domingo, 19 de abril de 2020

POEMAS DE JULES SUPERVIELLE


 Jules Supervielle , poet and French writer. News Photo - Getty Images
(16 de enero de 1884, Montevideo, Uruguay - 17 de mayo de 1960, París, Francia)

Un poeta


No siempre voy solo a lo más profundo de mi ser
Sino que a veces llevo a otros seres conmigo.
Los que hayan entrado en mis frías cavernas,
¿Están seguros de salir aunque sea sólo un momento?
Yo acumulo pasajeros y marineros en mi noche,
Como un barco que se hunde indiscriminadamente,
Apago la luz de sus ojos, y en las cabinas
Me hago amigos de grandes profundidades.

El Retrato


Me inclino sobre la fuente donde nace tu silencio
en un reflejo de hojas que tu alma hace temblar.
Sobre tu fotografía.

Puede ser que quede aún
una uña de tus manos entre las uñas de mis manos,
una de tus pestañas mezcladas con las mías,
uno de tus latidos extraviados entre los latidos de mi corazón.

Asir

Asir, asir la tarde, la manzana y la estatua.
Asir la sombra, el muro y el final de la calle.

Asir el cuello, el pie de la mujer tendida.
Y luego abrir las manos. ¡Cuántos pájaros sueltos!

Cuántos perdidos pájaros convertidos en calle.
En sombra, muro, tarde, en manzana y estatua. 


Plegaria al desconocido


He aquí que me sorprendo hablándote, Dios mío,
yo, que no sé todavía si existes
ni comprendo la lengua de tus iglesias susurrantes.
Miro los altares, la bóveda de tu casa
como quien dice simplemente: “Esto es madera, esto es piedra,
aquéllas son columnas románicas, le falta la nariz a ese santo,
y adentro como afuera hay un mismo desamparo entre los hombres”.
Bajo los ojos sin poder arrodillarme durante la misa
como si dejara pasar una tormenta sobre mi cabeza
y no puedo evitar el pensar siempre en otra cosa.
Me pasaré la vida pensando en otra cosa,
y esa otra cosa soy yo, tal vez mi yo verdadero:
es allí donde me refugio, y tal vez sea allí donde tú estás,
creo que nunca podré vivir sino en esas lejanías que me seducen.
El momento presente es un regalo que no he sabido aprovechar,
no sé bien cómo se usa, lo volteo para un lado y para el otro
y no logro que funcione su difícil mecanismo.
No creo en ti, Dios mío, pero quisiera hablarte a pesar de todo;
he hablado con las estrellas aunque las sepa sin vida,
con los más humildes de los animales aunque los sepa sin respuesta,
con los árboles que, sin el viento, serían mudos como la tumba.
Y me he hablado a mí mismo aunque no estoy seguro del todo de que existo.
No sé si oyes nuestras plegarias, las plegarias de los hombres,
no sé si tienes ganas de escucharlas,
no sé si tienes como nosotros un corazón en alerta continua
y oídos siempre abiertos a las noticias más diversas.
No sé si te gusta mirar por aquí.
Pero querría recordarte a tu planeta la Tierra,
con sus flores, sus guijarros, sus jardines y sus casas.
Con todos sus seres; con nosotros que sufrimos y lo sabemos.
Querría dirigirte cuanto antes estas humildes palabras humanas
porque cada cual debe tentar ahora lo imposible
aun si no eres más que un soplo de hace millares de años,
una gran velocidad adquirida, una melancolía durable
que hace aún girar a las esferas en su melodía.
Querría, Dios sin rostro y tal vez sin esperanza,
que prestaras toda tu atención, entre tantos cielos vagabunda,
a los hombres que nunca pueden darse un respiro en el planeta.
Escúchame, corre prisa: todos van a desalentarse
y ya no podremos distinguir a los jóvenes de los viejos.
Cada mañana se preguntan si la matanza va a comenzar.
Por todas partes se preparan extraños distribuidores
de sangre, de quejidos y de lágrimas.
Se preguntan si los trigos no esconden ya fusiles.
¿Se acabó el tiempo en que podías ocuparte de los hombres?
¿Te llaman de otros mundos, médico de consulta
que sin saber por dónde empezar deja morir a su clientela?
Escúchame, no soy más que un hombre entre tantos otros:
el alma está a gusto en el cuerpo, el alma no quiere escaparen un estallido de bomba;
el alma es para nosotros una caricia, un secreto halago.
Déjanos respirar sin pensar en nuevos venenos,
déjanos mirar a nuestros niños sin pensar todo el tiempo en la muerte.
No estamos para batallas, para generales.
Déjanos nuestro ir y venir de rebaño entre cencerros
y olor a leche que se mezcla al olor de la hierba espesa.
Ah, si existes, mi Dios, mira de nuestro lado,
ven y descansa un rato entre nosotros, la Tierra es hermosa con sus árboles,
sus ríos y sus estanques, tan hermosa que uno diría
que la añoras un poco.
No te vayas a hacer el sordo una vez más
ni a sentirte conmigo, Dios, si te tuteo,
si te hablo con tan abrupta simplicidad:
creería menos que en cualquier otro en un Dios que aterrorizara;
y tú, más que por el rayo, sabes expresarte por las briznas de hierba
y los ojos del agua y los juegos de los niños,
lo cual no impide que haya océanos y cadenas de montañas.
No puedes ofenderte porque te digo lo que pienso,
porque reflexiono como puedo sobre el hombre y su existencia
con la franqueza de la tierra y de las diversas estaciones
y tal vez con tu franqueza cuyas lecciones ignoro.
No me faltan disculpas, consiente en aceptar mis pobres sutilezas,
tantas cosas se preparan solapadamente contra nosotros
que, por mucho que hagamos, tememos siempre que nos sorprendan desprevenidos,
tememos ser como el toro que no comprende qué sucede:
lo llevan al matadero, no sabe adónde va,
y justo antes de recibir el golpe mortal sobre la frente
se repite que tiene hambre, y pastaría de buena gana,
¿pero qué pasa con esa gente de delantales llenos de sangre
para que así se empeñen todos en atenderlo esta mañana?
Tomado de:

Homenaje a la vida

Es bueno haber elegido
un hogar vivo
y un tiempo alojado
en un corazón incesante
y visto mis manos
en el mundo,
como en una manzana
en un pequeño jardín,
haber amado la tierra,
la luna y el sol
como viejos amigos
que no tienen igual,
y haber comprometido
el mundo a la memoria
como un jinete brillante
a su corcel negro,
haber dado una cara
a estas palabras - mujer, niños,
y haber sido una orilla
para los continentes errantes
y haber venido al alma
con pequeños golpes de los remos,
porque se asusta
Por un enfoque brusco.
Es hermoso haber conocido
la sombra debajo de las hojas,
y haber sentido la edad
arrastrarse sobre el cuerpo desnudo,
y haber acompañado el dolor
de la sangre negra en nuestras venas,
y dorar su silencio
con la estrella, la paciencia,
y tener todas estas palabras.
Moviéndose en la cabeza,
para elegir la menos bella de ellas
y dejarlas tener una pelota,
haber sentido la vida,
apresurada y mal amada,
y encerrada
en esta poesía.
Traducido por: Kenneth Rexroth © por el propietario. proporcionado sin cargo con fines educativos

Cifras

Mezclo caras como cartas
a pesar de mí mismo, y todos me
son queridos. A veces
uno cae al suelo
y lo busco en vano.
La tarjeta ha desaparecido.
No se nada mas.
Aún así, era una cara bonita que
me había encariñado.
Yo barajo otras cartas.
Hay inquietud en esta sala,
quiero decir que mi corazón
sigue ardiendo,
pero no por esa tarjeta
reemplazada por otra.
La cara es nueva.
Completa la mano,
pero permanece desfigurada.
Eso es todo lo que sé.
Nadie sabe más.

Traducciones de IAN SEED.
© por el propietario. proporcionado sin cargo con fines educativos

Pez

Pesque con sus lentos recuerdos en arroyos profundos,
¿qué puedo hacer aquí con estos? No sé nada
de ti, excepto un poco de espuma y sombra
y que un día, como yo, morirás.

Entonces, ¿por qué vienes a cuestionar mis sueños
como si de alguna manera pudiera ser de utilidad para ti?
Regresa al mar, déjame en mi tierra seca.
No fuimos hechos para mezclar nuestros días.

Traducciones de IAN SEED.
© por el propietario. proporcionado sin cargo con fines educativos

Tomado de:




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