Alba
antes de que amanezca aquí estarás
y Dante y el Logos y todos los estratos y misterios
y la luna marcada
allende el blanco plano de la música
que establezcas aquí antes del alba
solemne suave seda cantarina
inclínate hacia el negro firmamento de areca
lluvia sobre bambúes flor de humo callejuela de sauces
quienes, aunque te inclines con dedos compasivos
para abonar el polvo
en nada aumentarán tu generosidad
cuya belleza ante mí será como un sudario
informe de sí misma que se extiende sobre la tempestad
de los emblemas
de modo que no hay sol ni hay revelaciones
ni víctima tampoco
yo solamente y el sudario luego
y un bulto muerto ya
Los huesos de eco
Asilo bajo mis huellas todo este día
sus sordas francachelas mientras la carne cae
hendiendo sin temor ni viento favorable
guantílopes del sentido y el absurdo transcurren
tomados por los gusanos por lo que en verdad son
Malacoda
tres veces vino
el hombre de las pompas fúnebres
impasible bajo el bombín de piel
para medir
¿no está acaso pagado para medir?
a este incorruptible en el vestíbulo
a este malebranca que los lirios cubren hasta las
rodillas
Malacoda con lirios hasta las rodillas
Malacoda no obstante el experto terror
que felpa su perineo extingue su señal
suspirando hacia arriba por el aire pesado
¿debe ser así? debe ser debe ser
encuentra los crespones cógelos del jardín
escuchar puede ver, pero no es necesario
sepultar en el féretro
con unos ayudantes ungulata
encuentra los yerbajos reclama su atención
escuchar debe ver, pero no es necesario
cubrir
estar seguro de cubrir cubrirlo todo por encima
tu escudo déjame coge tu azufre
vidrio canicular divino hermoseado
espera Scarmilion espera espera
coloca este Huysum en la caja
y observa bien la imago eso es él
escuchar debe ver ella debe
todos a bordo todos los espíritus
a media asta sí sí
no
Por ahí
por ahí
un grito lejano
para alguien
tan pequeño
bellos narcisos
luego marzo
luego ahí
luego ahí
entonces desde ahí
narcisos
otra vez
luego marzo
otra vez
para alguien
tan pequeño
Tomado de:
