lunes, 12 de febrero de 2018

POEMAS DE ROBINSON QUINTERO

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(Caramanta, Colombia, 1959. Poeta, ensayista e investigador literario.)

Pintura con pájaro

Todo el color del lienzo es nieve.
Nieve sobre las cumbres, por las colinas, en los bajos tejados de la casa solitaria.
En el camino que se curva y que nadie recorre, nieve.
Y en el recodo de un río, un árbol pelado de hojas sostiene apenas sus varas.
Y sobre una de las varas una pequeña mancha roja.


Poema con naranjas


para Luz Eugenia Sierra
Las naranjas en el aguacero
perladas de resbalosas gotas
como suspendidas en la bruma
No pierden su llamarada
Más amarillas irrumpen en el verde
en las húmedas varas
en el color del agua
Me acojo a su alegría que escampa
Amo este sol entre la lluvia


Peluquero


Sólo ante un dios inclina uno la cabeza
y cierra confiado los ojos
Sólo ante un dios entrega uno sus pensamientos
indefenso y sin miedo
El poema es el oficio de las manos de un hombre
Un dios sostiene firme el pulso del peluquero

 

Una historia

Y aprendimos del yolofo, el pájaro azul turquí que canta sólo cuando vuela, nunca posado en los árboles.
Del pájaro ubus-ubus, de una sola ala, que para volar necesita del ala de su pareja.
Del pájaro septicolor, de tramadas transparencias en el viento de un poema.
Del pájaro Gipaeto, cuyos ojos son escarapelas.
Y sentados, le oíamos largamente, mientras de su boca volaban más pájaros extraordinarios. Y entre más maravillosos parecían, más felices escuchábamos…
Y aprendimos que si alguien dice algo según su sueño, alguien otro lo oye desde el suyo.


Tres versos


para Fernando Linero y Rafael del Castillo
Tres amigos que caminan juntos
en silencio
tienen un mismo corazón


Hombre que pasa


El hombre que pasa y es sólo una mirada
¿de qué lugar viene
qué amigos frecuenta
por cuántos hijos ríe
de cuántos muertos vuelve?
El hombre que pasa y es sólo un gesto
¿qué oficio desempeña
qué moral defiende
a qué edad marcha en este intrincado camino
de mañana?
Yo lo veo seguir sin saludarme
sin despedirse
confundiéndose entre la gente después de ser yo
para él
lo mismo:
el hombre que pasa y es sólo una mirada
 

Muchacha a la que levanta la falda el viento


Gira sonrojada en su torbellino
danza en una nube de arrebato
indefensa en el ventarrón:
rosa eres
abierta de pronto en medio de la calle


Canción del chofer en el parabrisas


Ante mí veo lo que un día se borrará para siempre:
colinas de altos pastos rojos
un río de brillantes peñascos
una montaña escasa de luz
y otra cumbre más distante donde ya es la noche
Un cielo color granate
y un viento que entra con sus pájaros en el crepúsculo
también de viaje
El temblor de los platanales por la carretera
las aguas estancadas en las zanjas
los abismos por los desfiladeros
El oscuro sonido que se hace debajo de los árboles
y la última luz viva de la tarde
todo en viaje hacia la noche
Ante mí veo lo que un día se borrará para siempre


La otra Ítaca


Siempre se ha dicho:
el camino es largo
Para arribar a tal o cual Ítaca
hay obstáculos
extravíos
y pocos atajos
Se necesita de algo más que ardentía
y arrojo
Y se dice también
que al final de la ardua jornada
espera a cada uno la recompensa:
la paciencia es hermosura
después de la niebla hay sol
sacrificio añade sabiduría
Pero sé de lugares jamás encontrados
en los que el hombre ha quedado
en la intemperie
Si no es la dicha el mismo camino
si no es cada paso el puerto
no lo emprendas
No siempre se nos espera
No todos llegamos a tiempo


Flotas


Jorge Ortiz –artista plástico– ama los buses pintados
completamente de amarillo
Los ama también desbordados de rojo
azul
y verde
de blanco negro y gris
Pero a la hora de viajar prefiere las relucientes flotas
de tonos amarillos
Limón
retama
u oro
sin franjas ni bordes de otras tintas
Los buses que cruzan incendiando la noche
Los lienzos vistos en sueños


