miércoles, 24 de diciembre de 2025

POEMAS DE CARLOS COCIÑA -DESDE CHILE -


Y SI TODO FUERA LO QUE ES

 

10a

 

El blanco que se observa en las grandes montañas y edificios

no es nieve, sino la luz que toca extensiones de piedras y arena.

La sombra de la luminosidad parece agua en estado sólido,

extendida en los contornos de los objetos. Luego aparecen

Cetus y el Pez, desde la luz.

 

 

3C

 

 

Nadie tiene derecho a morir antes de tiempo; todo el cuerpo se revela ante el acto que cercena reacciones, desde el origen establecidas a nivel genético por la savia del fornicio y la revelación de milenios de órdenes transcritas en la más inverosímil coordinación de los detalles posibles de la existencia. El violentamiento de las expectativas, que a nivel de estructuras moleculares está descrito, atenta contra la más elemental humanidad genética, y la descripción de estos movimientos sólo es con las palabras que revelan el posible transcurso que llevarán los líquidos particulares de un cuerpo en el momento en que el reflejo de luz es absorbido en las alteraciones de conos y bastoncitos. Nadie tiene derecho a quebrantar la reelaboración de las células y las nuevas epidermis que van emergiendo desde el mismo tiempo en que se produjo la combinación genética, ni negar la posibilidad de la eyaculación en la mujer que conocerá mañana. Nadie tiene derecho a morir antes de tiempo, porque el espacio del cuerpo se proyecta hacia el próximo momento, y tiene el espacio su espacio en cada rostro y cuerpo conocidos y es un espacio ya dado y posible en el cuerpo de los hijos, del hermano, de la mujer y cada uno de los que van haciendo espacio a ese cuerpo que no puede violentarse hasta el momento en que sea preciso quebrantarse porque el aire es expulsado por el mismo cuerpo que se disuelve en sí mismo.

https://migliaro.lamula.pe/2019/07/08/poemas-de-carlos-cocina/migliarowilly/

 

 

Versión 31

Un ramillete de neuronas genera la percepción de lo que vemos. Las cosas y los objetos no son una imagen que se proyecta en la cabeza, son una detonación de neuronas en el cerebro. Las cosas y los objetos están por ahí, sin destellos.

 

 

De otra manera 31.1

El hacer y la práctica reanima el tracto de materia blanca y de la oscura, se llenan de humedales en los que anidan nuevos revuelos. Tareas de fluidez que se extienden al expandirse las arquitecturas fluviales que destilan información neta.

Tomado de:

https://www.vallejoandcompany.com/2019/01/10/el-aire-que-se-expulsa-9-poemas-de-carlos-cocina/

 

 

(Nushu)

Aves de fuego opaco, un trazo breve, silábico, en los márgenes de objetos cotidianos,

lenguaje secreto, sutilmente sonoro que desata vendavales imperceptibles a códigos dominantes. Agujas de agua en telas de muchos hilos, que entregan su mutismo de llanos

en llamas. Silencios fluyen generaciones de noches a destellos. Esferas de presencia ingrávida, cuya raíz es aire en expansión. Nudos tejidos en tramas volubles, humo exacto

en evocaciones mínimas y notables. Desentraña estados intermedios, los fija y responde.

Trazos con la fuerza terrible de la levedad.

<El polvo de telas resquebrajadas señala lo que había en otro tiempo, un día antes del día.

Antaño se pulveriza al tiempo de cerrar cortinas, y se abre el aire. Lo que parece un signo

gráfico en la superficie, o calado en ella, una marca de escritura, puede ser una partícula

recién posada, que una brisa o impulso mínimo remueve. <La imagen no es el objeto o

sentido que representa, en sí es un objeto, un sentido que se representa así mismo, donde

no hay retorno. <Sobre lo anterior es posible un último estado.

 

 

(hasta memoria)

Las máquinas de sobrevivencia, como los helechos, en su complicada simpleza, mueven

las piezas, émbolos y cadenas en pos de los elementos para transformar las energías. Aun

así, es necesario tocar y escuchar para reconocer en las vibraciones el sonido y la música

de los objetos en su densidad, en sus elementos periódicos, en la luz dorada del sodio.

Hablar lento y largo, sin rima. Sólo la respiración del aire. En la ciudad aparece el bosque

blanquecino, bajo el cual es un buen día. Pasa una persona. Marcas de la violencia aparecen en las esquinas poco visitadas, y en los recorridos habituales dentro de la vivienda.

Texturas brutales en espacios aparentemente vacíos, y habitaciones excedidas. No es el

movimiento del otro sino el propio el que se entiende como reacción. Es la dinámica de

deseos que casualmente se encuentran. Y ahí, la luz está sobre el muro, donde todo objeto

mueve el aire. Lo que ocurrió es ahora un lugar desconocido. Una cortina de niebla que

se extiende repentinamente y elimina la perspectiva. Entre los objetos la luz de la mañana

se demora. Las arterias parecen de líquido liviano, y su paso está salpicado de obstáculos.

Lo que parecía archivo de memoria quedó cerrado. Aparece el deseo.

(hasta violencia)

El uso compasivo de paliativos en la herida, tumba en opioides cualquier sensación al

aire libre, colmado de pequeñas señales de vida. Con las extremidades raspando en el

exoesqueleto, el sonido es similar al de las cuerdas vocales de los seres emplumados,

especies de serpientes que reptan volátiles entre montículos escalonados. La densidad de

las piedras es el aire.

