lunes, 26 de enero de 2026

POEMAS DE JOSÉ EMILIO PACHECO - RELEEMOS SU OBRA A 12 AÑOS DE SU PARTIDA FÍSICA -


El gran inquisidor

Señor, guarde silencio o le cerramos la boca

de un latigazo.

Se la inutilizaremos bajo el hierro candente.

Con las tenazas de la Ley retorceremos su lengua.

 

No nos haga llegar a los extremos.

Guarde silencio. Cállese. No hable.

Al juez no se le juzga.

Él imparte Justicia, decide todo.

Es la mente que piensa por nosotros.

 

En cambio usted no es nadie, no sabe nada.

Se llama simplemente el acusado.

Qué soberbia aspirar a defenderse.

 

¿Supone que en el valle de Josafat

se atrevería a increpar a Dios Padre

por la forma tan justa en que creó este mundo?

 

¿Se da usted cuenta? Es el culpable de un crimen.

No sabrá cuál, no sabrá cuál,

morirá sin saberlo.

Debe pagar por ello. Y de qué manera.

 

No, no: no abra la boca. No interrumpa.

Respete al Juez y su Alta Investidura.

Es la Ley, se halla aquí para juzgarlo.

 

Está en peligro de volverse reo

De Lesa Majestad. Acepte y calle.

 

¿Desea, señor, que pierda la paciencia?

No me obligue a salir de mis cabales

Añadiré a su cuenta de pecados

el delito nefando de la blasfemia.

 

No me venga con cuentos de derechos humanos.

Usted ya no es humano: es el enemigo.

Vea en esta faramalla un pretexto formal

que disimula y cubre el expediente.

 

Dentro de unos instantes ofrendaremos su cuerpo

en el altar del Bien, la Bondad y el Orden Fraterno.

 

 

Ley de extranjería

La tierra es plana y la sostienen

Cuatro elefantes gigantescos.

Los mares se derraman en las tinieblas

Y de las olas brotan las estrellas.

 

He estado en Creta, Nubia, Tarsis, Egipto.

En todas partes fui extranjero porque no hablaba el idioma

ni me vestía como ellos.

 

También nosotros, ciudadanos de Ur,

Despreciamos al que es distinto.

Por algo hicimos lenguas diferentes:

Para que los demás nada entiendan.

 

En Ur soy como todos. Hablo mi idioma

Sin traza alguna del acento bárbaro.

Como lo que comemos los de Ur.

Huelo a nuestras especias y licores.

 

Y sin embargo en Ur me detestan

Como jamás fui odiado en Tarsis ni en Nubia.

 

En Ur y en todas partes soy extranjero.

 

 

La rueda

Sólo es eterno el fuego que nos mira vivir.

Sólo perdura la ceniza.

Funda y fecunda la transformación,

el incesante cambio que manda en todo.

 

Sólo el cambio no cambia y su permanencia

es nuestra finitud.

 

Hay que aceptarla y asumirla: ser

del instante,

material dispuesto

a seguir en la rueda del hoy aquí

 

y mañana en ninguna parte.

 

 

En la República de los Lobos

En la República de los Lobos

nos enseñaron a aullar.

 

Pero nadie sabe

si nuestro aullido es amenaza, queja,

una forma de música incomprensible

para quien no sea lobo;

un desafío, una oración, un discurso

o un monólogo solipsista.

 

 

La Diosa Blanca

Porque sabe cuánto la quiero y cómo hablo de ella en su ausencia,

la nieve vino a despedirme.

Pintó de Brueghel los árboles.

Hizo dibujo de Hosukai el campo sombrío.

 

Imposible dar gusto a todos.

La nieve que para mí es la diosa, la novia,

Astarté, Diana, la eterna muchacha,

para otros es la enemiga, la bruja, la condenable a la hoguera.

Estorba sus labores y sus ganancias.

La odian por verla tanto y haber crecido con ella.

La relacionan con el sudario y la muerte.