Ayudantes


Desde niño admiré su osadía de viajar
colgados del borde de las puertas
de los buses
asidos a una manija por una mano de aire
Equilibristas de la carretera
a quienes el viento les ceñía una máscara
Trotamundos que sortean el filo
de los precipicios
Ubus-Ubus: pájaros de una sola ala
los llamaría Apollinaire


Hormigas


Descansen descansen laboriosas
Toda la jornada
debajo de la mesa
han cargado
rumbo al escondrijo
las migas de mi comida
¿A qué tanto afán?
Les diría:
cosechen ahora
vendrán días de escasez
Pero el poema es azaroso
–llevará tiempo–
y otras migajas rodarán al piso
junto al papel hecho trizas
No apuren pues obreras
Tengan alegre recreo
Que yo
como otra hormiga
–solitaria–
seguiré mi tarea
hasta que no caigan más de mi mesa
estos versos


Sin amor


Camino por los baldíos de la ciudad
me complazco con el ruido de las hojas
silbo a los pájaros
espanto a las palomas
Sin amor canto en medio del mundo como en el centro
de un solar antiguo
traigo otra vez a casa mis afanes
miro desde mi ventana las horas
permanezco
persevero
doy de comer a las palabras


Pasajero


El que es pasajero y nunca emprendió viajes
a esos lugares de donde llama
su alma
viaja ahora en este poema

EL POETA DA UNA VUELTA A SU PERRO

1
Las patas de mi perro están hechas de un arte grácil: su belleza es el aire de la forma. Las patas de mi perro son hermosas como este poema que escribo, si este poema que escribo llega a ser tan hermoso como las patas de mi perro: las patas de mi perro cantan; mi poema, a veces, late. Las patas de mi perro son como versos de Esenin: pasea en su andar, si se escucha bien, una melodía.
2
Tiene mi perro un estilo de pasear que lo distingue, un paso fluido que despierta la admiración de la gente, un ir plácido por las aceras que da gusto mirarlo, un vagar distraído que dan ganas de seguir su rastro; su andar pisa entre más firme más suelto, su trote queda en el aire después de que pasa, su correteo da vueltas en redondo y pone a girar las calles. Se escucha, en lo que escribo, su paso. Con quiebres de gozque, sin lazo de atar, va mi perro en su paseo de olores.
3
El poema camina según el perro que lo pasee. Mi poema, por ejemplo, apenas puede poner su paso, difícilmente encuentra su cadencia, su estilo propio de andar la calle, si sale de ronda con mi perro. Son las patas de mi fiel amigo las que ponen el ritmo, el movimiento que le da porte a la forma, son las patas de mi perro caminero las que marcan los acentos y las pausas, las que dejan su rastro en la andadura del verso. Escuchen, escuchen bien: pisa mi perro la melodía que me escribe.

EXTRAVÍO

De niño, cuando despertaba con miedo, intentaba tocar con mi mano tendida en la oscuridad la pared junto a mi cama. Adentro los ojos abiertos, temerosos de mirar, y afuera la mano extendida buscando el asidero.
Como si desde el comienzo me hubieran abandonado en medio de la noche; como si viniera desde siempre extraviado de la mano de alguien.

EL POETA DA UNA VUELTA AL CIELO

Surcan el bajo cielo de mi casa multitud de pájaros: bajan a los muros o se ponen a hacer nada en los árboles. Trotan sobre la hierba, pican el plátano de los cebaderos, vuelven al aire y se esfuman. Algunos se extravían buscando la ruta de la bandada y otro –como este– se estrella en el abismo de la ventana.
Un copetón alebrestado pegó hace días contra el remate del muro, rozó en su caída los palos del arbusto y dio pleno contra el piso. Lo miré: quiso embuchar aire abriendo el pico, pero algo que no sé decir con palabras, lo impidió.
Pasado un día se hinchó de agua; luego descuajó la entraña.

  EL POETA DA UNA VUELTA A UNA PALABRA

Mientras camina, dice la palabra en voz alta, la lleva al paso, templa su melodía. Mientras camina, antes de cantar en el poema, canta a la intemperie, la palabra,
canta antes de que sea sueño.