Tomado de:

https://revistachilenadederecho.uc.cl/index.php/alch/article/download/87856/66824/266458

martes, 23 de diciembre de 2025

POEMAS DE RAFAEL CHAPARRO MADIEDO - PORQUE TAMBIEN TENÍA OPIO SU POESÍA -


Lunas

 

No me mires

cuando la luna se estremezca

en mil temblores fulgurosos

 

No me hables

cuando comparta mi pan

con los habitantes de la Tiniebla

porque entonces mi sombra te cubrirá como una niebla

 

Sólo espérame en el filo de la realidad

donde la púrpura profunda de Dios

se desangra sobre mi sangre.

 

 

La torre de nieve

 

Me preguntas qué hice anoche.

Subí a la torre de nieve

y me lancé a un lago de sangre pesada

donde beben los lobos antes

de rendirse sobre la arena

 

Me preguntas por la luna…

entonces di a beber el veneno dorado

a mil conciencias sosegadas

¿acaso estabas allí contando

las palpitaciones de tu laberinto atropellado?

Sus ojos brillaron como agua criminal

y sus rostros brillaron frente al desasosiego

de la carne

como tiembla el tiempo ante el silencio

 

Me preguntas por la noche…

y te digo que la noche solía ser

el refugio de los dioses que chupan la sangre del destino

 

Me preguntas qué hice anoche.

Anoche estrangulé varios dioses

de mi conciencia arrodillada!

Concurso Universitario de Poesía ICFES: Obras premiadas 1986. Bogotá: Editorial Guadalupe. p. 123 y 125.

 

***

 

Un ave pasó regando cielo

sobre la selva negra

en praderas de sangre

reflejó múltiples lunas se hierba

y cauces de agua pesada

 

Frente a un arroyo de la noche

dio nombre a cuatro dioses vagabundos:

Tierra, Viento y Fuego

pero sólo a ti te dio un nombre

que nadie quiere olvidar:

Muerte.

Hojalata. Nº1, marzo de 1987. p. 10.

 

 

El río de los hombres

 

Cruzar el cauce de la niebla

eso nada más,

Entrar bajo el árbol

y buscar la sombra de oro

de alguna fruta profunda.

 

Recoger el rastro herido

de algún ave sobre espejos de metal

cuando el mar acoja

en su silencio

la miel de los bosques

el cielo de las fieras

y el río de los hombres: Sangre.

 

Hojalata. Nº2, mayo de 1987. p. 1.

Tomado de:

https://ambulanciaconwhisky.blogspot.com/2008/01/poemas-desde-el-tejado.html

 

 

De este lado de las nubes

Se revientan mil girasoles amarillos

Mil espejos

Mil tigres negros

Mil moscas

 

De este lado de las nubes

Siempre suenan disparos

Que espantan las aves metálicas

De mis manos

 

De este lado de las nubes

Un puñado de diamantes

Lanzo hacia la geografía transparente

De tus manos

Son las seis de la mañana

Y las hojas secas escribieron tu color

Sobre el café

Son las seis de la mañana

Y de este lado de las nubes

Todavía es de noche

Tal vez sea necesario que todavía

Se derrumben muchos reinos

Tal vez sea indispensable

Que se derrame mucha sangre

Sobre los caminos remotos del mundo

 

Donde la hierba húmeda es confundida

Por el aliento frío de las montañas

Tal vez tus manos

Sean dos cuchillos brillantes

Que cortan mi pecho

Tal vez tus manos sean

Dos vidrios rotos

Tal vez tenga mi corazón

Lleno de balazos

De tus balazos

 

Tal vez otra vez de este lado de las nubes

Se llevó a cabo un pequeño asesinato

Entre las copas de vino

Mientras el humo azul del cigarrillo

Se llevaba para siempre tu olor

 

Tal vez sean las seis de la mañana

Y en el otro lado de la mañana

Un enjambre de aviones invisibles

Se dirigen hacia el núcleo de los vientos

Para bombardearnos con botellas rotas

Dulces botellas rotas de licor

Todo el cuerpo

Todo el cuerpo

 

Tal vez esta vez de mi corazón

Salga una bandada de cuervos negros

Hacia tu corazón

Tomado de:

https://www.tumblr.com/metanoying/84494435466/de-este-lado-de-las-nubes-se-revientan-mil

domingo, 21 de diciembre de 2025

POEMAS DE FIAMA VALERIO - DESDE NICARAGUA PSICOPOESÍA -


SOCIOPATÍA

 

La manecilla y el bisel de mi reloj

marcan el pulso de la vida.

Mi pecho lleva el verdugo del tiempo.

Apago el transportador,

trazo miradas perplejas en los tripulantes,

la desesperación se expande en la aeronave,

gestos abatidos vuelan por las ventanas.

La endorfina colma mi sangre,

brindo en una copa grabada

con el nombre del señor presidente.

 

 

VOYERISMO

 

Me infiltré como una rata en tu cañería,

contemplé el espectáculo

que del espejo se proyectaba.

Tus mejillas se ruborizaban como bayas silvestres,

solo faltaba que las aves te picaran.

Las aureolas de tus pezones se agrandaron

como la apertura del capullo.

Galopabas, pero sin equino.

Escuché tus gemidos, similares a un sermón,

hasta que se contractaron tus músculos

y te sosegaste en el tiempo.

