,
hasta el umbral de sombra donde era luz mi madre.



Nocturno


Mi noche es como un valle reluciente de huesos.
La piel, arena, sílice. Los labios, agrietados.
Una cruz de ceniza sobre el vientre desnudo.
Héme aquí entre malezas, en medio de rastrojos,
muerta de cara al techo de la alcoba,
con la luna bailando en la pupila
y el corazón como una libre herida
que persiste en vivir. Quizá algún día
me despierte el zumbido de su vuelo
sobre mis ojos, sobre mi garganta,
y reverbere el cuerpo, luminoso,
como un mar que cantando alza sus olas.



La cicatriz en el espejo


Empotrado en la noche de la alcoba
el espejo
tiene la lucidez de los oráculos.
Sobre la superficie de su luna
la muchacha desnuda
va escribiendo los signos del deseo.
Abre a sus aguas duras los muslos, y en la sombra
del reflejo se busca, sorprendida.
Sobre el seno, como un pequeño oprobio,
brilla una cicatriz. Y pareciera
que en su mórbida carne adolescente
la muerte hubiera dado su primer dentellada.



Éxodo


Tantas cosas han sido y han pasado.

Como viejas palomas mal heridas,
llenas de costras, de lastimaduras,
las paredes de cal donde el tiempo agoniza.

Y va la soledad pegada al viento.

De tarde en tarde un eco de caballos,
un viajero que llora o el luto en los postigos.

Otra vez, otra vez y treinta años
ha recostado el hombre su taburete a la puerta
y sueña el viejo sueño
ya de tanto soñar descolorido.

Cuentan los viejos
que de noche se llenan de rezos los caminos.
No hay polvo en ellos.
Sólo el sol de las cinco en los balcones
y entre los huesos el olor del humo.

De tarde en tarde un eco de caballos,
una mujer que canta, la muerte de algún niño.
¿Y cómo no llorar con la joven maestra
que sale una mañana del dentista
y no quiere reír porque los niños
no podrán olvidar su roja herida?

En el fondo del parque
el viejo capitán mastica su locura
y hace girar al viento su astillado paraguas.

El diablo de la pila tiene musgo en las ingles
y el viento ha detenido su carrera.

Tan pocos quedan ya, tantos se han ido.



El hilo de los días


Han amarrado trapos rojos en los bombillos,
y el mundo todo ardido está de fiebre púrpura,
de paños en la frente, de pesadillas
que rechinan sus dientes
en el silencio ciego de la una.
El corredor se alarga, se alarga eternamente, se multiplica
debajo de los menudos pies. Qué habrá allá lejos,
allá donde parece que agitara la brisa una llamita,
allá, cruzando el mar de sombras y de miedo.



Más tarde será tarde


¿O siempre ha sido tarde, amor, aunque nos dieron todo,
el tiempo y el lugar y esta furia de alas?
Siglos y siglos y cualquiera diría
que han venido a encontrarnos paralelas las horas.
¿Pero cómo se explica que sean las cinco y cinco en tu reloj
y el sol queme las lilas que encienden tu terraza
y en cambio
sean las cinco y cinco en mi agonía
y vaya dando tumbos, tropezando,
hiriéndome en lo oscuro?
Desde la ventanilla del tren yo me despido
y tú eres el que viaja. Y cuando llegas tú hasta mi estación
llueve y no hay nadie.
Habría que parar, amor, todos los trenes
y volver a citarse.
Recuerda: en mi cuerpo batallan
la luz que le impusieron tus oficios de brujo
y la sombra que sueña la muerte entre mi sangre.
Más tarde, te lo digo, será tarde.

