sábado, 8 de enero de 2022

POEMAS DE CLEMENTINA ARDERÍU

 



CANCIÓN

 

Canto por el gozo que me hace cantar

y para que me tome quien me quisiera;

canto porque no puedo guardar

tanta alegría en mi casa.

 

Toda por todos y tal y como soy,

que otra guisa no sabría;

toda por todos en mi canción

sobre la tierra donde yo nacía.

 

Encima la tierra que levanta un clamor

y desgaja el velo que lo oprimía,

ya las hermanas da un ramo

del olivo que florecía.

 

¡Canto, que en ninguna parte del mundo donde fuera

cantar como ahora no podría!

 

 

ELEGÍA

 

Mendigo merced de amor

y yo tengo el alma llena:

reposáis, no todo lo lleva

     viento sonoro.

 

Si el amor no fuera como es,

ahora el don yo os haría:

yo pudiera darte magia,

     si pudiera.

 

Fuera por mí que el gran consuelo

pudiera sentarte cerca

y ser amigo y amada a la hora

     que estáis solo.

 

Decía yo que su lamento

“sin amigo y sin amada”

tanto me había desquiciado-

     ya hace un año.

 

Pero una duda me estremeció

y la pluma no fue libre;

ahora que habéis dejado vivir

     ya lo puedo decir.

 

LOS OJOS

 

Amo los ojos de todo viviente

por encima de toda cosa:

no hay molestia lo

suficientemente deslizante

que me aleje de los ojos de la gente.

 

Si el maligno quiere tentarme,

yo sé lo suficiente como lo haría:

sentiría

que un mirar

ya me tiene toda y me toma y se va.

 

No valdría ningún consuelo,

penitencia, velos ni ceniza;

sino tomar

nuevo consuelo

de otros ojos que me captaran en el vuelo.

 

¿No es suficiente esta mirada

- ¿quién diría la dulzura? -

que fulgura

y me es parte.

¡Tus ojos, amado mío, Dios te los guardo!

 

Que no es suficiente, tanto como lo quiero,

para salvarme. La encantadora

solitaria

de un abuelo

dentro de cada ojo todos nosotros tenemos.

 

Y yo busco el fondo gemido

donde se escurre un agua mansa,

y no me cansa

el combate,

mal la basura me hubiera ya herido.

 

Ojos que buscan otros ojos,

ojos como locas brimaradas,

vergüenzas

y arroyos;

y los discretos y los pregones tristes ojos.

 

Son los ojos de todo viviente

una buena, hermosa cosa,

sin estorbo.

Vagamente

siento en mí todos los ojos de la gente.

 

 

CELOSÍA

 

Duda no, que malversa el caudal

hacinado de buena hora en mi vía.

Quede sin embargo Celos, que vale

tanto como amor y le hace compañía.

     Con quien me parto el pan y la sal,

     duda no, Celos.

 

Ella fue quien me derramó en el corazón

sombra de muerte al saberme amorosa.

Y yo en mis brazos le apriesto más fuerte

desde que nos ronda la muerte belicosa.

     Los celos de la muerte,

     la llevo en el corazón infundida.

 

¡Oh la mirada de que barreras no teme

y mira a relucir un seno capullo!

Duda vil, tú vas haciendo alzaprem:

él encontraría otro seno más hermoso?

     Mis celos son de bello temple,

     es glavi y es rodaja.

 

Amistad me lo hurtó suficientemente;

él, el amado, del amigo fue la presa.

Mas Celos se enderezaba atento:

“Tómalo si te leve, pero teme acometida”.

     Sea amistad un fuego ardiente

     y yo la brasa encendida.

 

Y también llamaría a combate

esa fuerza que se mueve en su testa.

Ningún pensamiento saldrá del cerrado

que no lo captara Celosía tormenta.

     Si Celos es mi hado,

     yo me haré una fiesta.

 

 

Musicado por Pau Riba en el disco De Riba a Riba

 

 

CANCIÓN DEL PRESENTIMIENTO

 

Si presento la mudanza en

medio de mi costumbre,

es que algo danza.

¿Será niebla, será luz?

 

Ahora soy como el que se lanza

dentro de la nave al mar profundo: lo

suficiente la ruta está en su piensa,

pero el fin, ¿quién sabe dónde?

 

Esperanza no me molesta,

me ha llevado siempre a buen camino,

y al hablarme ella algo

tenía que cumplirme.