Una corriente de viento refrescó mi cuerpo

mientras mi otro yo sexual

se entrometía un vibrador abajo del periné.

Mis manos se ungieron de esperma,

poco a poco me fui apaciguando

hasta quedar dormitado en tu fontanería.

Tomado de:

https://revistamontaje.cl/poesia-delirio-de-persecucion-y-otros-poemas-fiama-valerio/

 

 

Delirio de persecución

 

Escuché marchas.

Las fibras de los cordones

se deshebraban como el deshojar de margaritas.

El herrete se había manchado de polvo.

A la orilla del macadán afloraron guijarros,

se descarrilaron las hormigas

al trasladar sus despensas,

violaron la fila india,

se enmarañaron en la punta de mis tenis,

me murmuraron advertencia.

No iba sola.

Aceleré el paso,

chasqueó la suela en el agua,

miré en el retrovisor al caminante persecutor,

escuché su jadeo hostigoso,

giré lentamente​​

y nadie se avizoraba en el camino.

 

 

Piromanía

Miré la Capilla Sixtina,

hice una parada como un florete

en segunda y tercia

y me dije:

¿Cómo no hacerlo?

Hice perder la cabeza de un cerillo.

El lugar se calentó

como los cristales de un invernadero.

Las brasas chisporroteaban,

las ventanas caían

como si nada las tocara.

Mientras le echaba más leño al fuego,

cerré mis párpados para aspirar

mejor el sahumerio.

El chisme se esparció

como matojo rodante.

En las calles

los hombres mascullaban

y las mujeres rezaban,

mientras yo sonreía

como un anciano

se ríe sin malicia de un niño.

 

 

DEPRESIÓN

 

Quisiera esta noche

participar en el avistamiento

de las tortugas que desovan,

seguir el litoral

hasta donde las olas conmueven

la arena muy adentro,

que una borrasca surja

y las hebras de mi cabello

pierdan la memoria genética del bucle.

Que una ola en su cresta

doble los goznes de mis rodillas,

me deje blanda como el celofán de otra onda.

Que surjan relámpagos

y mis párpados los cierre la muerte.

Que me engulla el mar

y quede varada en su lecho.

Tomado de:

https://circulodepoesia.com/2023/10/poesia-nicaraguense-fiama-valerio/

 

 

DEPRESIÓN POSPARTO

 

La puérpera estaba inmóvil

como una figura de cera

en una sala clausurada.

La cadencia de su silla

se había desvanecido

hasta quedar estoica

cual muñeca de porcelana.

Sus ojos estaban más hundidos

que la madriguera de un topo.

Sus dedos estaban más crispados

que un espiral,

brillaban

igual que la sonrisa macabra de un asesino.

Los visillos de su cuarto hacían denso el ocaso.

Deseaba tomar las repulsiones del marido

por aspiraciones de un amante.

Quería tomar los bofetones

por acaricias endebles.

Sentía que la acechaban por su placenta

como buitre a la carroña.

Anhelaba que el arrurú de un niño fuera alegría,

como cuando una madre espera a su hijo al salir de la cárcel.

 

 

ANOREXIA

 

¿Por qué ser normal es tan difícil?

Desearía viajar alrededor del mundo,

no solo en ochenta días.

Degustar la gastronomía

de las Naciones Unidas.

Catar un buen vino

y disfrutar de una agradable compañía

hasta ver que la seguidilla

del girasol acabe

como un ciclo normal,

que se niega.

No pensar que por cada bocado

mi abdomen se hincha

similar a las cortinas luego de un vendaval.

No imaginarme que en mis muslos

crecerán hoyuelos

como camanances grotescos.

No pensar que el peso ideal

no lo alcanzo,

que el marcador de una balanza

me convierta en Adefagia,

en vez de una Afrodita.

Desearía no maldecir el contexto

y aplaudir cada detalle

que la vida me trae.

Tomado de:

https://irredimibles.com/metaversos-fiama-valeiro/

 

 

FROTEURISMO

 

Abordé el bus

que me llevaría a tu destino,

ahí estabas,

extendida de brazos,

tensando tus muñecas

bajo la manija del ómnibus,

dejando tu cuerpo

libre a la velocidad del volante.

Vestías top blanco,

crispado como el terciopelo.

Sin abrochar el botón en los ojales,

el istmo de tus senos

era una víbora de sudor

ya en un celofán derretido.

Los paletones de tu falda

fluctuaban en el recorrido,

mientras mis ojos

se aturdían en el privilegio

de tu dorso níveo.

Me acerqué a ti

hasta que mi respiración

opacó lo vítreo

en la persiana del autobús.

Un frenazo

me acordó de seguir tu talle

hacia abajo con mis manos

mientras la memoria muscular

de mi pene se elongó.

Froté tus ancas

mientras te movías despavorida,

solo por ser yo

un entusiasta de la crema.

 

 

FETICHISMO

 

Un sillón donde desarrolla su menú el kamasutra.

El aire acondicionado atascando nicotina, sudor

y polución de dos seres copulando.

Un burdel en la periferia y una prostituta.

La eyaculación precoz de la cerveza

entre tus muslos hacia tus tobillos,

liberó mi orgasmo.

Mis huellas dactilares taponearon

los poros de tu cuello,

impidieron el proceso regenerativo de tu piel.

Tus pies usurparon su último movimiento de vedette,

mientras de mí surgió un podólogo empírico.