 

A mis ojos en cambio es la joven vida, la Diosa Blanca

que abre los brazos y nos envuelve por un segundo y se marcha.

Le digo adiós, hasta luego, espero volver a verte algún día.

Adiós, espuma del aire, isla que dura un instante.

 

 

El reposo del fuego

                                      (Don de Heráclito)

 

Pero el agua recorre los cristales

musgosarnente:

ignora que se altera,

lejos del sueño, todo lo existente.

 

Y el reposo del fuego es tomar forma

con su pleno poder de transformarse.

fuego del aire y soledad del fuego.

al incendiar el aire que es de fuego.

Fuego es el mundo que se extingue y prende

para durar (fue siempre) eternamente.

 

Las cosas hoy dispersas se reúnen

y las que están más próximas se alejan:

 

Soy y no soy aquel que te ha esperado

en el parque desierto una mañana

junto al río irrepetible en donde entraba

(y no lo hará jamás, nunca dos veces)

la luz de octubre rota en la espesura.

 

Y fue el olor del mar: una paloma,

como un arco de sal,

ardió en el aire.

 

No estabas, no estarás

pero el oleaje

de una espuma remota confluía

sobre mis actos y entre mis palabras

(únicas nunca ajenas, nunca mías):

El mar que es agua pura ante los peces

jamás ha de saciar la sed humana.

Tomado de:

https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Revista/ultimas_ediciones/68_69/pacheco.html

 

 

CONVERSACIÓN ROMANA (1967)

 

Oremos por las nuevas generaciones

abrumadas de tedios y decepciones;

con ellas en la noche nos hundiremos.

 

AMADO NERVO, 1898

 

En Roma aquel poeta me decía:

–No sabes cuánto me entristece verte

escribir prosa efímera en periódicos.

 

Hay matorrales en el Foro. El viento

unge de polvo el polen.

 

Ante el gran sol de mármol Roma pasa

del ocre al amarillo,

el sepia, el bronce.

 

Algo se está quebrando en todas partes.

Se agrieta nuestra edad.

 

Es el verano

y no se puede caminar por Roma.

Tanda grandeza avasallada. Cargan

los coches contra el hombre y las ciudades.

Centurias y falanges y legiones,

proyectiles o féretros,

chatarra,

ruinas que serán ruinas.

 

Hay hierbas,

adventicias semillas en el mármol.

Y basura en las calles sin memoria:

plásticos y botellas y hojalata.

Círculo del consumo: la abundancia

se mide en la basura.

 

Hace calor. Seguimos caminando.

No quiero responder

ni preguntarme

si algo escrito hoy

dejará huellas

más profundas que el polen en las ruinas.

 

Acaso nuestros versos duren tanto

como el modelo Ford 69

–y muchísimo menos que el Volkswagen.

 

 

BIRDS IN THE NIGHT
(VALLEJO Y CERNUDA SE ENCUENTRAN EN LIMA)

 

Al partir de las aguas peruanas, la anchoveta ha

puesto en crisis a la industria pesquera y ha

provocado, en las ciudades del litoral, la invasión

de las hambrientas aves marinas.

 

EXCÉLSIOR, 1972

 

Toda la noche oigo el rumor alado desplomándose

y como en un poema de Cisneros,

albatros, cormoranes y pelícanos

se mueren de hambre en pleno centro de Lima,

baudelaireanamente son vejados.

 

Aquí por estas calles de miseria

(tan semejante a México)

César Vallejo anduvo, fornicó y deliró

y escribió algunos versos.

 

Ahora sí lo imitan, lo veneran

y es “un orgullo para el Continente”.

 

En vida lo patearon, lo escupieron

lo mataron de hambre y de tristeza.

 

Dijo Cernuda que ningún país

ha soportado a sus poetas vivos

 

Pero está bien así:

¿No es peor destino

ser el Poeta Nacional

a quien saludan todos en la calle?

 

 

EN RESUMIDAS CUENTAS

 

¿En dónde está lo que pasó

y qué se hizo de tanta gente?

