martes, 7 de julio de 2020

POEMAS DE TASOS LIVADITIS


Τάσος Λειβαδίτης - [ 20 Απριλίου 1922 -... - Ποιητική Βιβλιοθήκη ...

(20 de abril de 1922 - 30 de octubre de 1988, Atenas, Grecia)

Tiempo imprevisible


Cuando comienza la negra nostalgia y el ahogado recuerda su casa,

mientras en el dormitorio en penumbra los amantes se ponen de nuevo la máscara mortuoria que dejaron caer

y bajan las escaleras en total soledad – ahora

y hace mil años.

Procedimientos fraudulentos



No hay otra manera posible. Al final, cada cual debe creer en sí mismo.

Cuántos falsos testimonios no han salvado alguna vida.


Aventura




La habitación del hotel era miserable, “tus labios

están brillantes”, le digo, “sí”, me dice, “es por el

pintalabios, “claro”, le digo, “el pintalabios es siempre

imprescindible” –

y pensé en las madres que creen que han parido,

mientras no se oye sino el llanto de la eterna aflicción

entre los pañales…


Éxitos personales




A menudo, mientras caminas por la noche en completa soledad,

algo te toca en el hombro,

te vuelves entonces – y sientes de golpe lo vano

de la existencia. Pero no te afliges

como si fueras el primero en descubrirlo.


Habitaciones vecinas




Miserables escenas nocturnas, palabras anodinas, el olor

         del niño sin bañar,

el viejo que se adormece en su silla, pequeños adulterios

         durante el sueño, las estaciones, (¿qué estaciones?) –

mientras en la habitación del vecino se oía una música,

         como si alguien se curase de la temporalidad.
Tomado de:



Asesinato


“¿Quién es?”, “calma, nadie”, dijo, las moscas se ahogan en las sobras del vino, cubriendo con negras manchas el brillo del otoño, “¿dónde vamos?”, pregunté, “te aposté –dijo– y perdí”,

    las estatuas me hacían señas, pero era algo inexplicable, en verdad cómo lo saben, me preguntaba, y en las noches me inclinaba, “¿estáis bien?”, preguntaba, porque yo no había sepultado a mis muertos,

     mi pecado era que traté de escapar al destino, llené de nuevo los vasos, “bebe miserable”, dije, luchamos con rabia sobre la alfombra, y cuando me arrojó por la ventana, una mujer lejana abrió el tragaluz y me cubrió con sus párpados,

     entonces apareció la luna, debía apresurarme, debía ocultar todos esos cadáveres que inundaban el sótano –dios mío, cuántas veces me habían matado,

     y cuando abrió la puerta, vi sobre la mesa, como vino derramado, nuestro largo viaje, “si regreso, ¿nos encontraremos de nuevo tal vez?”, dijo, “sí –le digo–, porque yo estaré siempre en la orilla”.

Lo mínimo


No es que hayas perdido tus sueños más hermosos.
No es que se hayan ido tus más preciados años.
No es, no, que hayas visto a tus últimos amigos
     traicionarte o desertar. Este agujero es terrible
en el  muro que con trabajo levantaste, noches en vela,
destruyendo tus manos y tus años
en las piedras –muro para ocultarte de la implacable
     indiferencia del vacío.
Y ahora, un pequeño agujero, casi invisible, por donde
entra sin ruido e irrevocable
todo el frío de la gran vanidad.
Tomado de:


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