Tomado de:

https://www.revistainnombrable.com/2023/11/masoquismo-poemas-de-fiama-valerio.html

 

 

DEPRESIÓN ESTACIONAL

Apoyada en el marco de mi ventana,

expedía las cenizas al cenicero,

todo daba vuelta en mi cabeza

como un disco sobre su eje.

Me sentía abotagada,

como si cargara un yelmo en mi cabeza,

mi cabello estaba despeinado como crines,

una lágrima pendía de mi nariz.

Las moscas se agolpaban en las vajillas sucias,

mi perro no comía, como que estaba contagiado,

la lluvia cubría los senderos con su manto,

las ráfagas de vientos barrían las nubes,

la niebla extendía sus vapores sobre el horizonte

entre las montañas,

las vetas de los árboles figuraban dolor,

similar a la extracción de una muela con mano de acero,

me sentía en desamparo,

como cuando una niña pierde a su madre.

Solo esperaba que la mano de Dios me condujera a la muerte.

Tomado de:

https://www.caratula.net/seleccion-expediente-psicologico/


sábado, 20 de diciembre de 2025

POEMAS DE MIGUEL DE UNAMUNO - DESDE ESPAÑA -


BLAS, EL BOBO

 

Blas, el bobo de la aldea,

vive en no quebrado arrobo;

La aldea es de Blas el bobo,

pues toda a Blas le recrea.

 

Blas, que se crió desde niño

sin padres, con madre moza,

en una perdida choza,

libre de carnal cariño;

 

Blas, tradición la más pura,

sabe todo el calendario,

reza a la tarde el rosario

y le ayuda a misa al cura.

 

Gracias a Blas el bendito

no descarga Dios su vara

sobre la aldea, la ampara

Blas, botón del infinito.

 

 

A UN HIJO DE ESPAÑOLES

 

A un hijo de españoles arropamos

hoy en tierra francesa; el inocente

se apagó-¡feliz él!-sin que su mente

se abriese al mundo en que muriendo vamos.

 

A la pobre cajita sendos ramos

echamos de azucenas-el relente

llora sobre su huesa-, y al presente

de nuestra patria el pecho retornamos.

 

"Ante la vida cruel que le acechaba,

mejor que se me muera"-nos decía

su pobre padre, y con la voz temblaba;

 

era de otoño y bruma el triste día

y creí que enterramos- ¡Dios callaba! -

tu porvenir sin luz, ¡España mía!

 

 

VENDRÁ DE NOCHE

 

Vendrá de noche cuando todo duerma,

vendrá de noche cuando el alma enferma

se emboce en vida,

vendrá de noche con su paso quedo,

vendrá de noche y posará su dedo

sobre la herida.

 

Vendrá de noche y su fugaz vislumbre

volverá lumbre la fatal quejumbre;

vendrá de noche

con su rosario, soltará las perlas

negro sol que da ceguera verlas,

¡todo un derroche!

 

Vendrá de noche, noche nuestra madre,

cuando a lo lejos el recuerdo ladre

perdido agujero;

vendrá de noche; apagará su paso

mortal ladrido y dejará al ocaso

largo agujero...

 

¿Vendrá una noche recogida y vasta?

¿Vendrá una noche maternal y casta

de luna llena?

Vendrá viniendo con venir eterno;

vendrá una noche del postrer invierno...

noche serena...

 

Vendrá como se fue, como se ha ido

-suena a lo lejos el fatal ladrido-,

vendrá a la cita;

será de noche mas que sea aurora,

vendrá a su hora, cuando el aire llora,

llora y medita...

 

Vendrá de noche, en una noche clara,

noche de luna que al dolor ampara,

noche desnuda,

vendrá... venir es porvenir... pasado

que pasa y queda y que se queda al lado

y nunca muda....

 

Vendrá de noche, cuando el tiempo aguarda,

cuando la tarde en las tinieblas tarda

y espera al día,

vendrá de noche, en una noche pura,

cuando del sol la sangre se depura,

del mediodía.

 

Noche ha de hacerse en cuanto venga y llegue,

y el corazón rendido se le entregue,

noche serena,

de noche ha de venir... ¿él, ella o ello?

De noche ha de sellar su negro sello,

noche sin pena.

 

Vendrá la noche, la que da la vida,

y en que la noche al fin el alma olvida,

traerá la cura;

vendrá la noche que lo cubre todo

y espeja al cielo en el luciente lodo

que lo depura.

 

Vendrá de noche, sí, vendrá de noche,

su negro sello servirá de broche

que cierra el alma;

vendrá de noche sin hacer ruido,

se apagará a lo lejos el ladrido,

vendrá la calma...

vendrá la noche....

 

 

¿QUÉ ES TU VIDA...?

 

¿Qué es tu vida, alma mía?, ¿cuál tu pago?,

¡lluvia en el lago!

¿Qué es tu vida, alma mía, tu costumbre?

¡viento en la cumbre!

 

¿Cómo tu vida, mi alma, se renueva?,

¡sombra en la cueva!,

¡lluvia en el lago!,

¡viento en la cumbre!,

¡sombra en la cueva!

 

Lágrimas es la lluvia desde el cielo,

y es el viento sollozo sin partida,

pesar, la sombra sin ningún consuelo,

y lluvia y viento y sombra hacen la vida.

 

 

Y ¿QUÉ ES ESO...?

 

Y ¿qué es eso del Infierno?

me dirás.

Es el revés de lo eterno,

nada más.