 

A medida que avanza el tiempo

vamos haciendo más desconocidos.

 

De los amores no quedó

ni una señal en la arboleda.

 

Y los amigos siempre se van.

Son viajeros en los andenes.

 

Aunque uno existe para los demás

(sin ellos es inexistente),

 

tan sólo cuenta con la soledad

para contarle todo y sacar cuentas.

 

 

PARTIR

 

Partir, extraño verbo con dos puntas hirientes,

lanzas que afilan la separación, la desesperada

tarea de desunir el desenlace.

 

Partir: deshacer un todo en partes iguales o desiguales.

Marcharse, irse, decir adiós, empezar de nuevo,

otra vez como náufrago,

como lombriz en pedazos.

 

 

PRÓCERES

 

Hicieron mal la guerra,

mal el amor,

mal el país que nos forjó malhechos.

 

 

FOTOS

 

No hay una sola foto de entonces.

Mejor así: para verte

necesito inventar tu rostro.

 

 

IMAGEN

 

La foto queda allí. Detuvo un segundo.

Se convirtió en pasado en el mismo instante.

El oleaje del tiempo no cesa nunca.

La vejez nos distancia a cada minuto

de la imagen inmóvil donde quien fuimos

contempla fiel al muerto que seremos.

Tomado de:

https://www.zendalibros.com/8-poemas-del-autor-mexicano-jose-emilio-pacheco/

 

 

Los elementos de la noche

 

Bajo el mínimo imperio que el verno ha roído

se derrumban los días, la fe, las previsiones.

En el último valle la destrucción se sacia

en ciudades vencidas que la ceniza afrenta.

 

La lluvia extingue

el bosque iluminado por el relámpago.

La noche deja su veneno.

Las palabras se rompen contra el aire.

 

Nada se restituye, nada otorga

el verdor a los campos calcinados.

 

Ni el agua en su destierro

sucederá a la fuente

ni los huesos del águila

volverán por sus alas.

 

 

Lumbre en el aire

 

Estallan los jardines de la pólvora

en el cielo oscurísimo y su aplomo.

 

Estruendo frente al mar que se encarniza

desde la eternidad contra las rocas.

 

A cada instante otro Big bang.

Nacen astros, cometas, aerolitos.

 

Todo es ala y fugacidad

en la galaxia de esta lumbre.

 

Mundos de luz que viven un instante.

Luego se funden y se vuelven nada.

 

Como esta noche en que hemos visto arder

cuerpos fugaces sobre el mar eterno.

 

 

Mar eterno

 

Digamos que no tiene comienzo el mar

Empieza donde lo hallas por vez primera

y te sale al encuentro por todas partes

 

 

Mejor que el vino

 

Porque mejor que el vino son tus amores.

Salomón

Quinto y Vatinio dicen que mis versos

son fríos.

Quinto divulga en estrofas yámbicas

los encantos de Flavia.

Vatinio canta

conyugales y dulces placeres.

Pero, yo Claudia,

no he arrastrado tu nombre

por las calles y plazas de Roma.

El pudor y la astucia me obligan

a guardar tales ansias

para sólo tu lecho nocturno.

 

 

Memoria

 

No tomes muy en serio

lo que te dice la memoria.

 

A lo mejor no hubo esa tarde.

Quizá todo fue autoengaño.

La gran pasión

sólo existió en tu deseo.

 

Quién te dice que no te está contando ficciones

para alargar la prórroga del fin

y sugerir que todo esto

tuvo al menos algún sentido.

 

 

Mosquitos

 

Nacen en los pantanos del insomnio.

Son negrura viscosa que aletea.

Vampiritos inermes,

sublibélulas,

caballitos de pica

del demonio.

 

 

Presencia

 

¿Qué va a quedar de mí cuando me muera

sino esta llave ilesa de agonía,

estas pocas palabras con que el día,

dejó cenizas de su sombra fiera?

 

¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera

esa daga final? Acaso mía

será la noche fúnebre y vacía

que vuelva a ser de pronto primavera.