https://www.zendalibros.com/5-poemas-samuel-beckett/
1. Vienen...
vienen
diferente e iguales
con cada una es diferente y es igual
con cada una la ausencia de amor es diferente
con cada una la ausencia de amor es igual
vienen
diferentes e idénticas
con cada una es diferente y es lo mismo
con cada una la ausencia de amor es diferente
con cada una la ausencia de amor es la misma
2. Para ella el acto sosegado...
para ella el acto sosegado
los poros sabios el sexo inocentón
la espera no muy lenta los lamentos no demasiado largos
la ausencia
al servicio de la presencia
los pocos jirones de azul en la cabeza las punzadas al
fin muertas del corazón
toda la gracia tardía de una lluvia que cesa
con la caída de una noche
de agosto
para ella vacía
él puro
de amor
3. Estar ahí sin dientes y mandíbulas...
estar ahí sin dientes ni mandíbulas
adónde se va el gozo de perder
con el apenas inferior
de ganar
y Roscelin y esperamos
adverbio oh regalito
vacío vacío salvo jirones de canción
padre me dio un marido
o al arreglar las flores
que moje cuanto quiera
hasta la elegía
de los zuecos herrados aún lejos de Les Halles
o el agua de la canalla apestando por las tuberías
o nada más que moje
porque es así
que pula lo superfluo
y venga
con la boca idiota y la mano hormigueante
a la cavidad hundida alojo que escucha
lejanos tijeretazos argentinos
4. Ascensión
a través del estrecho tabique
ese día en que un hijo
pródigo a su manera
volvió con su familia
oigo la voz
conmovida comenta
la copa del mundo de fútbol
siempre demasiado joven
al mismo tiempo por la ventana abierta
por los aires a secas
sordamente
la marejada de los fieles
su sangre salpicó en abundancia
sobre las sábanas sobre los olorosos guisantes y sobre
su amigo
con dedos asquerosos cerró él las pupilas
sobre sus grandes ojos verdes sorprendidos
ella gira ligera
sobre mi tumba de aire
5. La mosca
entre la escena y yo
el cristal
vacío salvo ella
vientre a tierra
ceñida por sus negras tripas
antenas enloquecidas alas atadas
patas ganchudas boca sorbiendo en el vacío
sableando el azul aplastándose contra lo invisible
impotente bajo mi pulgar hace que zozobren
el mar y el cielo sereno
6. Música de la indiferencia...
música de la indiferencia
corazón tiempo aire fuego arena
del silencio desmoronamiento de amores
cubre sus voces y que
no me oiga ya
callarme
7. Bebe solo...
bebe solo
come quema fornica revienta solo como antes
los ausentes ya muertos los presentes apestan
saca tus ojos vuélvelos sobre las cañas
discuten quizás ellos y los ays
no importa existe el viento
y el estado de vela
Versión de Jenaro Talens
Tomado de:
http://amediavoz.com/beckett.htm
Cascando
1
por qué no simplemente no esperar
a ser ocasión de
un vertedero de palabras
¿no es mejor abortar que ser estéril?
después de tu partida las horas son tan tristes
siempre empiezan a rastras demasiado pronto
los garfios desgarrando con ceguedad el lecho de
miseria
rescatando los huesos los amores antiguos
cuencas una vez llenas con ojos como tuyos
¿es mejor siempre demasiado pronto que jamás?
negra necesidad salpicando los rostros
diciendo una vez más nunca flotó lo amado nueve días
ni nueve meses
ni nueve vidas
2
diciendo una vez más
si no me enseñas tú no aprenderé
diciendo una vez más existe un último
atardecer de últimas veces
últimas veces de mendigar
últimas veces de amar
de saber no saber simular
un último atardecer de últimas veces de decir
si no me amas nunca seré amado
si no te amo ya no amaré nunca
un batir de palabras gastadas una vez más en el corazón
amor amor amor golpe de un émbolo antiquísimo
moliendo el suero inalterable
de las palabras
una vez más aterrado
de no amar
de amar pero no a ti
de ser amado y no por ti
de saber no saber simular
simular
yo y todos los otros que te amen
si te aman
3
a menos que te amen
Whoroscope (Horóscoño) su primer poema
¿Qué es esto?
¿Un huevo?
Por los hermanos Boot, apesta a fresco.
Dáselo a Gillot.
Cómo estás, Galileo,
¡y sus terceras sucesivas!
¡Asqueroso viejo nivelador copernicano hijo de
vivandera!
Nos movemos, dijo, al fin nos marchamos- ¡Porca
Madonna!
como un contramaestre o un Pretendiente saco-de-patatas
cargando
contra el enemigo.
Esto no es moverse, sino conmoverse.
¿Qué es esto?
¿Una tortilla acerba o una que ha florecido?
¡Dos ovarios revueltos con prosticiutto?
¿Cuánto tiempo lo invaginó, la emplumada?
¿Tres días y cuatro noches?
Dáselo a Gillot.
Faulhaber, Beeckman y Pedro el Rojo
venid ahora en un alud de nubarrones o en la cristalina
nube de
Gassendi, roja como el sol,
y os limaré todas vuestras gallinas-y-medio
o limaré una lente bajo el edredón en la mitad del día.
Pensar que era él, mi propio hermano, Pedro el Bravucón
y que no usaba de silogismo alguno
como si Papi aún estuviera con vida.
¡Ea!, pásame esa calderilla,
¡dulce sudor molido de mi hígado ardiente!
¡Qué días aquéllos, sentados al lado de la estufa,
arrojando jesuitas
por el tragaluz!
¿Y ése, quién es? ¿Hals?
Que espere.
¡Mi adorable bizquita!
Yo me escondía y me buscabas.
¡Y Francine, precioso fruto mío de un feto
casa-y-gabinete!
¡Vaya una exfoliación!