 

Que yacer en el olvido

del Señor

es el infierno temido

del Amor.

 

 

EL ARMADOR AQUEL...

 

El armador aquel de casas rústicas

habló desde la barca:

ellos, sobre la grava de la orilla,

él flotando en las aguas.

 

Y la brisa del lago recogía

de su boca parábolas

ojos que ven, oídos que oyen gozan

de bienaventuranza.

 

Recién nacían por el aire claro

las semillas aladas,

el Sol las revestía con sus rayos,

la brisa las cunaba.

 

Hasta que al fin cayeron en un libro,

¡ay tragedia del alma!:

ellos tumbados en la grava seca,

y él flotando en el agua.

 

 

CASTILLA

 

Tú me levantas, tierra de Castilla,

en la rugosa palma de tu mano,

al cielo que te enciende y te refresca,

al cielo, tu amo.

 

Tierra nervuda, enjuta, despejada,

madre de corazones y de brazos,

toma el presente en ti viejos colores

del noble antaño.

 

Con la pradera cóncava del cielo

lindan en torno tus desnudos campos,

tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro

y en ti santuario.

 

Es todo cima tu extensión redonda

y en ti me siento al cielo levantado,

aire de cumbre es el que se respira

aquí, en tus páramos.

 

¡Ara gigante, tierra castellana,

a ese tu aire soltaré mis cantos,

si te son dignos bajarán al mundo

desde lo alto!

 

 

EL MAR DE ENCINAS

 

En este mar de encinas castellano

los siglos resbalaron con sosiego

lejos de las tormentas de la historia,

lejos del sueño

que a otras tierras la vida sacudiera;

sobre este mar de encinas tiende el cielo

su paz engendradora de reposo,

su paz sin tedio.

 

Sobre este mar que guarda en sus entrañas

de toda tradición el manadero

esperan una voz de hondo conjuro

largos silencios.

 

Cuando desuella estío la llanura

cuando la pela el riguroso invierno,

brinda al azul el piélago de encinas

su verde viejo.

 

Como los días, van sus recias hojas

rodando una tras otra al pudridero,

y siempre verde el mar, de lo divino

nos es espejo.

 

Su perenne verdura es de la infancia

de nuestra tierra, vieja ya, recuerdo,

de aquella edad en que esperando al hombre

se henchía el seno

de regalados frutos. Es su calma

manantial de esperanza eterna eterno.

 

Cuando aún no nació el hombre él verdecía

mirando al cielo,

y le acompaña su verdura grave

tal vez hasta dejarle en el lindero

en que roto ya el viejo, nazca al día

un hombre nuevo.

 

Es su verdura flor de las entrañas

de esta rocosa tierra, toda hueso,

es flor de piedra su verdor perenne

pardo y austero.

 

Es, todo corazón, la noble encina

floración secular del noble suelo

que, todo corazón de firme roca,

brotó del fuego

de las entrañas de la madre tierra.

 

Lustrales aguas le han lavado el pecho

que hacia el desnudo cielo alza desnudo

su verde vello.

 

Y no palpita, aguarda en un respiro

de la bóveda todo el fuerte beso,

a que el cielo y la tierra se confundan

en lazo eterno.

 

Aguarda el día del supremo abrazo

con un respiro poderoso y quieto

mientras, pasando, mensajeras nubes

templan su anhelo.

 

En este mar de encinas castellano

vestido de su pardo verde viejo

que no deja, del pueblo a que cobija

místico espejo.

 

 

OFELIA DE DINAMARCA

 

Rosa de nube de carne

Ofelia de Dinamarca,

tu mirada, sueñe o duerma,

es de Esfinge la mirada.

 

En el azul del abismo

de tus niñas? todo o nada,

¡ser o no ser!?, ¿es espuma

o poso de vida tu alma?

 

No te vayas monja, espérame

cantando viejas baladas,

suéñame mientras te sueño,

brízame la hora que falta.

 

Y si los sueños se esfuman

? el resto es silencio ?, almohada

hazme de tus muslos, virgen

Ofelia de Dinamarca.

 

 

SALMO III

 

¡Oh, Señor, tú que sufres del mundo

sujeto a tu obra,

es tu mal nuestro mal más profundo

y nuestra zozobra!

 

Necesitas uncirte al infinito

si quieres hablarme,

y si quieres te llegue mi grito

te es fuerza escucharme.

 

Es tu amor el que tanto te obliga

bajarte hasta el hombre,

y a tu Esencia mi boca le diga

cuál sea tu nombre.

 

Te es forzoso rasgarte el abismo

si mío ser quieres,

y si quieres vivir en ti mismo

ya mío no eres.

 

Al crearnos para tu servicio

buscas libertad,

sacudirte del recio suplicio

de la eternidad.

 

Si he de ser, como quieres, figura

y flor de tu gloria,

hazte, ¡oh, Tu Creador, criatura

rendido a la historia!

 

Libre ya de tu cerco divino

por nosotros estás,

sin nosotros sería tu sino

o siempre o jamás.

 

Por gustar, ¡oh, Impasible!, la pena

quisiste penar,

te faltaba el dolor que enajena

para más gozar.

 

Y probaste el sufrir y sufriste

vil muerte en la cruz,

y al espejo del hombre te viste

bajo nueva luz.

 

Y al sentirte anhelar bajo el yugo

del eterno Amor,

nos da al Padre y nos mata al verdugo

el común Dolor.

