martes, 26 de marzo de 2024

POEMAS DE CECILIA PODESTÁ

 

Sirena

¿Cómo será perderse en un tiempo hecho de agua?

Jugar a ser sirena vieja,

                              tan profunda como un abismo que se ahoga

y sólo el tiempo...

 

                           entonces sólo agua:

                           el paisaje más vacío

                           hecho de nada

                           l l e n o d e   a g u a

                           andando como algún tiempo más lento

                           afectando algas imaginarias

                           que se conciben a sí mismas como

                                                    cabellos humanos

                                                                 ondeándose

 

           al viento, al tiempo y al blanco

 

rozando ya caído

ese pezón duro

           y ennegrecido

formando en contraste los años suyos

                                 los de ella, claro...

 

su gesto de adiós avanza con ese

                                           tiempoagua

ella con el cuerpo de viento inmenso

             que sale de su boca

para soplar su cabello:

                              algas blancas y largas.

 

 

ACUARELA

 

 

Imagino mi muerte

 

(un cuerpo que parece ser el mío entre los

 

Ecos del tiempo

 

Sobre esta caja

 

/encerrado/

 

tan llena del aire que son recuerdos

 

y me envuelven

 

enfriando las pequeñas paredes de madera,

 

dándoles el viejo sonido

 

de la nostalgia

 

que me hace compañía como

 

un cuerpo capaz de hacer el amor)

 

estamos él y yo

 

(mi cuerpo, mi cuerpo y yo)

 

La piel es suave

 

Y pronto estos senos blancos estarán cubiertos

 

 

CUERPO DESPIERTO

 

 

hoy emergen los ojos

 

como cuerpos ajenos

 

desnudos

 

de la música

 

que los hizo dormir.

 

lo hacen

 

temiendo a la magia,

 

frases,

 

luces opacas,

 

inviernos

 

y ahogos maravillosos.

 

Han despertado

 

para ver

 

un cuerpo muerto y dulce

 

partido por la mitad

 

que ya no dice nada más

 

que alguna nostalgia

 

lanzada al aire helado.

 

 

la Voz de la Manada

 

 

 

Yuo

 

eterno y feroz animal del tiempo

 

insomne se arrastra hoy sobre la sal de su ciudad

 

morador del papel y padre de reos culpables

 

escribe desde su tétrica morada

 

para poder devorarlos

 

los arrebata de otro animal del tiempo

 

hermano suyo menos salvaje

 

que retrocede negligente

 

a estos hombres antes del yerro

 

a otros los arranca con plena justicia de la misma muerte.

 

estos reos antes de ser devorados

 

ofrendan sus propias ciudades inútiles a Yuo.

 

no servirán para extraviar en ellas

 

las culpas de la memoria

 

o aplacar el hambre del temible animal

 

que suicida su cuerpo comiendo la sal en la que vive

 

como guardián atrapado de la ciudad de los reos.

 

 

CORONACIÓN

 

 

 

Tengo la costumbre de tragar a mis hombres

 

cuando quedan dormidos sobre el polvo

 

también de convertirlos en nausea

 

junto al viejo escenario que regresa a mi cabeza:

 

                                  los reinos inservibles

 

                                  de lata y de cartón

 

 

 

que me delatan

 

como un rey innecesario

 

que muere inventado

 

las excusas y hombres que me entierren

 

y vuelvan a buscarme.

 

 

 

entonces reconozco las latas abiertas y vacías

 

el cartón que me abriga

 

y algún animal que a cambio de una caricia

 

me quiso orinar encima.

 

 

 

No,

 

no soy un rey,

 

Sino solamente un juego que se detuvo distraído en la neblina,

 

el ruido

 

y el polvo.

 

 

 

Olvidé la coronación.

 

Respiré la neblina y me quedé dormido.

 

Perdí una mujer fea de grandes senos

 

que sonreía para mí y

 

se desnudaba para que pudiera esconderme del frío

 

dentro de su cuerpo grande

 

y de olor a metal oxidado.

 

 

 

Olvidé la coronación

 

respiré hondo dentro de las latas.

