AZUL COMO UN DESIERTO
Felices son los solitarios
Aquellos que siembran el cielo en la ávida arena
Aquellos que buscan lo viviente bajo las polleras del
viento
Aquellos que corren jadeando detrás de un sueño
evaporado
Porque ellos son la sal de la tierra
Felices son las atalayas sobre el océano del desierto
Aquellos que persiguen el fennec detrás del espejismo
El alado sol pierde sus plumas en el horizonte
El eterno verano se ríe de la tumba mojada
Y si un fuerte grito resuena en las postradas rocas
Nadie lo escucha nadie
El desierto siempre aúlla bajo un cielo impasible
El ojo inmóvil sobrevuela solo
Como el águila al alba
La muerte se traga el rocío
La serpiente sofoca a la rata
El nómade bajo su carpa oye el ulular del tiempo
Sobre la grava del insomnio
Todo está allí esperando por una palabra ya indicada
En otra parte
[Fennec: pequeño zorro de orejas
puntiagudas de los desiertos del norte de África]
***
Sentada en la cama piernas bien abiertas
Un tazón
delante suyo
Buscando comida
pero sin ver nada
Una mujer con
párpados comidos por las moscas
Gemía
Las moscas
entraban por la ventana
Partían por la
puerta
Entraban a su
tazón
Ojos rojos
moscas negras.
Comidas por una
mujer
Que no veía
nada
Tomado de:
https://inutilesmisterios.blogspot.com/2013/07/joyce-mansour-la-egipcia.html
***
La lluvia que cae una vez al año
Moja con sus lágrimas consoladoras
Los corazones de los muertos que velan bajo las arenas
vacilantes
Las hienas, las estrellas, los vivos sin cobijo,
Calientan sus restos con sus reducidas mortajas
Y luchan con tenacidad contra los gusanos y sus
parientes.
La lluvia que cae por accidente una vez al año
Sobre el desierto sombrío
Hace estallar las flores sobre su rostro melancólico,
Las flores incoloras que mueren enseguida
Porque el sol admira a su amigo el desierto
Y lo desea desnudo e insaciable
Cada noche.
***
Un niño en el tren
El miedo lo coge por la garganta, por la mano,
Su madre muerta posada en sus hombros
A veces a la derecha, a veces a la izquierda
Le insufla las dulces palabras de una muerte apaciguada
Empujándolo hacia la vía que pasa corriendo
Y bebe su último aliento.
Tomado de:
https://circulodepoesia.com/2025/06/poemas-de-joyce-mansour/
***
Quiero mostrarme desnuda ante tus ojos melódicos.
Quiero que me veas gritar de placer.
Que mis miembros doblados por un peso excesivo
Te empujen a cometer actos impíos.
Que los finos cabellos de mi cabeza ofrecida
Se enganchen en tus uñas curvadas de furor.
Que te mantengas de pie ciego y creyente
Contemplando desde arriba mi cuerpo desplumado.
(De Gritos)
***
No conozco el infierno
Pero mi cuerpo arde desde mi nacimiento
Ningún diablo aviva mi odio
Ningún sátiro me persigue
Pero el verbo se transforma en parásitos en mis labios
Y mi pubis tan sensible a la lluvia
Inmóvil como un molusco flatulento de música
Se aferra al teléfono
Y llora
A mi pesar mi carroña se exalta con tu viejo sexo al
descubierto
Y durmiente.
(De Rapaces)
***
Estoy harta de los hombres
De sus súplicas de su pelambre
De su fe de sus modos
Ya he tenidos suficiente con su esqueleto
Bendíceme loca luz que iluminas los montes celestes
Aspiro a quedarme de nuevo vacía como el ojo apacible
Del insomnio
Aspiro a ser astro de nuevo.
(De Rapaces)
***
Qué falo
Qué falo sonará la campana
El día en que dormiré bajo una manta de plomo
Fundida en mi miedo
Como la aceituna en su bote
Hará un frio metálico y deslucido
No haré más el amor en una bañera esmaltada
No haré más el amor entre paréntesis
Ni entre los labios javaneses de un césped de primavera
Exudaré la muerte como una transpiración amorosa
Rodeada acosada por las visiones de octubre
Me acurrucaré en el lodo.
