domingo, 12 de junio de 2016

Poemas de Gabriel Zaid

(México, 1934)



La ofrenda


Mi amada es una tierra agradecida.
Jamás se pierde lo que en ella se siembra.
Toda fe puesta en ella fructifica.
Aun la menor palabra en ella da su fruto.
Todo en ella se cumple, todo llega al verano.
Cargada está de dádivas, pródiga y en sazón.
En sus labios la gracia se siente agradecida.
En sus ojos, su pecho, sus actos, su silencio.
Le he dado lo que es suyo, por eso me lo entrega.
Es el altar, la diosa y el cuerpo de la ofrenda.

Prueba de Arquímedes


Si te hundiera en una tina,
vería el volumen que desplazas.
Si te colgara de un pie,
hasta qué punto eres un bulto.

Estoy perplejo porque eres.
Porque eres eso, eso y más que eso.
¿Acabaré de entenderte?
Te muerdo y sólo te desprendo un grito.
Te aprieto y vuelas en una carcajada.
¿Dónde está el alma, dicen los cirujanos?
¿Quién eres tú, digo yo?

Me fui de bruces en tus ojos.
No tenían fondo.

Circe


Mi patria está en tus ojos, mi deber en tus labios.
Pídeme lo que quieras menos que te abandone.
Si naufragué en tus playas, si tendido en tu arena
soy un cerdo feliz, soy tuyo, mas no importa.
Soy de este sol que eres, mi solar está en ti.
Mis lauros en tu dicha, mi hacienda en tus haberes.


Nacimiento de venus

               
Así surges del agua,
blanquísima,
y tus largos cabellos son del mar todavía,
y los vientos te empujan, las olas te conducen,
como el amanecer, por olas, serenísima.
Así llegas helada como el amanecer.
Así la dicha abriga como un manto.


    Alucinaciones


      El vio pasar por ella sus fantasmas.
      Ella se estremeció de ver en él sus fantasmas.

      Él no quería perseguir sus fantasmas.
      Ella quería creer en sus fantasmas.

      Montó en ella, corrió tras sus fantasmas.
      Ella lloró por sus fantasmas.



    Animal fantástico


      Un brazo nada más no es cosa mala
      Si ves que el otro se convierte en ala.

      Y para qué dos pies, no es cosa buena,
      Si a cuatro viva el alma suena.

      Tener mil pares de ojos para ver.
      Te- ver-te- ver- te- ver.

      Y dos espaldas para tanta gente
      Que sueña, pero sigue la corriente.



    Brindis


      Borracho estoy de amarte y de mirarte,
      Alta luz, alta copa enaltecida.
      El vino se hace lenguas del Espíritu
      Y migas hace el pan con el mantel.
      Blanca la luz y negra y roja y viva,
      En tus dedos es sangre, en tus pupilas
      Eternidad, en tus labios silencio.
      Te amo, sí, te amo, borracho de tus ojos,
      Borracho, del silencio que ha arrasado tus ojos,
      Noche viva y sin lágrimas, noche viva y sin rumbo,
      Pero llena de estrellas como un mar sin temor.



    Canción de seguimiento


      No soy el viento ni la vela
      Sino el timón que vela.

      No soy el agua ni el timón
      Sino el que canta esta canción.

      No soy la voz ni la garganta
      Sino lo que se canta.

      No sé quien soy ni lo que digo
      Pero voy y te sigo.




    Claridad furiosa


      No aceptamos lo dado, de ahí la fantasía.
      Sol de mis ojos: eternidad aparte, pero mía.

      Pero se da el presente aunque no estés presente.
      Luz a veces a cántaros, pan de cada día.
      Se dan tus pensamientos, tuyos como estos pájaros.
      Se da tu soledad, tuya como tu sombra,
      Negra luz fulminante, bofetada del día.



    Danzón transfigurado


      Alguna vez,
      Alguna vez,
      Seremos cuerpo hasta los pies.