 

Por eso tengo alegría

sin que sepa nada cierto:

mensajero que ella me envía

su mensaje ya ha cumplido.

 

 

canto y palabras

 

 

MI CANTO

 

De no cantar

yo me entristecía:

para mí es el canto

tal como el pan

de cada día.

 

Es una trampa,

una herida.

Cada canción se

lleva un tinto

de mano florida.

 

Pero ¿qué hace,

qué mal habría?

Yo, de mi canto,

quiero adornar

toda mi vía.

 

 

CANCIÓN

 

Si yo te tuviera noche y mañana

     siempre en mi danza,

 

si yo te supiera atado a mí

     sin mudanza,

 

¿fuera el amor como ahora es,

     tan dulce y fina?

 

Sin la angustia de un después

     que la envenena,

 

la hora que huye, a pesar del ruido,

     sería hada,

 

tal como la come que no se cuece

     especiada.

 

 

EL SALTA

 

El primer paso fue rabiente,

como quien se deshace de una lazada;

y era la boca sonriendo

y era la mejilla coloreada.

El primer paso llevó cien

y empezaba la subida.

 

Adiós, amado, por este camino

no puedes seguirme.

 

No fuera los macs, el bochorno

y esa avispa que rondina…

Pero aquí arriba hay más claridad,

el pecho respira el aura fina.

Si giro los ojos, ¡qué temblor!,

el camino hecho ni se adivina.

 

Poco podrás conseguirme,

sin camino.

 

¿Qué hay ahí arriba y qué haré?

Me han dicho de un salto y eso me quita;

la angustia siento que me detiene

cuando ya no puedo volver atrás.

Arriba, que todavía tengo que ser

más pesantilla y cancionera.

 

Sólo espérame al final

de mi camino.

 

El horror del vacío me ha revuelto:

ni quiere, ni paso, ni esfuerzo de los brazos;

sólo la Muerte por vecindario

que me sedasea con mil sedazos.

Abajo los ojos del amado

y, como imanes, dos brazos.

 

¡Cómo eres fuerte para sentir

mi gemir!

 

Vino el gran grito, y ya el valle

soleado me retomaba:

quietamente yo estaba debajo

de un lienzo de rosa y satalia.

A mi lado yacía el broche

de tanto amor como yo tenía.

 

Amat, ¿qué importa el mal camino

si ya tenemos al niño aquí?

 

 

CUATRO

 

Profundidad de pensamiento:

angustia.

¡Mundo arropado, mortal!

Mañana la casa será coja

de mí. ¿Y el alma?

¿Inmortal?

 

Extremaremos de amor el juego.

Esposa

fértil de ingenio osado

sereno. El amor como una rosa

sola. Por árbitro,

libertad.

 

Reconcilias mi instinto,

revuelta,

con la razón que procede,

y madre soy de repente.

¡Niño, tú reías, y

qué paz!

 

Secularmente mujer y destino

andan:

las Parques van hilando.

Un lugar en el mundo, el mío, y finan

reproches. Los sueños no

valen tanto.

 

 

HIJO

 

Como salvaje engelosida

     por el cachorro,

yo la vida pasaría

     junto a él.

 

     Hola, cachorro, ¡

     dame el anillo

     picapedrero!

 

Arremetería con urco de guerra a

     toda gente

y ma diente lo guardaría

     de otro diente.

 

     “Dentito diente”,

     dirá la gente;

     y tú, contento.

 

 

Musicado por Pau Riba en el disco De Riba a Riba

 

CANCIÓN DEL DÍA INÚTIL

 

Este día que fina, que fina

lentamente, como la lámpara en el vaso,

no me llevó la alegría divina,

ni de mí hizo caso.

 

Me dejó en la cámara profunda

como un gótil inútil y viejo,

entre los muebles que hacen la redonda

y las moscas que me buscan la piel.

 

No tuvo ni la exigua sorpresa

de una lluvia o de un viento displicente;

no movió la cortina dañada

ni en el sol puso empañamiento.

 

Fue sólo como el mesón losado

a las cosas que hierven dentro

y un crujir de vianda quemada

y un olor a fermentos y vinos.

 

Como el día que fina, que fina,

no querría ninguno más a mi paso;

si en mi corazón no puso ninguna espina,

hizo mi sangre un poco de galzo.

