sábado, 11 de abril de 2020

POEMAS DE GEORGES RODENBACH


Georges Rodenbach (1855-1898) French author of La ville morte ...

(16 de julio de 1855, Tournai, Bélgica -  25 de diciembre de 1898, París, Francia)


Las líneas de la mano


I

La mano se enorgullece de su desnuda calma
y de ser rosada y lisa; de por los aires jugar
como un ave burlándose de la espuma del mar;
y de estremecerse con la docilidad de la palma.

La mano exulta; es orgullosa como una rosa
-¡sin pensar que el reverso es una red de marcas!
y al sol hace relucir sus pulidas uñas largas,
incrustando en la carne un poco de coral rosa.

La mano reina, con aire imperial, porque todo
se realiza a través de ella, por ella todo gira.
Para el nido del placer es una golondrina;
y es la uva de agosto para el vino del gozo.

La mano ríe de ser blanca y rosa, y de alumbrar
como un faro, y de tener olor a aseada.
Es como si siempre se endomingara
por los anillos de oro que visten al anular.

Pero mientras así se enorgullece la mano
de ser bella, y de convencerse que perfuma,
misteriosos surcos en la palma se incrustan
y comenzarán a ser un laberinto helado.

Vano orgullo, coqueto juego de la mano pava
que ríe de sus joyas, las finas uñas, los esmaltes,
en tanto que debajo, con sus hebras al aire,
la Muerte va tejiendo ya su telaraña.

II

Las líneas de la mano, ¡geografía innata!
Son oscuros caminos del infinito venidos,
hebras enredadas de un telar dormido.
¡Ah! ¡El extraño arabesco donde yace el mañana!

¿Qué hechicera va a leer el conjuro
tan confuso? -¡diríamos tan remoto!-
En la desnuda arena, riachuelos rotos:
nombres en vano en un espejo desmemoriado.

Signos definitivos, ¡aunque no descifrados!
Pálida maraña, caprichosas escrituras
cuyo sentido se evade y huye bajo tachaduras,
y que no ha leído nadie familiar con el arcano.

Secreto perdido del lenguaje de las líneas bellas,
gracias al cual los pastores resolvieron el misterio
de los astros de Caldea en un cielo azul de incienso,
tras haber visto en sus manos líneas paralelas.

Epílogo


Aquí toda una vida invisible está recluida:
solo ha dejado ver de ella y de un mudo tormento
aquello que permite ver el agua dormida
en la que la luna se posa con melancolía.

El agua fantasea, brilla y parecería un cielo,
tanto se adorna de silenciosas estrellas.
¡Oh, señuelo de ese espejo artificial!
¡Apariencia! ¡Embustero sosiego!

Bajo la blanca superficie inmóvil, esta agua
sufre; antiguas penas la hielan y oscurecen.
Imaginen, bajo la hierba, una vieja tumba
cuyo recuerdo la muerte, poco muerta, guarda.

Oh memoria, por la cual hasta los instantes claros
son dolorosos y como ennegrecidos por un fango.
El agua se dora con el cielo, el coro de juncos cotillea;
pero la falta de dicha demasiado tiempo ha durado.

Y esta agua que es mi alma, en vano pacificada,
tiembla de un dolor que se diría un secreto,
voz suprema de una raza que desaparece,
y lamento, en el fondo del agua, de campana ahogada.
Tomado de:

Solo

Vivir como en el exilio, vivir sin ver a nadie.
en el vasto desierto de un pueblo que está muriendo
donde no se escucha nada más que el vago murmullo
de un órgano sollozando, o el campanario tocando.

Sentirse alejado de las almas, de las mentes,
de todo lo que lleva una diadema en la frente;
y sin arrojar luz, consumirse
como una lámpara inútil en las profundidades
de oscuras bóvedas funerarias.

Para ser como un barco que soñó con un viaje,
triunfal, alegre, fuera del ecuador rojo
que se encuentra con flujos de hielo de frialdad
y se siente destrozado sin dejar una estela.

¡Oh, vivir así! Solo ... para presenciar
el marchitamiento del florecimiento blanco del alma divina,
en desprecio de todos y sin nadie más sabio,
solo, solo, siempre solo, observando
la propia extinción
Tomado de:

Difuntos son las mansiones patricias

Fallecidas son las mansiones patricias,
y eternamente envueltas en silencio.
Perdidas en los barrios helados de ciudades antiguas,
donde los piñones, atrapados en una noche inmóvil,
lloran sus tesoros perdidos en noches diáfanas,
que descienden sobre ellos de la luz del sol que se desvanece;
Así, para adornar las lágrimas de estas antiguas viviendas,
que son como las tumbas tristes de las cosas desaparecidas,
a la cuarta hora la campana del carillón derrama lánguidamente
sus pesadas flores de hierro sobre el vacío de las calles.

Silencio: es la voz que sigue ...
Silencio: es la dama que se arrastra, cansada,
De la dama de mi Silencio, con paso muy gentil,
Arrojando los lirios blancos de su tez en el espejo;
Apenas convaleciente, observa todo a lo lejos,
los árboles, un transeúnte, los puentes, un arroyo,
donde deambulan las grandes nubes de la luz del día,
pero quien, aún demasiado débil, de repente se
siente golpeado por el tedio de la vida y una sensación de odio. ,
y más sutil, estar enfermo y media agotó,
Ella dice: 'El ruido me duele; tener las ventanas cerradas ... '


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