Abismos


Porque eres ave que girando en rebeldía
desafía la bruma
                                     la ardua noche
haciéndola más honda y más oscura
y más inmenso el mar
                                     porque eres nave y náufrago a la vez
                                     sin velas y sin anclas
                                     solitario
                                     profanador de todos los confines
potro de sombras desbocado y dulce
para la libertad
                                     y el cielo galopante
hecho de vientos y hecho de huracanes
y sin embargo calmo como el agua
de misteriosos y profundos lagos
                                     porque extraviado pero indiferente
                                     como un rey agraviado deambulas
                                     por los caminos de un imperio en ruinas
                                     porque eres un reloj sin manecillas
                                     un bello loto sobre los pantanos
porque te vi sonriendo en tus orillas
                    cayendo voy
                    errática y ardida
en tus oscuros mundos abismales.

"Círculo y Ceniza"



Ahora


                                                                                          Me has enseñado a respirar
                                                                                                                        Juan Gelman


Porque ahora paso mi mano sobe el envés de las hojas y sé leer su alfabeto
y si cierro los ojos oigo correr un río y es tu voz que despierta

porque mi cuerpo comienza ahora en ti y acaba más allá de la lluvia
donde alcanzan tus brazos y el miedo acuartelado no vigila

y sé llamar las cosas
de modo que éstas salten se desnuden
y todo sea reciente
para mis ojos que aman en tus ojos

porque en mi llanto crecen blandas plantas carnívoras
y mi sangre palpita como una iguana abierta

porque ahora mi cuerpo recupera sus partes
y nace una piel nueva que derrota el verano

porque me has enseñado a respirar.

 




Ahora que ya no soy más joven


Ahora que ya remonto la mitad del camino de mi vida,
yo que siempre me apené de las gentes mayores,
yo, que soy eterna pues he muerto cien veces, de tedio, de agonía,
y que alargo mis brazos al sol en las mañanas y me arrullo
en las noches y me canto canciones para espantar el miedo,
¿qué haré con esta sombra que comienza a vestirme
y a despojarme sin remordimientos?
¿Qué haré con el confuso y turbio río que no encuentra su mar,
con tanto día y tanto aniversario, con tanta juventud a las espaldas,
si aún no he nacido, si aún hoy me cabe
un mundo entero en el costado izquierdo?
¿Qué hacer ahora que ya no soy más joven
si todavía no te he conocido?




Armonía


Oye cómo se aman los tigres
y se llena la selva con sus hondos jadeos
y se rompe la noche con sus fieros relámpagos.
Mira cómo giran los astros en la eterna
danza de la armonía y su silencio
se puebla de susurros vegetales.
Huele la espesa miel que destilan los árboles,
la leche oscura que sus hojas exudan.
El universo entero se trenza y destrenza
en infinitas cópulas secretas.
Sabias geometrías entrelazan las formas
de dulces caracoles y de ingratas serpientes.
En el mar hay un canto de sirenas.
Toca mi piel,
temblorosa de ti y expuesta a las espinas,
antes que el ritmo de mi sangre calle,
antes de que regrese al agua y a la tierra.

"Círculo y Ceniza"



Asedio


                         "Si te ponen miedo mis ojos ausentes, mis ojos noctámbulos,
                                                                                                          mis ojos dementes..."
                                                                                                                        León de Greiff


No me culpes.
Por rondar tu casa como una pantera
y husmear en la tierra tus pisadas.
Por traspasar tus muros,
por abrir agujeros para verte soñar.
Por preparar mis filtros vestida de hechichera,
por recordar tus ojos de hielo mientras guardo
entre mis ropas un punzón de acero.
Por abrir trampas
y clavar cuchillos en todos tus caminos.
Por salir en la noche a la montaña
para gritar tu nombre
y por manchar con él los blancos paredones
de las iglesias y los hospitales.
Hay en mí una paloma
que entristece la noche con su arrullo.
Mi noche de blasfemias y de lágrimas.

