lunes, 11 de marzo de 2024

POEMAS DE MANUEL JOSÉ CORTES


EL JUSTO

 

Al borde del abismo, el roble erguido,

del huracán resiste al recio embate,

y su lozana copa no se abate

ni aun al golpe del rayo que lo ha herido.

 

Así, la condición que le ha cabido

sufre el justo, en su vida de combate:

exento de temor su pecho late,

y el dolor no le arranca ni un gemido.

 

 

EL ZORRO Y EL PERICO LIGERO

 

Es necedad de marca

tragarnos el elogio

mentido de algún pillo

que después dice «! tonto!»

y ríe en nuestras barbas:

Vaya al caso un apólogo:

 

A un perico-ligero

así le dijo un zorro:

«Tu agilidad, perico,

excita grande asombro:

dicen que bien mereces

el epíteto honroso

de LIGERO; que corres

mas que el galgo y el potro;

que saltas mas que el tigre;

que brincas mas que el mono.

Haz que tu ligereza

yo admire, y este arroyo

salva, y en cambio te hago

el mas cumplido encomio».

 

El pobre animalejo

da un salto, y en el lodo

se mete hasta las cejas.

El pillastrón del zorro

se ríe a carcajadas y le dice «Molondro»,

si ya has vuelto a tu juicio,

sabe que por apodo

se te llama LIGERO:

tu nombre es PEREZOSO.

 

El odio inmerecido no le espanta;

de sus contrarios el ultraje olvida;

el rencor en su pecho nunca impera.

 

Del deber acatando la ley santa

ve, imperturbable, el drama de la vida,

y el desenlace en otra Vida espera.

Tomado de:

https://diarioinca.com/poemas-de-manuel-jose-cortes

 

 

AL CIPRÉS

 

¡Oh ciprés! nuestra suerte es parecida.

 

Tú en el aura al nacer diste un quejido:

Yo al ver la luz primera de la vida

Del punzante dolor lancé un gemido.

 

De la tormenta al horroroso embate

Abrasado del rayo te has sentido;

Y yo mi corazón siento que late

Por la pasión y el infortunio herido.

 

Nunca en tu estéril copa se ha mecido

Del céfiro al aliento ni una flor:

Así mi corazón no ha producido

Más que la espina aguda del dolor

 

Eres tú más feliz, porque tu suerte

Es morir en el suelo do has nacido;

Mas yo ¡infeliz! Tal vez halle la muerte

Lejos del patrio suelo apetecido.

 

 

A UN TACAÑO

 

Yo conozco un tacaño… tan canalla

Que el aire escatimara muy contento:

No piensa por guardar su pensamiento,

O por guarda su voz si piensa calla.

 

Contra la ciencia misma de Dios falla,

Y en los astros del rico firmamento

Y en las olas del mar que impele el viento,

Ostentación y lujo inútil halla.

 

El menguado que todo lo cercena

Y pasa días tristes, infelices,

Sufriendo los tormentos del infierno,

¿Cómo a ser mutiladas no condena

Sus narices que son más que narices

Deforme yuca ó retorcido cuerno?

 

 

LA CIEGA

 

I Todo es noche, noche oscura!

Ya no veo la hermosura

De la luna refulgente;

Del astro resplandeciente

Tan sólo siento el calor.

No hay nube que el cielo dora,

Ya no hay alba, no hay aurora

De blanco y rojo color.

 

Ya no es bello el firmamento,

 

Ya no tienen lucimiento

Las estrellas en el cielo;

Todo cubre un negro velo;

Ni el dia tiene esplendor;

 

No hay matices, no hay colores,

Ya no hay plantas, ya no hay flores,

Ni el campo tiene verdor.

Ya no gozo la belleza

Que ofrece naturaleza

Lo que el mundo adorna y viste;

 

Todo es noche, noche briste

De confusión y pavor!

Do quier miro, do quier piso,

Nada encuentro y no diviso

Sino lobreguez y horror!

 

Pobre ciega, desgraciada,

Flor en su Abril marchitada,

¿Qué soy yo sobre la tierra?

Arca do tristeza encierra

Su más tremendo amargor;

 

Y mi corazón enjuto,

Cubierto de negro luto,

Es el trono del dolor.

 

En mitad de su carrera

Y cuando más luciente era

De mi vida el astro hermoso,

En eclipse tenebroso

 

Por siempre se oscureció.

De mi juventud lozana

La primavera temprana,

En invierno se trocó.

 

Mil placeres halagüeños,

Bellos dias y risueños

El porvenir me pintaba,

 

Y seductor me mostraba

Por un prisma encantador.

Las ilusiones volaron,

 

Y en mi alma sólo quedaron

La amargura y el dolor.

 

Cual cautivo desgraciado

Que se mira condenado

En su juventud llorida

A pasar toda su vida

En una horrenda prisión,

Tal me veo, de igual suerte:

Sólo espero que la muerte

De mi tendrá compasión.

 

Agotada mi esperanza,

Ya ningún remedio alcanza;

Ni una sombra de delicia

A mi existencia acaricia;

Mis goces son el sufrir:

 

Y en medio á tanta desdicha

Sólo me queda una dicha,

Y es la dicha de morir.

Tomado de:

https://rincondepoetasmajo.blogspot.com/2013/05/manuel-jose-cortes.html

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