domingo, 26 de junio de 2016

POEMAS DE WILLIAM SHAKESPEARE

    (Reino Unido,1564 - 1616)


    Como actor vacilante en el proscenio


      Como actor vacilante en el proscenio
      Que temeroso su papel confunde,
      O como el poseído por la ira
      Que desfallece por su propio exceso,
      Así yo, desconfiando de mí mismo,
      Callo en la ceremonia enamorada,
      Y se diría que mi amor decae
      Cuando lo agobia la amorosa fuerza.


      Deja que la elocuencia de mis libros,
      Sin voz, transmita el habla de mi pecho
      Que pide amor y busca recompensa,
      Más que otra lengua de expresivo alcance.


      Del mudo amor aprende a leer lo escrito,
      Que oír con ojos es amante astucia.


    ¿Cómo buscar temas, mi musa?


      ¿Cómo buscar temas, mi musa,
      Mientras tú alientas, que a mi verso infundes
      Tu dulce inspiración, harto preciosa
      Para exponerla en un papel grosero?
      Agradécete a ti, si algo de mi obra
      Digno de leerse encuentra tu mirada:
      ¿Quién tan mudo será que no te escriba
      Cuando tu luz aclara lo que inventa?


      Sé la décima musa y sé diez veces
      Mejor que las antiguas invocadas,
      Y otorga a quien te invoque eternos versos
      Que sobrevivan a lejanos siglos.


      Si al futuro censor mi musa encanta,
      Mía será la pena y tuyo el lauro.


    ¿Cómo compararte a un día de verano?


      ¿Cómo compararte a un día de verano?
      Más hermosura y suavidad posees.
      Tiembla el brote de mayo bajo el viento
      Y el estío no dura casi nada.
      A veces demasiado brilla el ojo
      Solar, y otras su tez de oro se apaga;
      Toda belleza alguna vez declina,
      Ajada por la suerte o por el tiempo.


      Pero eterno será el verano tuyo.
      No perderás la gracia, ni la muerte
      Se jactará de ensombrecer tus pasos
      Cuando crezcas en versos inmortales.


      Vivirás mientras alguien vea y sienta
      Y esto pueda vivir y te dé vida.


    Como en la playa al pedregal las olas

      Como en la playa al pedregal las olas,
      Nuestros minutos a su fin se apuran,
      Cada uno desplaza al que ha pasado
      Y avanzan todos en labor seguida.
      El nacimiento, por un mar de luces,
      Va hacia la madurez y su corona;
      Combaten con su brillo eclipses pérfidos
      Y el tiempo sus regalos aniquila.


      El tiempo orada el juvenil adorno,
      Surca de paralelas la hermosura,
      Se nutre de supremas maravillas
      Y nada existe que su hoz no abata.


      A pesar de su mano cruel, mi verso
      Dirá tu elogio en tiempos que esperamos.

    ¿Cómo puedo elogiarte con modestia?


      ¿Cómo puedo elogiarte con modestia
      Cuando tú eres de mí la mejor parte?
      ¿Qué me puede otorgar mi propio elogio
      Y qué hago con tu elogio sino el mío?
      Vivamos separados, y que pierda
      Su nombre de indiviso nuestro amor,
      Para que pueda darte, al separarnos,
      Lo que mereces tú, tú solamente.


      ¡Oh ausencia, cuál sería tu suplicio,
      Si tu amarga quietud no nos dejara
      Burlar al tiempo en el amor pensando,
      Engaño dulce del pensar y el tiempo,


      Y no enseñaras a hacer dos con uno,
      Aquí elogiando a quien está distante!


    Como un padre decrépito disfruta


      Como un padre decrépito disfruta
      Al ver de su hijo las empresas jóvenes,
      Así yo, mutilado por la suerte,
      En tu lealtad y mérito me afirmo.
      Pues sea la hermosura o el linaje,
      El poder o el ingenio, uno o todos,
      Quien te corone con mejores títulos,
      Yo incorporo mi amor a esa riqueza.


