miércoles, 22 de enero de 2020

POEMAS DE LORÁND GÁSPÁR


Resultado de imagen para Loránd Gáspár
(Târgu Mureș, este de Transilvania28 de febrero de 1925 - 9 de octubre de 2019)

Minoico antiguo

La mano deletrea en el sueño las piedras

los nombres y los ritmos del conjuro.

Y es tan clara esta voz procedente de lo opaco,

es tan simple la garganta que ella abre a lo que pesa,

que la mano se estremece sobre las pendientes escotadas.

Adosada a la noche, ella vacila todavía,

tantos ruidos agudos de las aguas en los dedos,

sigue una línea aún desconocida en el mundo

de punto en punto donde su tacto respira,

donde la onda de piedra desabrocha su cuerpo,

desata en el vientre la dicha de la plenitud,

ella repite la línea desconocida ya en el mundo,

en el calor del mismo estrago olvidado.

Minoico medio III



Pozos de luz de los palacios de Tilisos

pozos de sombra de las fiestas del verano

En la habitación profunda de frescor

la Piedra de la mirada en el anillo oscuro

Roto por un breve chorreo de cobre

Culebra de la fecundación, protectora de los muertos.



Recolectores de azafrán,

Recolectores de pepitas rojas, azules y blancas

En Cnosos y en Hagia Triada

la sed de las flores bajo el peso de los muertos

curva la mano en los flancos del jarrón —

¡como brilla un instante en el vientre húmedo del sol!

Hombres lampiños de largas melenas,

ceñidos de taparrabos, adiestrados en combates,

el arco tendido al extremo del movimiento,

cosechadores y portadores de ofrendas —

chorreo de hachas y de joyas —

damas azules y hombres de largas melenas

¿qué han visto tan incomprensible?

¿Qué era este clamor encima de sus umbrales?

año 1570




Minoico reciente I(de Hagia Triada)



Delfines, pulpos, peces

frescor de lino, de cañas, de olivos,

vibración del día en un color

gozo de una línea que se mueve todavía

y yo sueño con esta mano entre millones

de manos, sorprendida, feliz —

y no sé qué, un pigmento

que hace que el alma respire,

que vea la vida esas cosas que

vienen a mis ojos

y morirán una vez más —
Tomado de:

Piedra




     Aquí los hombres dieron un nombre a lo que ensombrece

el rostro en la indiferencia del día.

     Nombre de agua y de viento en los osarios de Algas y

de Foraminíferos.

     Allí donde el fuego al aire libre se une con el fuego que brota

hubo una señal del dios.

     Fluidez nerviosa del tejido, asperaza de una mano en

la bruma yendo a las cuestas de la fuente.



     Virulencia tranquila de un orden, de un gobierno.

     Ataque de las fuerzas de la piedra allá donde se enamora de sus

capas freáticas.

     Relaciones y proporciones descritas, dispersas, olvidadas —

     ruido en la ruina de su procedencia.



Postración y beso que calcinan de nuevo la tierra —

     polvo de música en el granito de las islas,

     voz alta e ininteligible del destino, lavada por la

resaca,

     pánico y cuchicheo de entrañas, cosiendo

y descosiendo nuestras vidas.



     El hombre cuando ha encontrado en la piedra las grietas y las cavidades,

     las aristas y salientes que sirven de gobierno

     cuando ha visto deshacerse el centro geométrico de

la sonrisa,

     que ha ido a reconocer en los trabajos de arcilla y

pegamento,

     allá donde la mano de dos orillas ha sellado el beso –

     desnudez mordida, exulcerada de los cuerpos,

     abrillantada por millones de latidos y de gritos –



     clavado por el acorde y los números

     ¿por dónde se ha escapado tu alma errante? —



———————————————————————–
Pero cuando un movimiento más vívido, el de otra

     clase de fuego

se une con el fuego visual y lo separa hasta los ojos

cuando por las grietas mismas del ojo de fuerza se genera

un acceso y los demuele — se escurre una mezcla

de fuego y agua que llamamos lágrimas, así en el

     encuentro

del fuego surgido del ojo como de un destello, viene un fuego

en sentido contrario, lo penetra y se apaga en el humor,

en esa ebullición ascendente de colores de toda

     clase:

deslumbramiento poco a poco absorbido por la cal[i] —



———————————————————————–
Ídolo de mármol de Paros, rastros de rojez sobre el

     pecho.



Tensiones, azares, desconcierto confiados a la muela —

claridad que comes con el aceite y el pan,

desmembrado de su brillo, encerrado en un guijarro.