 

No quedará el trabajo, ni la pena

de creer y de amar. El tiempo abierto,

semejante a los mares y al desierto,

 

ha de borrar de la confusa arena

todo lo que me salva o encadena.

Más si alguien vive yo estaré despierto.

 

 

Piedra

 

Lo que dice la piedra

sólo la noche puede descifrarlo

 

Nos mira con su cuerpo todo de ojos

Con su inmovilidad nos desafía

Sabe implacablemente ser permanencia

 

Ella es el mundo que otros desgarramos

 

 

Prehistoria

 

                                                 A la memoria de Jaime Sabines

 

1

En las paredes de esta cueva

pinto el venado

para adueñarme de su carne,

para ser él,

para que su fuerza y su ligereza sean mías

y me vuelva el primero

entre los cazadores de la tribu.

 

En este santuario

divinizo las fuerzas que no comprendo.

Invento a Dios,

a semejanza del Gran Padre que anhelo ser,

con poder absoluto sobre la tribu.

 

En este ladrillo

trazo las letras iniciales,

el alfabeto con que me apropio del mundo al simbolizarlo.

La T es la torre y desde allí gobierno y vigilo.

La M es el mar desconocido y temible.

 

Gracias a ti, alfabeto hecho por mi mano,

habrá un solo Dios: el mío.

Y no tolerará otras deidades.

Una sola verdad: la mía.

Y quien se oponga a ella recibirá su castigo.

 

Habrá jerarquías, memoria, ley:

mi ley: la ley del más fuerte

para que dure siempre mi poder sobre el mundo.

 

2

Al contemplar por vez primera la noche

me pregunté: ¿será eterna?

Quise indagar la razón del sol, la inconstante

movilidad de la luna,

la misteriosa armada de estrellas

que navegan sin desplomarse.

 

Enseguida pensé que Dios es dos:

la luna y el sol, la tierra y el mar, el aire y el fuego,

O es dos en uno:

la lluvia / la planta, el relámpago / el trueno.

 

¿De dónde viene la lumbre del cielo?

¿La produce el estruendo? ¿O es la llama

la que resuena al desgarrar el espacio?

(como la grieta al muro antes de caer

por los espasmos del planeta siempre en trance de hacerse).

 

¿Dios es el bien porque regala la lluvia?

¿Dios es el mal por ser la piedra que mata?

¿Dios es el agua que cuando falta aniquila

y cuando crece nos arrastra y ahoga?

 

A la parte de mí que me da miedo

la llamaré Demonio.

¿O es el doble de Dios, su inmensa sombra?

Porque sin el dolor y sin el mal

no existirían el bien ni el placer,

del mismo modo que para la luz

son necesarias las tinieblas.

 

Nunca jamás encontraré la respuesta.

No tengo tiempo. Me perdí en el tiempo.

Se acabó el que me dieron.

 

3

Ustedes, los que escudriñen nuestra basura

y desentierren puntas

de pedernal, collares de barro

o lajas afiladas para crear muerte;

figuras de mujeres en que intentamos

celebrar el misterio del placer

y la fertilidad que nos permite seguir aquí contra todo

-enigma absoluto

para nuestro cerebro si apenas está urdiendo el lenguaje-,

lo llamarán mamut.

Pero nosotros en cambio

jamás decimos su nombre:

tan venerado es por la horda que somos.

 

El lobo nos enseñó a cazar en manada.

Nos dividimos el trabajo, aprendimos:

la carne se come, la sangre fresca se bebe,

como fermento de uva.

Con su piel nos cubrimos.

Sus filosos colmillos se hacen lanzas

para triunfar en la guerra.

Con los huesos forjamos

insignias que señalan nuestro alto rango.

Así pues, hemos vencido al coloso.

Escuchen cómo suena nuestro grito de triunfo.

 

Qué lástima.

Ya se acabaron los gigantes.

Nunca habrá otro mamut sobre la tierra.

 

4

Mujer, no eres como yo

pero me haces falta.