 

Si has de ser, ¡oh, mi Dios!, un Dios vivo

y no idea pura,

en tu obra te rinde cautivo

de tu criatura.

 

Al crear, Creador, quedas preso

de tu creación,

mas así te libertas del peso

de tu corazón.

 

Son tu pan los humanos anhelos,

es tu agua la fe;

yo te mando, Señor, a los cielos

con mi amor, mi sed.

 

Es la sed insaciable y ardiente

de sólo verdad;

dame, ¡oh, Dios!, a beber en la fuente

de tu eternidad.

 

Méteme, Padre eterno, en tu pecho,

misterioso hogar,

dormiré allí, pues vengo deshecho

del duro bregar.

 

 

SONETOS

 

1

 

La oración del ateo

 

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,

y en tu nada recoge estas mis quejas,

Tú que a los pobres hombres nunca dejas

sin consuelo de engaño. No resistes

 

a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.

Cuando Tú de mi mente más te alejas,

más recuerdo las plácidas consejas

con que mi ama endulzóme noches tristes.

 

¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande

que no eres sino Idea; es muy angosta

la realidad por mucho que se expande

 

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,

Dios no existente, pues si Tú existieras

existiría yo también de veras.

 

 

2

 

Mi Dios hereje

 

Aunque ellos me maldigan qué me importa

si me bendices Tú, mi Dios hereje;

tu santa diestra mi destino teje

y Tú me enseñas que la vida es corta

 

y muy larga la muerte. Me conforta

Tu silencio mandándome no ceje

que lanzar a este viento que nos mece

mi voz que a inquietarse les exhorta.

 

Mientras de mí, Señor, Tú no recabes

que aquel nuestro secreto al fin divulgue

yo de ellos no me quejo, ya lo sabes,

 

y encuentro natural se me excomulgue;

muy justo es que la Iglesia con las llaves

del Pescador rascándose se espulgue.

 

 

3

 

Razón y fe

 

Levanta de la fe el blanco estandarte

sobre el polvo que cubre la batalla

mientras la ciencia parlotea, y calla

y oye sabiduría y obra el arte.

 

Hay que vivir y fuerza es esforzarte

a pelear contra la vil canalla

que se anima al restalle de la tralla,

y ¡hay que morir! exclama. Pon tu parte

 

y la de Dios espera, que abomina

del que cede. Tu ensangrentada huella

por los mortales campos encamina

 

hacia el fulgor de tu eternal estrella;

hay que ganar la vida que no fina,

con razón, sin razón o contra ella.

 

 

4

 

Señor, no me desprecies...

 

Señor, no me desprecies y conmigo

lucha; que sienta, al quebrantar tu mano

la mía, que me tratas como a hermano,

Padre, pues beligerancia consigo

 

de tu parte; esa lucha es la testigo

del origen divino de lo humano.

Luchando así comprendo que el arcano

de tu poder es de mi fe el abrigo.

 

Dime, Señor, tu nombre, pues la brega

toda esta noche de la vida dura

y del albor la hora luego llega;

 

me has desarmado ya de mi armadura,

y el alma, así vencida, no sosiega

hasta que salga de esta senda oscura.

 

 

5

 

 

La unión con Dios

 

Querría, Dios, querer lo que no quiero;

fundirme en Ti, perdiendo mi persona,

este terrible yo por el que muero

y que mi mundo en derredor encona.

 

Si tu mano derecha me abandona,

¿qué será de mi suerte? Prisionero

quedaré de mí mismo; no perdona

la nada al hombre, su hijo, y nada espero.

 

"¡Se haga tu voluntad, Padre!"-repito-

al levantar y al acostarse el día,

buscando conformarme a tu mandato,

 

pero dentro de mí resuena el grito

del eterno Luzbel, del que quería

ser, ser de veras, ¡fiero desacato!

 

 

6

 

El fracaso de la vida

 

Cuando el alma recuerda la esperanza

de que nutrió su juventud comprende

que la vida es engaño y luego emprende

soñar que fue lo que no fuera; avanza

 

así con sus ensueños, mas no alcanza

lo que esperó; soñando se defiende

y llega al fin Aquella que nos prende

con el lazo de la última membranza.

 

Para ver la verdad no hay mejor lumbre

que la lumbre que sube del ocaso,

y que luego el verdor trueca en herrumbre:

 

lanzadera fatal urde el acaso

de la vida en la trama la costumbre:

toda vida a la postre es un fracaso.

 

 

7

 

La mar ciñe

 

La mar ciñe a la noche en su regazo

y la noche a la mar; la luna, ausente;

se besan en los ojos y en la frente;

los besos dejan misterioso trazo.

 

Derrítense después en un abrazo,

tiritan las estrellas con ardiente

pasión de mero amor y el alma siente

que noche y mar se enredan en su lazo.

 

Y se baña en la obscura lejanía

de su germen eterno, de su origen,

cuando con ella Dios amanecía,

 

y aunque los necios sabios leyes fijen,

ve la piedad del alma la anarquía

y que leyes no son las que nos rigen.

 

 

8

 

Horas serenas

 

Horas serenas del ocaso breve,

cuando la mar se abraza con el cielo

y se despierta el inmortal anhelo

que al fundirse la lumbre, lumbre bebe.

 

Copos perdidos de encendida nieve,

las estrellas se posan en el suelo

de la noche celeste, y su consuelo

nos dan piadosas con su brillo leve.