Mientras miras de ese lado de la luz

donde su extensión se recuesta en la barca

y el ojo y el mar intercambian sus aguas —

la fatiga del díos asimismo se convence

de un humilde cuidado en mella del cuerpo —

escucho los púdicos trabajos de los sonidos

crujir bajo el púrpura opaco del ropaje.

Tan riguroso es el desenlace del combate

que devuelve a sus orígenes el movimiento

y se anula el imperio de la amplitud

dejando ahí la extraña desnudez

que se excava incoercible y se perfora —
———————————————————————–
     En las canteras de Paros y de Naxos has visto

las piedras vivas secarse al sol.

     Boca de sombra contra boca de luz.

     La vela del corazón reposada en la orilla de un pecho

abierto.

     El amo aparejador las tantea del pulgar y de la uña,

conserva las francas, las llenas de bella hacha, eligiendo

las más pesadas para los cimientos, las más duras

para el cornisamento.
     Salamina, Atenea-Afaya.

     En un bostezo, el mar, un coágulo de sangre.

     Pero cuando el día con sus potros blancos[ii] —

     Polvo gris-oro de los chillidos retumbando, cardo

de otro verano —

     Una planta llena de sollozos invade la amplitud del mar[iii]

     El grano de poros fermenta las tintas de la tarde.

     Poco a poco en intercolumnio de los pórticos

se escapa el horizonte, no escuchas más que el desmoronamiento

ocre de los años sobre del asfalto.

     «Allí, detente. Ese lugar seco, ese desierto…»

     Allí están las puertas —



     Intervalo de palpitación, sobresalto que apacigua un instante

el espacio.

     Desnudos los ligamentos de tu pesadez, desnuda la voz

     aclarada por el almiar del campo por delante —
———————————————————————–

Respiración de flauta en el peso del calcáreo.

     Todo un mundo de cosas inciertas, de claridades pardo-

grisáceas furtivas de curruca

     crujido distraído de guijarros — de los pasos agitados, en

desorden entre las medidas austeras del geómetra.

     Sombra carnal en el bosque talado de los troncos,

en el orificio húmedo de la caverna ocular

     frescor, pies desnudos del sol sobre las lozas

     la más dogmática luz desmoronada suavemente sobre la

piel o eriza, coagulada en la cabeza cuando retumban

los ruidos.

     En la colina donde vanamente contemplaste la

Proporción

     donde has tocado la inflamación de las curvas

     mira la luz intimidada, tierna y nostálgica

luz de la edad sobre el vientre erosionado —



     corriente desde los pasos en la hierba de los años —
———————————————————————–

Flautista, he errado tanto en las tierras de sombra

y no conozco tu rostro.

el tintineo líquido de las campanas del rebaño

todo ese extenso en la noche que viene sobre los guijarros

escamas y quebrantos de una antigua memoria

desastres lejanos, partidas inminentes

porqué esas uvas ahora tan ligeras

y escucho adosado a un cielo pálido

los muertos que conocieron todos los sonidos del aire

tantos engranajes que enmudece la transparencia

y siento en la boca los dientes rojos del alma



     torbellino de danza, silbido del ala

     portador de vida y de extravíos

     tú la Regla, tú el Error,

     la justa tensión de las lágrimas

     el gusto áspero de la lengua calcinada —

———————————————————————–

     Sígueme hacia las cimas, allá, sube más, aligérate,

destrábate, sacude la pesadez que te adhiere a la

sangre. Sube más. Deshazte del fuego sombrío que te

hunde a su fondo, que te embauca con sus pétalos y que tú

nombras veleidosamente entre luz y obscuridad, entre

comienzo y fin. Te enseñaré a perforar los

reflejos y las sombras, a sostenerte sobre la cúpula

eterna del azul. Y allí virándote hacia el vasto mar de

de lo bello, contemplándolo, engendrarás discursos

sublimes, inspirados por un amor sin límites de la

sabiduría, alcanzarás el único conocimiento, el conocimiento

de la belleza…

     Es así que te arrastras en la penumbra de los barrios

peligrosos. Tu palabra es un agua sorda a los destellos

inciertos, tu alma, nodriza obscura de este conjunto

inestable de lasitudes y de fulguraciones, de

perfumes ligeros y de esencias podridas. Y tu mano

tiembla por haber tocado la hondura y lo pleno, esta pluma

de ala en una piedra


No hay comentarios.:

Publicar un comentario