 

Sin ti sería una cabeza sin tronco

o un tronco sin cabeza. No un árbol

sino una piedra rodante.

 

Y como representas la mitad que no tengo

y te envidio el poder de construir la vida en tu cuerpo,

diré: nació de mí, fue un desprendimiento:

debe quedar atada por un cordón umbilical invisible.

 

Tu fuerza me da miedo.

Debo someterte

como a las fieras tan temidas de ayer.

Hoy, gracias a mi crueldad y a mi astucia,

labran los campos, me transportan, me cuidan,

me dan su leche y hasta su piel y su carne.

 

Si no aceptas el yugo,

si queda aún como rescoldo una chispa

de aquellos tiempos en que eras reina de todo,

voy a situarte entre los demonios que he creado

para definir como El Mal cuanto se interponga

en mi camino hacia el poder absoluto.

 

 

Tarde o temprano

 

                                               Homenaje a Nezahualcóyotl *

 

I

No tenemos raíces en la tierra.

No estaremos en ella para siempre:

       sólo un instante breve.

 

También se quiebra el jade

       y rompe el oro

y hasta el plumaje de quetzal se desgarra.

 

No tendremos la vida para siempre:

       sólo un instante breve.

 

II

En el libro del mundo Dios escribe

con flores a los hombres

       y con cantos

les da luz y tinieblas.

 

Después los va borrando:

       guerreros, príncipes,

con tinta negra los revierte a la sombra

 

       No somos reyes:

somos figuras en un libro de estampas.

 

III

Dios no fincó su hogar en parte alguna.

Solo, en el fondo de su cielo hueco,

está Dios inventando la palabra.

 

¿Alguien lo vio en la tierra?

 

       Aquí se hastía,

no es amigo de nadie.

 

Todos llegamos al lugar del misterio.

 

IV

De cuatro en cuatro nos iremos muriendo

       aquí sobre la tierra.

 

Somos como pinturas que se borran,

       flores secas, plumajes apagados.

 

Ahora entiendo este misterio, este enigma:

el poder y la gloria no son nada:

con el jade y el oro bajaremos

       al lugar de los muertos.

 

De lo que ven mis ojos desde el trono

no quedará ni el polvo en esta tierra.

 

* A partir de las traducciones de Ángel María Garibay Miguel León Portilla.

 

 

Un marine

 

Quiso apagar incendios con el fuego.

Murió en la selva de Vietnam

y en vano.

 

 

Un poeta novohispano

 

Como se ahogaba en su país y era imposible

decir una palabra sin riesgo

Como su vida misma estaba en manos

de una sospecha una delación un proceso

el poeta

llenó el idioma de una flora salvaje

              Proliferaron

estalactitas de Bizancio en sus versos

 

Acaso fue rebelde acaso comprendió

     la ignominia de lo que estaba viviendo

El criollo resentido y cortés al acecho

     del momento en que se adueñaría de la patria ocupada

por hombres como sus padres en consecuencia

     más ajenos más extranjeros más invasores todavía

 

Acaso le dolió tener que escribir públicamente tan sólo

     panegíricos versos cortesanos

Sus poemas verdaderos en los que está su voz

     los sonetos

que alcanzan la maestría del nuevo arte

     a la sombra de Góngora es verdad

pero con algo en ellos que no es enteramente español

     los sembró noche a noche en la ceniza

 

Han pasado los siglos y alimentan

una ciega sección de manuscritos

Tomado de:

http://amediavoz.com/pacheco.htm

 

 

Pompeya

 

La tempestad de fuego nos sorprendió en el acto

de la fornicación.

No fuimos muertos por el río de lava.

Nos ahogaron los gases. La ceniza

se convirtió en sudario. Nuestros cuerpos

continuaron unidos en la piedra:

petrificado espasmo interminable.

 

 

Homenaje a la cursilería

 

Amiga que te vas:

quizá no te vea más.