"Círculo y Ceniza"

 


Canción


Nunca fue tan hermosa la mentira
como en tu boca, en medio
de pequeñas verdades banales
que eran todo
tu mundo que yo amaba,
mentira desprendida
sin afanes, cayendo
como lluvia
sobre la oscura tierra desolada.
Nunca tan dulce fue la mentirosa
palabra enamorada apenas dicha,
ni tan altos los sueños
ni tan fiero
el fuego esplendoroso que sembrara.
Nunca, tampoco,
tanto dolor se amotinó de golpe,
ni tan herida estuvo la esperanza.

"Círculo y Ceniza"




Canción del sodomita


                                                      Habrá una grandísima peste...
                                                                                              Éxodo, 9,3.


Han izado el amor. Lo están clavando
coronado de ortigas y de cardos.
Le han cortado las manos, han echado
sal y azufre en sus pálidos muñones.
Ah, mi joven amado, el tiempo es breve.
Suenan ya las trompetas e iracunda
la luna enrojecida afrenta al cielo.
Déjame acariciar tu frente ardida en sueños,
contemplar para siempre tus párpados violeta.
Deja que desanude mi deseo,
que coloque la palma de mi mano
sobre la rosa hirviente que florece en tu pecho.
Ah, mi joven amado que duermes mientras huye
la multitud con un largo sollozo:
una lluvia de sangre cae sobre Sodoma.
Dame tus muslos blancos, tu axila, el dulce cuello,
antes de que en silencio se deslice
el ángel con su espada de exterminio.

"El hilo de los días"




Canciones de ausencia

1

Aquí dijiste...

Aquí dijiste:
"son hermosos
los ojos húmedos de los caballos".
Y aquí: "me encanta el viento".
Desando yo tus pasos, revivo tus palabras.
Y te amo en la baldosa que pisaste,
en la mesa de pino
que aún guarda la caricia de tu mano,
en el estropeado cigarrillo
olvidado en el fondo de mi bolso.
Recorro cada calle que anduviste
y sé
que amaste este abedul y esta ventana.
Aquí dijiste:
"así soy yo,
como esa música
triste y alegre a un mismo tiempo".
Y te amo
en el olor que tiene mi cuerpo de tu cuerpo,
en la feliz canción
que vuelve y vuelve y vuelve a mi tristeza.
En el día aterido
que tú estás respirando no sé dónde.


En el polvo, en el aire,
en esa nube
que tú no mirarás,
en mi mirada
que te calcó y fijó en mi más triste fondo,
en tus besos sellados en mis labios,
y en mis manos vacías,
pues eres hoy vacío
y en el vacío te amo.

2

Ni los sueños...

Ni los sueños, donde tu rostro tiene todas las formas de la dicha.
ni el sol que tanto amo sobre mi cuerpo desnudo,
ni la grata canción del antiguo trovero enamorado,
ni el verso de Darío ni el verso de Quevedo,
ni esta luna que brilla con brillo de alcancía,
ni tu nombre por otros pronunciado,
ni el eco de mis pasos en la inmensa catedral solitaria,
ni el rosal que yo siembro con mis manos y me sangra los dedos,
ni las noches insomnes,
ni tu dulce retrato mentiroso,
ni el tiempo, -ese falsario de mil rostros-
pueden calmar mi pena de no verte.


3

Sólo puedo escribir de amor...

Sólo puedo escribir de amor.
Salgo a la noche
respiro su aire tenso, sé que vivo.
Con su canto monódico me seducen los grillos.
Y es la noche sin ti lo que yo escribo.
En el verso me abstraigo.
y allí el amor es sangre y meteoro,
es la espada que hiere, es sal y madrugada.
Breve es y bello y mentiroso,
y eterno y falso y dulce y verdadero.
Y yo sólo sé hablar de la tormenta
que estalla entre tus besos.
Ebria y multicolor
en anodinas calles la ciudad multiplica
mil rostros pianos y una sola mueca,
y abre sus tristes puertas a la noche.
Todo está allí para que la palabra
aprese un llanto, un árbol, la monstruosa
soledad de sus calles vocingleras.
Y yo tan sólo escribo
de la tarde sin ti y de mi tristeza.