 

 

(Recitado por sí misma en el disco La voz de los poetas

 

ALEGRÍA

 

Corazón mío, soleada

turbulencia roja:

plenitud que salta

desbridada y folla. ¡

Alegría! Bandera

coronando la torre-

andamios no hacen falta

ni cuerdas ni rosas...

 

Rueda, rueda, rueda,

animata mía,

no secreta, honda...

Busca, mira, habla,

ciñe graciosa,

domina y acaba

con tu pura fuerza

mi ventura...

 

Intactas las horas

me hagan corona.

 

 

siempre y ahora

 

 

Barcelonina

soy más que nunca;

¿qué se me da

del claro desmadre, y

de las arboledas

junto a la corriente?

Del agua dócil

del río, ¿qué hago,

sin la ufana

de abril y mayo

y el aire tibio

de mi jardín?

 

 

CORRANDA

 

No me mires, que no soy nada

y tu mirar me inquieta;

si me miras, pone en los ojos

cortinas de amanecer primero.

 

 

CANCIÓN DE UNA CANCIÓN

 

Como la gacela vas

cerca del espejo del agua.

Si te lleva la sed,

te traiciona la imagen

-cerca el espejo del agua.

Mas no miras ni bebes,

que una hoja se movía,

y una voz percutió

la tirantez del aire

-cerca el espejo del agua.

 

     Ay canción, ¿cuándo volverás?

     ¿Hacia cuándo seré exaltada?

     Si desatas, al venir,

     tantas trabas mal atadas,

     volveré a menudo al bosque

     para sentirme enamorada.

 

Como la gacela vas

cerca del espejo del agua.

De escuchar haces puesto,

y las cosas callaban.

Cuando te levantes al cielo, ¡

oh canción esperanzada!,

sentiremos que eres por el corazón

-alimento inefable-

como un puro chorrito

junto al espejo del agua.

 

          Para la memoria de Lluís Millet

 

 

Musicado por Pau Riba en el disco De Riba en Riba

 

DE LA NOCHE Y EL MAR

 

Noche,

lleva secreta fuera del pecho,

no te cierra cerradura ni cuerda;

silencio que recuerda,

noche,

sólo rodeada de infinito.

 

Ve,

si tú te adelantas, yo luego

puedo abarcar la barca

-un ángel leve la marca;

haz

que yo navegue siempre más.

 

Noche,

con tu cielo de hito en hito

y la humedad amarga!

¡Con qué alegría larga,

pecho,

alentarás el mundo olvido!

 

Raro,

dentro de la noche, la vasta mar

poder surcar, libreta;

vivir en pleno corazón, alerta,

mar

y noche, la sal de su amparo!

 

 

Musicada por Pau Riba en el disco De Riba a Riba

 

CANCIÓN DEL RIESGO

 

Si vivo no vivo.

El amor del riesgo, ¡

cómo me apetecía!

No lo he buscado;

me la han dado

cuando no le quería.

Si vivo no vivo,

que temo el riesgo

y su mentira.

El cielo es de oro

y, ardiente, el corazón

no quiere ninguna brida.

Pero existe el riesgo:

si vivo no vivo.

Por una tregua,

por un olvido,

doy la inquietud

con llave y lieba.

No fuera el riesgo...

Si vivo no vivo.

Ve dondequiera,

pasa el mar

-¿por qué azar?-

el mar que rulla

trampas y riesgo.

Si vivo no vivo.

Ni mar ni tregua

ni el oro del cielo.

Mi raíz

si se tuerce, no se quita.

Porque, en el riesgo,

si vivo, no vivo.

Daré sombra,

daré flores,

fuera del vallado.

Trabajo sin número

dirá que vivo.

Cuando el gran riesgo

vendrá a toparme,

con corazón seguro,

sin nadie, ¡

sabré entregarme

al riesgo, al riesgo!

 

es decir

 

 

CANCIÓN

 

Tintada de verde, ¡

     primavera!

La rosa ya está

     en presencia;

la rosa ya es, ¡

     maravilla!,

rasga el sueño

     y late;

sólo hace falta un nombre

     por bandera.

 

 

SALTIMBANQUI

 

No voy a decir quién quieres ser tú.

Ahora saltas, ahora bailas;

con el ritmo y las sonajas

vas bombeando el tórax uno.

Ríe la gente.

                  Las postrimerías

serán tristes para alguien:

con el adiós de las risas,

cuando no quedará nadie,

saldrán todas las fallas.