 

Sumergido,

 

preferí crear un reino de caparazón,

 

que se extienda

 

en cualquier mundo que haya dejado de serlo

 

para convertirse en algo menos que miseria.

 

 

LA PRIMERA ANUNCIACIÓN

 

 

 

Yo quiero que ese niño nazca muerto, María

 

Poco me importa ser el padre de un salvador

 

O el santo que acompañe tu vientre

 

Tocado por las manos ásperas

 

De un dios egoísta.

 

 

 

 

Él

 

Pondrá sobre tu hijo una corona de espinas

 

Y lo llevará hacia la cruz de los traidores;

 

Lo llamarán:

 

El Rey de los judíos

 

Pero antes será arrastrado por Jerusalén

 

Y envidiado por Juan, el hijo de tu prima Isabel,

 

A ser llamado El Bautista

 

Que tampoco nace aún en esta tierra

 

Y tiene ya un destino miserable.

 

 

 

 

El Tuyo se llamará Jesús

 

Y le pedirá a un hombre que lo lleve a la gloria

 

Rogará a un tal Judas que lo entregue a los fariseos,

 

ÉL venderá su deshonra

 

Por un lugar en la mesa de los apóstoles

 

Para la eternidad.

 

 

 

 

Y en la hora de su muerte

 

Tu hijo

 

Partirá hacia los brazos de su padre con dos ladrones,

 

Tendrá sed

 

Y morirá diciendo

 

Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.

 

 

 

María,

 

¿Quién te perdonará a Ti en la vejez?

 

¿Quién te dará otro hijo sin una muerte o dolor

 

Que se anuncie en la boca de un ángel malvado?

 

¿Quién te dará otro hijo que no sea arrebatado

 

Para el perdón de nuestros sabios pecados?

 

 

 

Por eso, joven esposa, yo quiero que ese niño nazca muerto.

 

 

 

 

Gabriel,

 

Me ha dicho ayer en el taller

 

Que nunca serás mi mujer.

 

 

Gabriel, te visitará mañana y no podrás ver su cola de

 

Rata

 

O su perfil oscuro.

 

Te hará caer en la tentación de su dios en el exilio

 

Y serás la madre de aquel que lleve a su pueblo

 

A vivir en la culpa de haberlo matado.

 

 

 

Tú los arrastrarás

 

A vivir escondidos en el temor de desobedecer

 

A un falso dios,

 

Que ríe sabiendo ya, que engañó a los hombres

 

Y les quitó el fuego.

 

 

 

 

Serás tentada, María

 

Ascenderás a los cielos a descubrir una mentira

 

Y te arrepentirás de nunca haber sido mi mujer

 

De no haber aceptado hermosos vestidos

 

Ni bebido de mi saliva

 

Convertida en vino para tu garganta seca.

 

 

 

Serás tentada y yo te seguiré,

 

Pero escucha bien lo que te digo, niña de Nazareth,

 

Poco me importa ser el padre al que todos asuman como

 

El Salvador.

 

Poco me importa callar cualquier verdad o mentira,

 

O saber que los hombres serán engañados

 

Y adorarán a un demonio con piel de cordero.

 

 

 

Yo

 

Te seguiré en la tentación

 

Y cuando no mires

 

Tallaré un dios,

 

Un verdadero dios de madera para los idólatras.

 

Pensaré en el becerro de oro

 

Y reiré cuando los hombres adoren a tu hijo

 

 

 

Y cuando no mires,

 

Cuando no pongas tus ojos sobre mí

 

Me tocaré,

 

Soñando con dormir alguna vez sobre tus piernas

 

Y, así no lo quiera,

 

Seré convertido en el santo que acompañe

 

y adore a tu vientre.

 

 

 

Fragmentos de "La primera anunciación" (Ajos y Zafiros, 2006)

 

 

 

© Cecilia Podestá

Tomado de:

https://ceciliapodestap4.blogia.com/

 

 

día 8

 

 

mi cuerpo tropieza con la muerte

 

y es rechazado como una mujer impura.