Pasa un atleta

El manejo sostenido del aire
es importante a la hora de intentar el verso
–los versos viven en constante fuga–
En su trote con el tono
el fraseo no debe sufrir ahogos:
hay que saber correr la melodía
Es necesario además mantener el ritmo
–el ritmo es la respiración–  
sostener el pulso hasta el apunte final
Pero lo primero es estar listo
a forzar la marcha cuando menos se espera
y donde menos se piensa:
el poema no hace calistenia
Corre de pronto
Largos y frecuentes paseos solitarios
por parques y arrabales silenciosos
dan gran fuerza y firme aspiración
Así al momento de enunciar no faltará el aliento
y se podrá tomar nota y admirar
en cualquier paso del camino

El poeta da una vuelta a su doble

Frágil perseguidor que eres tú mismo.
José Emilio Pacheco
Mi doble va un paso adelante de mí
y no un paso atrás
como acostumbran
otros dobles:
que alguien siempre a tus espaldas
te lleve la contraria
es inquietante
pero no es menos amenazador
que lo haga
cortando el frente
Es el pasatiempo de mi doble  
coparme la vista
obligarme a mirar sobre su hombro:
si corro a prisa para adelantarlo
corre antes
si freno y doy vuelta atrás
para que siga de largo
él frena y da vuelta atrás
primero
Me escondo en la saliente del muro
para despistarlo
doy tres vueltas para perderlo
pero mi doble
un paso adelante
siempre va:
perseguido ineludible
que soy yo mismo
que rehace
cuando apenas hago
que emborrona
cuando apenas escribo

El poeta da otra vuelta a su doble

Un doble que no lleva la contraria
no es un buen par
Hoy por ejemplo
mi doble me suelta que es él
el principal autor
de estos versos que escribo
–Soy yo quien surte la tónica
quien hace fluir el ritmo
y pone  el tema–
recuerda
Los poemas hablan por ambos
le soplo al oído
Yo hago la primera voz:
la segunda –por lo bajo– es tuya
Mi doble –azuzado– se resiste
No se come el cuento
y chista y rechista:
–Yo pongo la revelación sin esfuerzo
la frase que respira
la memoria que canta–
Tómalo de esta manera
–le aclaro–:
yo cuido la forma
la palabra precisa
tallo la evidencia
transpiro el oficio
Yo pongo la palabra que no esperas
la que antes no había
–insiste–:
soy el rumor del día

Conversando con Antonio Deltoro

Qué duda cabe:
una cosa es un pájaro,
y otra un ave.
A. Deltoro
El ave está en la luz
el pájaro en el trasluz
El ave está en el haz
el pájaro en el envés
El ave sueña la realidad
el pájaro el sueño
El ave es la austeridad
el pájaro el esplendor
¡Qué duda cabe!
Si el ave es la rutina
el pájaro la epifanía
Si el ave canta el tiempo
el pájaro el destiempo

Escrito en el camino

El último tramo del camino siguió por las aceras que alinderan las casas altas. Atrás quedaron los jardines de las casas bajas con sus melenas colgantes y se abrió al paso la bulla de los puentes, la luz de los paraderos de buses. Un corrillo de mujeres, paradas bajo un enjambre de árboles, estalló de pronto en risas. Fue una algarabía que apenas suelta se dispersó hasta los parajes circundantes, la placita umbrosa, los cobertizos de los paraderos y las barandas de los puentes. Las últimas risas me alcanzaron al final de la calle. Y con risas seguí mi camino.

El poeta da una vuelta a una palabra

Mientras camina, dice la palabra en voz alta, la lleva al paso, templa su melodía. Mientras camina, antes de cantar en el poema, canta a la intemperie, la palabra,
canta antes de que sea sueño.

El poeta da una vuelta al jardín

El fantasma limpia de hojas sucias el jardín. Donde la tierra es húmeda barre el ramaje escurrido y hace con él un montón junto a la tapia; donde la hierba es alta, arrastra malezas flojas y espartos y hace con ellos otro montón junto al estanque. Y así, con el resto de la hojarasca, tan reseca que cruje, hace otra pila junto a la baranda, pequeña aunque más indócil.
Tal vez no le alcance la noche para juntar en un solo cerro todas las hojas.


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