Este último poema: "Qué falo” pertenece
al libro: De Faire signe au machiniste (1976),
Traducción mía (María Germana Matta)
Tomado de:
https://batalladepapel.blogspot.com/2010/04/joyce-mansour-poesia.html
He visto cómo crecía mi rojo vello eléctrico
He visto cómo crecía mi rojo vello eléctrico
Desde mi vientre hasta mi garganta desplumada de pájaro
Y me he reído.
He visto cómo la humanidad vomitaba en la pila
inestable de la iglesia
Pero sigo sin comprender a mi corazón.
He visto al camello en camisa partir sin lágrimas para
La Meca
Junto a mil y un mercader de arena y al monstruo
escamoso de las negras multitudes
Pero no les he podido seguir
Pues la pereza se ha impuesto a mi fervor
Y la rutina ha recuperado su danza dislocada
Como la de los dedos del pie.
Vivimos pegados al techo
Sofocados por los rancios vapores que desprende la vida
cotidiana
Vivimos incrustados en las más bajas profundidades de
la noche
Resecadas nuestras pieles por el humo de las pasiones
Giramos alrededor del polo lúcido del insomnio
Sostenidos por la angustia separados por el éxtasis
Viviendo nuestra muerte en el gollete de la tumba.
Lo negro me cerca
Lo negro me cerca
Ayudadme
Mis ojos abiertos a la vacía desesperación de los
horizontes marinos
Estallan en mi cabeza
Ayudadme
Los murciélagos de cuerpo mohoso
Habitantes del cerebro atormentado de los monjes
Cuelgan de mi lengua cremosa
De mi lengua amarilla de mujer prevenida.
Ayudadme, vosotros que veis
Y se multiplicarán vuestros días
A pesar de vuestros pecados no perdonados
A pesar del espesor de vuestras noches en vuestras
bocas
A pesar de vuestros hijos iniciados en el mal
A pesar de vuestras camas.
LOS MUERTOS CON CABEZA DE PERRO
Sé que los que mueren durante el coito se transforman y
aprenden de nuevo a sufrir
Cuando la luna saca su verga de ojos de lluvia
Se restriegan sobre sus llagas giran y parecen
desfallecer
Poseídos por el vacío
Dislocados perdidos
Ocupan el aire con sus miembros abren sus bocas gritan
Brotan perlas de sus hermosos muñones
La leche mana
Mas una fina lluvia infla los cielos en los que nada la
podredumbre
Ahogando a los muertos de endomingados ojos
Ahogando a los tiranos que se disputan la eternidad
Haciendo que hombres y bienes
Mujeres niños hombres perros perros con cabeza de
hombre
Todos esos perros de hombres
Esos bienes de hombres
Floten en la fibrosa sopa
De la nada.
EL RECLINATORIO
Posada en un seno de caoba una paloma
Meditaba
Su pico lo borraba un viento maléfico
Las alas le colgaban del cuello
La paloma meditaba
El seno se despierta y se come al pájaro pensativo
A pesar de la poderosa mirada de la paloma
Aunque no tuviera mucho apetito
A pesar de la medicación
De la paloma.
CANCIÓN PARA PIES
Doce pequeños dedos
Crucificados sobre clavos
Doce pequeños dedos
Restregados en el barro
Yo la solitaria
Doblo mis piernas sin rodillas
Tiro mis pies al mar
Y me duermo sobre la arena blanca
Pues suyos son
Los doce pequeños dedos.
He encontrado una mandrágora
He encontrado una mandrágora
Donde se a derramado tu sangre
Donde se ha ahorcado mi amada
Donde e visto cómo tu cabeza se desprendía
Donde la tierra renace.
Sin brazos para frenar su caída
Ella bailaba con pasos desiguales
Con sus pies entumecidos pues su sombra
Bizqueaba.
He recogido la mandrágora
En cuya frente escamosa había sólo un ojo
El otro le colgaba de su pie estirado
Y su boca cavernosa me soliviantaba
Pero amor mío es sorprendente
Cómo se te parecía.
He devuelto la mandrágora
A la tierra en la que antaño vertía mis lágrimas
Mas ella huía cada vez que el sol declinaba
Y sus pies no paraban nunca
De bailar.
Tomado de:
https://poesiamaspoesia.com/157-poesia-mas-poesia-joyce-mansour/

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