 

tengo ahora la sonrisa de un animal

 

que padece el veneno prolongado de sus captores.

 

mi cuerpo, que está tendido ahora, casi inmóvil,

 

ha sido tocado por las manos de las que nacerán los

 

huérfanos

 

y por las que cantan como gritos

 

las bocas de todos los hombres

 

de este encierro.

 

 

 

soy una carne destruida, de hábitos aturdidos, de

 

ruegos inútiles, vacía.

 

¿seré una carne sin alma cuando haya perdido la fe?

 

 

 

no llega a mí el final que se tiende oscuro sobre mis

 

párpados.

 

(somos cuerpos sentados en un trono miserable para

 

ser mutilados)

 

 

 

sólo viene el canto desesperado de cada hombre

 

vencido.

 

canto que va destruyendo mis días, mis recuerdos y

 

mi fe.

 

canto que destruye sus días, sus recuerdos y su fe.

 

 

día 13

 

 

 

las manos de mi madre y su tosca vejez...

 

 

 

su olor, su voz... cada uno de sus rezos

 

sus manos sosteniendo en un rosario toda la fe...

 

 

 

la escupieron y golpearon

 

porque inútilmente trató de detenerlos cuando me

 

llevaban y me acusaban.

 

ella me busca

 

y sabe que en algún lugar oscuro

 

cuando nadie se me acerca

 

me toco la cara y trato de sentir en mis manos, el olor

 

de su vejez.

 

 

 

no puedo ahora tocar su piel que guarda las línea^gm

 

atravesadas de todo un clan que comenzó en su

 

vientre y entre sus piernas cuando aún era una

 

muchachita asustada de complacer a un hombre.

 

no puedo siquiera tocar sus arrugas y calmarla con mi

 

voz.

 

 

 

no sé de mis hermanos

 

no sé si estarán presos como yo

 

o consolando la desesperación de mi madre que

 

puede escuchar el sonido de mis huesos

 

y oler el fuego que arrojan sobre mi carne.

 

 

día 20

 

 

 

mis pies reciben ahora la orina que se desliza por mis

 

piernas, estoy aterrada, veo a la mujer con la que

 

comparto esta celda caer con violencia sobre el suelo

 

para matar al hijo de cada uno del que nos tocó, el

 

hijo de una patria tan distinta a la nuestra... hijos o

 

pobres bastardos por los que pocas, sentirán amor.

 

 

 

ella no quiere escuchar su llanto como nuestro coro

 

miserable.

 

ha descubierto en el crimen, un acto de amor.

 

 

 

y yo siento que mi alma cae entre mis piernas y se

 

hace un charco de orín junto al de ella.

Tomado de:

http://www.antoniomiranda.com.br/iberoamerica/peru/cecilia_podesta.html

 

 

IV

 

Tres golpes agudos contra el piso describen la caída de una cuchara. Un golpe seco contra el suelo al alicate del torturador. Ahora yo escucho a mi padre. Camina por toda la casa hasta que nos encuentra desnudos y observa nuestros pies apenas descubiertos sobre la cama. Pero no es él.  No le está permitido entrar. Los muros crecen aquí tan alto como los árboles de tu hospital

 

Solo estamos tú y yo, escondidos, desnudos y dormidos.

 

Cierro el ojo que quedaba abierto y vuelvo a dormir sobreviviendo a mi apellido. Padre e hija se pudren bajo el mismo nombre.

 

 

IX

 

 

 

Llueve sobre la pista de aterrizaje. Llueve sobre mi ombligo. El agua desmorona el pabellón de tu padre y nos expulsa. Tus patas han aterrizado en el último lugar: mi cuerpo dentro de una gran bolsa negra. Las olas fueron más grandes que los muros y los árboles. Lo cubrieron todo. Nos escondimos dentro del último de los aviones arrastrado apenas por el agua y la fiebre. Nuestras cabezas hierven contra la frente del otro.  Te beso y abro mi cuerpo. Tu boca es ahora el centro de mi cuerpo, de mis piernas y mis palabras. Terminamos dentro de otro pabellón después de las plegarias mudas de dos chicos recostados, destruidos, desnudos y dolorosos. Tu cabeza es mía y descansa su vuelo sobre mi pecho. Hundo mis manos en tu pelo negro. Yo te amo.