 

Como en concha sutil perla perdida,

lágrima de las olas gemebundas,

entre el cielo y la mar sobrecogida

 

el alma cuaja luces moribundas

y recoge en el lecho de su vida

el poso de sus penas más profundas.

 

 

9

 

Es una antorcha

 

Es una antorcha al aire esta palmera,

verde llama que busca al sol desnudo

para beberle sangre; en cada nudo

de su tronco cuajó una primavera.

 

Sin bretes ni eslabones, altanera

y erguida, pisa el yermo seco y rudo;

para la miel del cielo es un embudo

la copa de sus venas, sin madera.

 

No se retuerce ni se quiebra al cuelo;

no hay sombra en su follaje, es luz cuajada

que en ofrenda de amor se alarga al cielo,

 

la sangre de un volcán que enamorada

del padre Sol, se revistió de anhelo

y se ofrece, columna, a su morada.

 

 

10

 

La estrella polar

 

Luciérnaga celeste, humilde estrella

de navegante guía: la Boquilla

de la Bocina que a hurtadillas brilla,

violeta de luz, pobre centella

 

del hogar del espacio; ínfima huella

del paso del Señor; gran maravilla

que broche del vencejo en la gavilla

de mies de soles, sólo ella los sella.

 

Era al girar del universo quicio

basado en nuestra tierra; fiel contraste

del Hombre Dios y de su sacrificio.

 

Copérnico, Copérnico, robaste

a la fe humana su más alto oficio

y diste así con su esperanza al traste.

Tomado de:

http://www.los-poetas.com/k/unam1.htm

 

 

El armador aquel de casas rústicas...

 

                                                                              Mateo, cap. XIII, II - Corán III, 6.

 

El armador aquel de casas rústicas

habló desde la barca:

ellos, sobre la grava de la orilla,

él flotando en las aguas.

 

Y la brisa del lago recogía

de su boca parábolas

ojos que ven, oídos que oyen gozan

de bienaventuranza.

 

Recién nacían por el aire claro

las semillas aladas,

el Sol las revestía con sus rayos,

la brisa las cunaba.

 

Hasta que al fin cayeron en un libro,

¡ay tragedia del alma!:

ellos tumbados en la grava seca,

y él flotando en el agua.

 

 

En horas de insomnio

 

Me voy de aquí, no quiero más oírme;

de mi voz toda voz suéname a eco,

ya falta así de confesor, si peco

se me escapa el poder arrepentirme.

 

No hallo fuera de mí en que me afirme

nada de humano y me resulto hueco;

si esta cárcel por otra al fin no trueco

en mi vacío acabaré de hundirme.

 

Oh triste soledad, la del engaño

de creerse en humana compañía

moviéndose entre espejos, ermitaño.

 

He ido muriendo hasta llegar al día

en que espejo de espejos, soy me extraño

a mí mismo y descubro no vivía.

 

 

En un cementerio de lugar castellano

 

Corral de muertos, entre pobres tapias,

hechas también de barro,

pobre corral donde la hoz no siega,

sólo una cruz, en el desierto campo

señala tu destino.

Junto a esas tapias buscan el amparo

del hostigo del cierzo las ovejas

al pasar trashumantes en rebaño,

y en ellas rompen de la vana historia,

como las olas, los rumores vanos.

Como un islote en junio,

te ciñe el mar dorado

de las espigas que a la brisa ondean,

y canta sobre ti la alondra el canto

de la cosecha.

Cuando baja en la lluvia el cielo al campo

baja también sobre la santa hierba

donde la hoz no corta,

de tu rincón, ¡pobre corral de muertos!,

y sienten en sus huesos el reclamo

del riego de la vida.

Salvan tus cercas de mampuesto y barro

las aladas semillas,

o te las llevan con piedad los pájaros,

y crecen escondidas amapolas,

clavelinas, magarzas, brezos, cardos,

entre arrumbadas cruces,

no más que de las aves libres pasto.

Cavan tan sólo en tu maleza brava,

corral sagrado,

para de un alma que sufrió en el mundo

sembrar el grano;

luego sobre esa siembra

¡barbecho largo!

Cerca de ti el camino de los vivos,

no como tú, con tapias, no cercado,

por donde van y vienen,

ya riendo o llorando,

¡rompiendo con sus risas o sus lloros

el silencio inmortal de tu cercado!

Después que lento el sol tomó ya tierra,

y sube al cielo el páramo

a la hora del recuerdo,

al toque de oraciones y descanso,

la tosca cruz de piedra

de tus tapias de barro

queda, como un guardián que nunca duerme,

de la campiña el sueño vigilando.

No hay cruz sobre la iglesia de los vivos,

en torno de la cual duerme el poblado;

la cruz, cual perro fiel, ampara el sueño

de los muertos al cielo acorralados.

¡Y desde el cielo de la noche, Cristo,

el Pastor Soberano,

con infinitos ojos centelleantes,

recuenta las ovejas del rebaño!

¡Pobre corral de muertos entre tapias

hechas del mismo barro,

sólo una cruz distingue tu destino

en la desierta soledad del campo!

 

 

Es una antorcha al aire esta palmera...

 

Es una antorcha al aire esta palmera,

verde llama que busca al sol desnudo

para beberle sangre; en cada nudo

de su tronco cuajó una primavera.

 

Sin bretes ni eslabones, altanera

y erguida, pisa el yermo seco y rudo;

para la miel del cielo es un embudo

la copa de sus venas, sin madera.