¡Pobre cara, cuando ya callas!

-tuya o mía, todo es uno.

 

 

Musicada por Pau Riba en el disco De Riba a Riba

 

CANCIÓN DE ABRIL

 

¡Volveremos al sol-soleto!

¡Echa el brasero por la ventana,

tira la capa y el sombrero!

Que venga el sol como una fiesta

y ya no quiero sentirse más frío.

¡Oh, qué aire!

Ya las palabras toman alas

y no hace falta decirlas bajo voz,

que en pensamiento tengo mar y calas

y pierna desnuda hasta el pie.

Adiós, mimosas y villancicos:

claveles veréis.

Huya el invierno, huya el miedo.

¿Morir? Cuando no se arriesga demasiado.

Tenemos que salir de este rincón

-dejemos el pec y el cascarrabias:

salimos al aire germinal

con ojos de niño, que miran alto.

 

 

la esperanza todavía

 

 

ENFERMA

 

Enferma me ha dicho la gente,

enferma:

no por el aire ni el color

de la mejilla,

sino por mi verso languidecido.

 

Si nunca se sabe ausente,

enferma

bien podrá decirme la gente,

que ya un dolor de añoranza,

al pensar en ello, lentamente

me asalta.

 

 

INVOCACIÓN A LOS POETAS

 

Josep Carner, Blai, Rosselló,

Salvador Espriu por valedor,

quizás algún otro…

dame un toque en mi verso,

ponga fuego y un tintineo diverso

de cómo solía.

 

Últimamente, cuando he cantado,

un viento muy ácido me ha merodeado

muy cerca

y me ha erguido todo el pelo

mientras mis ojos veían rojo:

la boca en ceniza.

 

¡Ahora no quiero sino huir

que ya presento esa almohada

donde tengo que sentarme!

Quiero andar, quiero admirar,

que el mundo está lleno y un Dios hay.

¡Que pueda valerme!

 

La espalda derecha y da igual:

quiero la anciana pasar por alto.

Todo lo que me queda

 lo pondré en un fardo

pequeño; sólo el recuerdo de él en

el bastón me ponga.

 

Es loco, ríe, dirá la gente.

Y tú estarás, Carlos, contento,

que así querías.

Pido un toque, pido un tintineo,

sólo pensando en ti ya los tengo:

ya soy otra.

 

Tarareando y hojeando

daré aún más de un canto

al sol y al amanecer.

Mi poeta me ha valido,

que no para siempre le he perdido,

que lo tengo en el alma.

 

                                 1962

Tomado de:

http://magpoesia.mallorcaweb.com/arderiu/index.html

 

Canción de la hermosa confianza

A mi amado entregué

todas las llaves;

tengo a cambio las suyas,

y hechas las paces.

 

Pero queda una estancia,

en lo profundo,

donde entrar no podríamos

ni unos segundos.

 

¡Tantas fuerzas ocultas

y pensamientos,

libres a todas horas

hay allí dentro!

 

En vano intentaría

fisgar un poco:

una piedra no haría

tanto alboroto.

 

Bástenos una sombra,

leve rumor.

Y que él lleve sus cuentas

como hago yo.

 

 

El nombre

Clementina soy,

Clementina era.

 

Otro tiempo estuve

de temores llena:

mi nombre era largo

igual que una queja

y me hería el alma

si mis compañeras,

queriendo enojarme,

lanzaban sus flechas:

¡Qué bonito nombre!

-decía una de ellas-,

mas no es para ti:

nombre es de princesa.

Y mi nombre a otra

causaba extrañeza.

Yo dentro sentía

la envidia despierta

con sus claros nombres

de María o Pepa.

 

Clementina soy,

Clementina era.

 

Pero un año huye

y otro nos gobierna.

El nombre que antes

tímida me hiciera

y volvióse luego

dulce cantinela

en desnudo labio

-yo lo digo- era

de pronto mi honor,

maravilla era.

Para mí no hay nombre

más bello en la tierra

como el que el amado

muy dulce dijera

y en hondos rincones

de mi alma entra,

sube a mi cerebro

mis párpados cierra.

 

Del cielo de amor

caía una estrella

Ahora el nombre brilla

sobre mi cabeza.

 

Clementina soy,

Clementina era.

Tomado de:

https://www.poemas-del-alma.com/clementina-arderiu.htm

 

 

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