Ramón López Velarde

 

 

Dóciles formas de entretenerte, olvido:

recoger piedrecillas de un río sagrado

y guardar las violetas en los libros

para que amarilleen ilegibles.

 

Besarla muchas veces y en secreto

en el último día,

antes de la terrible separación;

a la orilla

del adiós tan romántico

y sabiendo

(aunque nadie se atreva a confesarlo)

que nunca volverán las golondrinas.

 

(No me preguntes cómo pasa el tiempo)

 

 

Otro homenaje a la cursilería

 

Dear, dear!

Life’s exactly what it looks,

Love may triumph in the books,

not here.

 

W.H. Auden

 

 

 

Me preguntas por qué de aquellas tardes

en que inventamos el amor no queda

un solo testimonio, un triste verso.

(Fue en otro mundo: allí la primavera

lo devoraba todo con su lumbre.)

Y la única respuesta es que no quiero

profanar el amor invulnerable

con oblicuas palabras, con ceniza

de aquella plenitud, de aquella lumbre.

 

 

Introducción al psicoanálisis

 

Don Segismundo Freud,

tras arduo estudio,

descubrió lo que al otro le costó un verso:

el delito es haber nacido.

 

(Irás y no volverás)

 

 

Carnada

 

Pasamos la vida llevando a cuestas un desconocido: nuestro cuerpo. Tomamos la parte por el todo y de él sólo conocemos la superficie, el revestimiento.

 

     El verdadero cuerpo está por dentro, invisible. No adquirimos conciencia de su estar hasta que la enfermedad nos obliga a percibirlo. Antes nadie se imagina el corazón, el cerebro, los pulmones, el páncreas… secretas maquinarias que lo sostienen en vida y de cuyo arbitrio depende tanto como del azar exterior. Toda esa ordenación sin reposo será al final carne de la nada, carnada de la muerte.

 

(Desde entonces)

 

 

A la orilla del ganges

 

A la orilla del Ganges aguardé,

por espacio de cuatro siglos,

el cadáver de mi enemigo.

 

Vi pasar en el agua restos de imperios,

pero no los despojos de mi enemigo.

 

En el proceso me volví piedra, planta, raíz

y luego un poco de basura flotante

que se llevó entre sus ondas el Ganges.

 

Qué decepción: jamás me vi pasar,

nunca supe que yo era mi enemigo.

 

(Miro la tierra)

 

 

El ave fénix

 

 

A la memoria de Eliseo Diego

 

 

 

Arde en la hoguera de su propio vuelo.

Bajo el cuerpo de lumbre ella es sol.

Su resplandor la atrae y la convierte en ceniza.

 

Viaja a su íntima noche, se asimila

al leve polvo errante de los muertos.

 

Pero entre lo deshecho se rehace.

Toma fuerzas del caos, se teje en luz

 

y amanece en la llama indestructible.

 

 

Silver spring

 

En el bosque otoñal

ramas desnudas

esperando la nieve.

 

(El silencio de la luna)

 

 

El fornicador

 

En plena sala ante la familia reunida

–padres, abuelos, tíos y otros parientes–

abro el periódico

para leer la cartelera.

Me llama la atención una película

de Gary Cooper en el cine Palacio,

o en el Palacio Chino, ya no recuerdo.

 

 

Lo que no olvido es el título.

Pregunto con la voz del niño de entonces:

” ¿Qué es El fornicador?”.

 

Silencio, rubores,

dura mirada de mi padre.

Me interrogo en silencio:

“¿Qué habré dicho?”.

 

La tía Socorro me salva:

” Hay unas cajas de vidrio

en que puedes meter hormigas

para observar sus túneles y sus nidos.

Se llaman formicarios.

Formicador

es el hombre que estudia las hormigas”.

 

(La arena errante)

 

Camino de imperfección

En tantísimos años sólo llegué a conocer de mí mismo

la cruel parodia, la caricatura insultante

–y nunca pude hallar el original ni el modelo.

(Siglo pasado)

https://circulodepoesia.com/2014/01/poemas-de-jose-emilio-pacheco/

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