 

 

5

 

 

 

Escribo y me arrastro a la única fosa posible: la boca de mi amante joven y dudoso.

 

Ahí cabemos yo y mi escritura expulsadas de todas las otras fosas en las que vivos y muertos sabrán siempre quien soy yo: la hija del que explotó una granada en el cuerpo moribundo de Santos, el periodista. La hija del que sodomizo a una chica antes de que uno de los muchachitos hambrientos con uniforme militar la desvirgara teniendo pena de ella pero dejándola al resto, ya saciado.

 

 De El pabellón de los aviones

Tomado de:

https://circulodepoesia.com/2018/10/poetas-peruanas-cecilia-podesta/

 

 

I

 

Compartimos el hedor de nuestras almas

 

y cuando hizo falta

 

un algodón bañado en aceite negro

 

porque quemaron nuestra piel.

 

Fuimos temeros del ruido

 

sospechamos de cada silencio,

 

de la luz del día

 

tan amarilla como la locura desteñida

 

que salía por nuestras bocas

 

despertando el castigo

 

y ratas amables

 

por las que supimos que la noche era un miserable rincón

 

que sólo las escondía a ellas.

 

Fui uno de ellos y el Señor lo sabe

 

Fui uno de los muchachos que creció

 

alumbrado entre los pasadizos

 

por las luces que se colaban desde la calle

 

y saltaban a nuestras caras a pesar de las ventanas y falsos barrotes

 

del albergue de San Miguel,

 

-casa de menores-

 

II

 

Cuando tuve trece años me llamaron asesino.

 

Mi madre no lloró por mí.

 

Solo las más feas, las más usadas e infelices mujeres

 

lloraron por mi acto tan puro.

 

El que dicen que fue mi padre

 

se encerró dos días con una pistola vacía

 

a pegar la lengua en las paredes de una vaso roto.

 

Deseaba que una bala lo salve de la caricia de su niño asesino

 

y acabe con su piel grasienta

 

y movimientos inútiles

 

sobre mujeres inútiles también.

 

Quedó a solas con la misma pistola

 

con la que penetraba a las putas que se hicieron hermanas en el hambre.

 

Las amenazaba con disparar en el centro exacto de su cuerpo

 

el ángulo perfecto de su miseria

 

y quemar las entrañas

 

que recibieron hijos, clientes, pinzas e infecciones.

 

III

 

Mi madre era otra puta miserable

 

que llenó mi estómago con dedicación.

 

Dio el olor que dejaban bajo las colchas perfumadas a mi infancia

 

e hizo de sus gemidos una nausea carraspeando

 

iguales a la del hombre que me maldice y penetra

 

acostumbrado a dejar su baba en mí.

 

y la breve luz de cuando la puerta entreabre.

 

Cuando termina

 

esconde los dientes

 

saciado

 

se limpia con descuido

 

sube sus pantalones

 

y se pierde entre los pasadizos

 

exhausto

 

aun con el temblor y el pálpito

 

con el goce

 

sin delito

 

IV

 

La llamaron Clara.

 

Era la segunda vez que se escuchaba el llanto de uno de los hijos del burdel.

 

Todos los otros habían sido enterrados antes de nacer

 

pero la tierra que los poseía era corrupta

 

y el perfecto umbral al infierno

 

en el que Clara y yo debimos desaparecer

 

En cambio a eso fuimos abrigados por esas colchas

 

apenas humedecidas

 

Y donde las mujeres reunían agua para lavar sus piernas

 

Lloró Clara por última vez

 

Asintiendo mi corazón,

 

y aceptando el agua

 

como manos que la recibían.

Tomado de:

https://lorenalopezchavez.wordpress.com/2015/09/03/cecilia-podesta-una-de-las-voces-mas-interesantes-de-la-poesia-peruana-contemporanea/

No hay comentarios.:

Publicar un comentario