      ¿Dónde está el alma?
      Tus mejillas anidan pensativas.
      ¿Dónde está el alma?
      Tus manos ponen atención.
      ¿Dónde está el alma?
      Tus caderas opinan
      Y cambian de opinión.
      Bárbara, celárent, dárii, feria.
      Tus pies hacen discursos de emoción.
      Todo tu cuerpo, brisa de inteligencia,
      De cuerpo a cuerpo, roza la discusión.

      El tiempo rompe en olas venideras
      Y nos baña de música.



    Despedida


      A punto de morir,
      Vuelvo para decirte no sé qué
      De las horas felices.
      Contra la corriente.

      No sé si lucho para no alejarme
      De la conversación en tus orillas
      O para restregarme en el placer
      De ir y venir del fin del mundo.

      ¿En qué momento pasa de la página al limbo,
      Creyendo aún leer, el que dormita?
      La corza en tierra salta para ser perseguida

      Hasta el fondo del mar por el delfín,
      Que nada y se anonada, que se sumerge
      Y vuelve para decir no sé qué.



    Elegía


      Yo soltaba los galgos del viento para hablarte.
      A machetazo limpio, abrí paso al poema.
      Te busqué en los castillos a donde sube el alma,
      Por todas las estancias de tu reino interior,
      Afuera de los sueños, en los bosques, dormida,
      O tal vez capturada por las ninfas del río,
      Tras los espejos de agua, celosos cancerberos,
      Para hacerme dudar si te amaba o me amaba.

      Quise entrar a galope a las luces del mundo,
      Subir por sus laderas a dominar lo alto;
      Desenfrenar mis sueños, como el mar que se alza
      Y relincha en los riscos, a tus pies, y se estrella.

      Así cada mañana por tu luz entreabierta
      Se despereza el alba, mueve un rumor el sol,
      Esperando que abras y que alces los párpados
      Y amanezca y, mirándote, suba el día tan alto.

      Si negases los ojos el sol se apagaría.
      El acecho del monte y del amanecer
      En tinieblas heladas y tercas quedaría,
      Aunque el sol y sus ángeles y las otras estrellas
      Se pasaran la noche tocando inútilmente.


    Elogio de lo mismo


      ¡Qué extraño es lo mismo!
      Descubrir lo mismo.
      Llegar a lo mismo.

      ¡Cielos de lo mismo!
      Perderse en lo mismo.
      Encontrarse en lo mismo.

      ¡Oh, mismo inagotable!
      Danos siempre lo mismo.



    Evasión


      Desatar la canastilla.
      Subir globos llenos de besos.
      Ya va quedando el mundo atrás.
      El fondo de los ojos da vértigo.
      Cogerse desesperadamente.
      Ser arrastrados por el viento.
      Soltar arena, perder peso.
      Ya estás en el espacio sin tiempo.



    Fábula de Narciso y Ariadna (fragmento)


      Acudes a tus ojos porque acudes,
      Los ojos de las noches estrelladas.
      Y su luz no es tu eco, no lo dudes,
      Es otra luz que mueve tus miradas;
      Desde la luna, arcón de los rosarios,
      Hasta la luna sin itinerarios.

      Luz del amor que llama a los amores
      Por encima del hombro para el viaje,
      Y en el espejo muestra sus pudores
      De estrella antigua que abandona el traje,
      Mariposa, cristal, serpiente o perla
      Cuando se empaña nada más de verla.




    Nacimiento de Eva


      No tengo tiempo que perder,
      Me dijo al amanecer,
      Y desplazó un volumen de mujer.

      Mar de mujer y piélago de sillas.
      El astillar me dejas hecho astillas,
      Salpicadas de hielo las costillas.

      Botaduras heladas y funestas.
      Está bien. Pero qué horas son estas.
      No te has quedado ni a las últimas fiestas.



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