 

No se retuerce ni se quiebra al suelo;

no hay sombra en su follaje; es luz cuajada

que en ofrenda de amor se alarga al cielo;

 

La sangre de un volcán que enamorada

del padre sol se revistió de anhelo

y se ofrece, columna, a su morada.

 

 

Hasta que se me fue no he descubierto...

 

Hasta que se me fue no he descubierto

todo lo que la quise;

yo creía quererla; no sabía

lo que es de amor morirse.

Era como algo mío entonces, era

costumbre..., que se dice...;

pero hoy soy suyo yo, soy de la muerte

a quien nadie resiste.

 

Al irse nació en mí... ¡no!, que en torturas

en ella nací al írseme;

lo que creí yo sueño era la vela;

he nacido al morirme.

 

Por fin ya sé quién soy... no lo sabía...

¿Lo sé? ¿Quién sabe en este mundo triste?

¿Hay quién sepa lo que es saber y entienda

lo que la nada dice?

 

Mi madre nació en mí en aquel día

que se me fue Teresa... Madre, dime

de dónde vine, adónde voy perdido,

por qué al amor me diste...

 

 

Hay ojos que miran, -hay ojos que sueñan...

 

Hay ojos que miran, -hay ojos que sueñan,

hay ojos que llaman, -hay ojos que esperan,

hay ojos que ríen -risa placentera,

hay ojos que lloran -con llanto de pena,

unos hacia adentro -otros hacia fuera.

 

Son como las flores -que cría la tierra.

Mas tus ojos verdes, -mi eterna Teresa,

los que están haciendo -tu mano de hierba,

me miran, me sueñan, -me llaman, me esperan,

me ríen rientes -risa placentera,

me lloran llorosos -con llanto de pena,

desde tierra adentro, -desde tierra afuera.

 

En tus ojos nazco, -tus ojos me crean,

vivo yo en tus ojos -el sol de mi esfera,

en tus ojos muero, -mi casa y vereda,

tus ojos mi tumba, -tus ojos mi tierra.

 

 

Horas serenas del ocaso breve...

 

Horas serenas del ocaso breve,

cuando la mar se abraza con el cielo

y se despiertas el inmortal anhelo

que al fundirse la lumbre, la lumbre bebe.

 

Copos perdidos de encendida nieve,

las estrellas se posan en el suelo

de la noche celeste, y su consuelo

nos dan piadosas con su brillo leve.

 

Como en concha sutil perla perdida,

lágrima de las olas gemebundas,

entre el cielo y la mar sobrecogida

 

el alma cuaja luces moribundas

y recoge en el lecho de su vida

el poso de sus penas más profundas.

Tomado de:

https://amediavoz.com/unamuno.htm

 

 

Muerte

Eres sueño de un dios; cuando despierte

¿al seno tornarás de que surgiste?

¿Serás al cabo lo que un día fuiste?

¿Parto de desnacer será tu muerte?

 

¿El sueño yace en la vigilia inerte?

Por dicha aquí el misterio nos asiste;

para remedio de la vida triste,

secreto inquebrantable es nuestra suerte.

 

Deja en la niebla hundido tu futuro

y ve tranquilo a dar tu último paso,

que cuanto menos luz, vas más seguro.

 

¿Aurora de otro mundo es nuestro ocaso?

Sueña, alma mía, en tu sendero oscuro:

“Morir… dormir… dormir… soñar acaso!”

 

 

A Federico García Lorca

Español, español,

saca los pechos y ponte al sol!

Llévate a cuestas la casa;

el vivido es lo que pasa

y se queda el porvivir.

Mañana será otro día;

cada día su alegría

con su pena de sufrir.

Cada día su mañana

con la santísima gana

de cantar.

¿Quién nos quita lo vivido?

En el seno del olvido

el descanso de soñar!

 

 

Credo poético

Piensa el sentimiento, siente el pensamiento;

que tus cantos tengan nidos en la tierra,

y que cuando en vuelo a los cielos suban

tras las nubes no se pierdan.

Peso necesitan, en las alas peso

la columna de humo se disipa entera,

algo que no es música es la poesía,

la pesada sólo queda.

Lo pensado es, no lo dudes, lo sentido.

¿Sentimiento puro? Quien en ello crea,

de la fuente del sentir nunca ha llegado

a la vida y honda vena.

No te cuides en exceso del ropaje,

de escultor, no de sastre es tu tarea,

no te olvides de que nunca más hermosa

que desnuda está la idea.

No el que un alma encarna en carne, ten presente,

no el que forma da a la idea es el poeta

sino que es el que alma encuentra tras la carne,

tras la forma encuentra idea.

De las fórmulas la broza es lo que hace

que nos vele la verdad, torpe, la ciencia;

la desnudas con tus manos y tus ojos

gozarán de su belleza.

Busca líneas de desnudo, que aunque trates

de envolvernos en lo vago de la niebla,

aún la niebla tiene líneas y se esculpe;

ten, pues, ojo, no las pierdas.

Que tus cantos sean cantos esculpidos,

ancla en tierra mientras tanto que se elevan,

el lenguaje es ante todo pensamiento,

y es pensada su belleza.

Sujetemos en verdades del espíritu

las entrañas de las formas pasajeras,

que la Idea reine en todo soberana;

esculpamos, pues, la niebla.

Tomado de:

https://ciudadseva.com/autor/miguel-de-unamuno/poemas/