viernes, 9 de febrero de 2018

PROLONGACIÓN DE LA LLUVIA De Laura Castillo

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Los versos cálidos, honestos y claros de esta joven poeta nos llevan a dar un paseo por las más bellas estancias de la vida, la casa, la niñez, la inocencia, la familia en un bello desborde de ternura sin caer en el melodrama y conservando un tono fuerte y con carácter, sus textos son cortos pero contundentes, abordan temas íntimos, pero dan espacio a la reflexión del entorno, es un trabajo que apenas nos muestra el inicio de su camino, seguro que es promisorio, y de su mano vendrán más libros cargados con ese aliento, esa frescura y ese trabajo que no se nota, en la medida en que los textos se entienden sin dificultad, y eso es el verdadero trabajo; que parece tan fácil, pero que se sabe que es realmente complejo culminar un texto que no dé la sensación de haber sido dificultoso. Yo invito a seguir la carrera de esta poeta, y a deleitarnos con su trabajo.

Vista al edificio


Un pájaro observa un hombre escalar la pared.
Ve sus pies ceñirse a los muros
Mientras sus manos
Arrojan silentes hojas que planean la caída.
Hay una distancia entre ambos cuerpos,
Una cuerda
                 que se agita,
un descender.
Oír el golpe de la tierra,
Y un vuelo que asume tanta lejanía.

Pájaro y hombre
construyen a su modo
sus propios abismos.


Desplazamiento


                          A las tejedoras de Mapuján

Tras el golpe de omisión
En el vientre de la tarde
Mapuján anochece
Con un terco afán de dormir.
No hay tiempo,
Susurran doce cuerpos en los labios,
Hay que cargar hamacas y vasijas,
Hay que dejar la hierba seca
Sea el huésped que habite la casa,
Hay que silenciar.

Lejos,
En lo profundo de una habitación,
Una mujer peregrina aguarda
Entre hilos y retazos que convergen en sus manos.

Tejer es su forma de nombrar
La ausencia de arraigo
En la punta de los dedos.



Instante


La abuela solía guardar el pan
En un canasto colgado del techo,
Decía que los gatos andaban con su sombra
Y en ella cargaban los trozos de pan conseguidos.
A diario, yo preguntaba,
Si el gato también anudaba a sus uñas
Los gramos de humo que esculpían la cocina.
Ella, con sus inmensas manos recogía mi rostro,
Tumbaba sus dedos en la soga
Y del techo se abismaba la canastilla.
Entonces yo inclinaba la angustia en los pies,
Observaba figuras humeantes,
La cesta en manos de la abuela,
El gato vigilante en la cornisa,
Y el fogón hervir en su extensa oquedad.

La abuela siempre supo cómo ser
Instante en la memoria.



DAME LA PALABRA árbol
la sembraré con coyotes y restos de cielo
la embarcaré en el río
que ignora su cause
lo anunciaré como golpe en la tierra
como abismo que se erige
como ruptura del tiempo
como verbo de origen.
                         


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