¡Su pequeña epidermis grisácea y desollada, y rojas las
amígdalas!
Hija única mía
Azotada por la fiebre hasta en el turbio restañar de su
sangre…
¡sangre!
¡Oh, Harvey de mi corazón!
¿qué harán los rojos y los blancos, los muchos en los
pocos
(querido Harvey sangre-girador)
para arremolinarse por este batidor resquebrajado?
Y el cuarto Enrique llegó a la cripta de la flecha.
¿Qué es esto?
¿Desde cuándo?
Incúbalo.
Un viento de maldad empujaba la desesperación de mi
sosiego
contra las escarpadas cimas de la señora
única:
no una vez ni dos, sino…
(¡Burdel de Cristo, empóllalo!)
en una sola anegación de sol.
(Jesuitastros, copien, por favor.)
Por lo tanto adelante con las medias de seda sobre el
traje de punto
y
la piel mórbida…
qué estoy diciendo, la suave tela…
y vámonos a Ancona, sobre el brillante Adriático,
y adiós unos instantes a la amarilla llave de los
Rosacruces.
Ellos no saben qué es lo que hizo el dueño de todos los
que hacen,
que a la nariz le toca el beso del aire todo fétido y
fragante
y a los tímpanos, y al trono del orificio fecal
y a los ojos su zigzag.
De esta manera Le bebemos y Le comemos
y el Beaune aguado y los duros cubitos de pan Bimbo
porque Él puede danzar
igual cerca que lejos de Su Esencia Danzante
y tan triste o tan vivo como requiere el cáliz, la
bandeja.
¿Qué te parece, Antonio?
¡En el nombre de Bacon, me empollaréis el huevo!
¿O deberé tragarme fantasmas de caverna?
¡Anna María!
Ella lee a Moisés y dice que su amor está crucificado.
¡Leider! ¡Leider! Florecía pero se marchitó,
pálido y abusivo periquito en el escaparate de una
calle mayor.
No, si creo desde el Principio a la última palabra, te
lo juro.
¡Fallor, ergo sum!
viejo frôleur esquivo
Toll-ó y legg-ó
y se abrochó el chaleco de redentorista.
No importa, pasémoslo por alto.
Soy un niño atrevido, ya lo sé,
luego no soy mi hijo
(aunque fuese portero)
ni el de Joaquín mi padre,
sino astilla de un palo perfecto que no es viejo ni
nuevo
pétalo solitario de una gran rosa, alta y
resplandeciente.
¿Estás maduro al fin
pálido y esbelto tordo mío, de seno desdoblado?
¡Qué ricamente huele
este aborto de volantón!
Lo comeré con tenedor para pescado.
Clara y plumas y yema.
Me alzaré luego y empezaré a moverme
hacia Raab de las nieves,
la matinal amazona asesina confesada por el papa,
Cristina la destripadora.
Oh Weulles, no derrames la sangre de un franco
que ha subido los peldaños amargos
(René du Perron…)
y otórgame mi hora
segunda inescrutable sin estrellas.
Versión de Jenaro Talens:
“Escrito en el verano de 1930 para participar en un
concurso de poesía sobre
el tema del Tiempo, organizado por Nancy Cunard, con un
premio de 10 libras,
que ganó
Muerte de A. D.
y ahí estar ahí aún ahí
apretado a mi vieja tabla picada en negro como de
viruela
durante días y noches molidos ciegamente
de estar ahí de no huir y huir y estar ahí
inclinado a confesar un tiempo que agoniza
haber sido lo que fue hecho lo que hizo
de mí de mi amigo muerto en el día de ayer con el ojo
brillante
con los dientes largos jadeando en su barba
devorando la vida de los santos una vida por día de
vida
reviviendo de noche sus negros pecados
muerto ayer mientras que yo vivía
y estar allí bebiendo por encima de la tormenta
la culpa del tiempo irremisible
aferrado a la vieja madera testigo de partidas
testigo de regresos
Tomado de:
https://poesiamaspoesia.com/83-poesia-mas-poesia-samuel-beckett/
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