      Ni pobre ni ofendido soy, ni inválido,
      Que basta la sustancia de tu sombra
      Para colmarme a mí con su opulencia,
      Y de una parte de tu gloria vivo.


      Busca, pues, lo mejor: te lo deseo;
      Seré feliz diez veces si lo hallas.


    Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos


      Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos
      Y ahonden surcos en tu prado hermoso,
      Tu juventud, altiva vestidura,
      Será un andrajo que no mira nadie.
      Y si por tu belleza preguntaran,
      Tesoro de tu tiempo apasionado,
      Decir que yace en tus sumidos ojos
      Dará motivo a escarnios o falsías.


      ¡Cuánto más te alabaran en su empleo
      Si respondieras : -"Este grácil hijo
      Mi deuda salda y mi vejez excusa",
      Pues su beldad sería tu legado!


      Pudieras, renaciendo en la vejez,
      Ver cálida tu sangre que se enfría.


    Cuando en las crónicas de tiempos idos


      Cuando en las crónicas de tiempos idos
      Veo que a los hermosos se describe
      Y a la belleza embellecer la rima
      Que elogia a damas y señores muertos,
      Observo que al pintar de sus dechados
      La mano, el labio, el pie, la frente, el ojo,
      Trataba de expresar la pluma arcaica
      Una belleza como la que tienes.


      Así, sus alabanzas son presagios
      De nuestro tiempo, que te prefiguran,
      Y pues no hacían más que adivinarte,
      No podían cantarte cual mereces.


      En cuanto a aquellos que te contemplamos
      Con absorta mirada, estamos mudos.

    Cuando en sesiones dulces y calladas


      Cuando en sesiones dulces y calladas
      Hago comparecer a los recuerdos,
      Suspiro por lo mucho que he deseado
      Y lloro el bello tiempo que he perdido,
      La aridez de los ojos se me inunda
      Por los que envuelve la infinita noche
      Y renuevo el plañir de amores muertos
      Y gimo por imágenes borradas.


      Así, afligido por remotas penas,
      Puedo de mis dolores ya sufridos
      La cuenta rehacer, uno por uno,
      Y volver a pagar lo ya pagado.


      Pero si entonces pienso en ti, mis pérdidas
      Se compensan, y cede mi amargura.


    Cuando haya muerto, llórame tan solo


      Cuando haya muerto, llórame tan solo
      Mientras escuches la campana triste,
      Anunciadora al mundo de mi fuga
      Del mundo vil hacia el gusano infame.
      Y no evoques, si lees esta rima,
      La mano que la escribe, pues te quiero
      Tanto que hasta tu olvido prefiriera
      A saber que te amarga mi memoria.


      Pero si acaso miras estos versos
      Cuando del barro nada me separe,
      Ni siquiera mi pobre nombre digas
      Y que tu amor conmigo se marchite,


      Para que el sabio en tu llorar no indague
      Y se burle de ti por el ausente.


TU CAPRICHO Y TU EDAD, SEGÚN SE MIRE...



Tu capricho y tu edad, según se mire,
provocan tus defectos o tu encanto;
y te aman por tu encanto o tus defectos,
pues tus defectos en encanto mudas.
Lo mismo que a la joya más humilde
valor se da en los dedos de una reina,
se truecan tus errores en verdades
y por cosa legítima se tienen.
¡Cómo engañara el lobo a los corderos,
si en cordero pudiera transformarse!
Y ¡a cuánto admirador extraviarías,
si usaras plenamente tu prestigio!
Mas no lo hagas, pues te quiero tanto
que si es mío tu amor, mía es tu fama.


TU PECHO ESTÁ CARGADO CON TODOS LOS CORAZONES...



Tu pecho está cargado con todos los corazones,

que yo supuse, en mi ignorancia, muertos;
y allí reina el Amor con todas sus amantes partes
y todos los amigos que yo creía extintos.
Cuántas sagradas y obsequiosas lágrimas
extrajo de mis ojos el amor religioso
en interés de los muertos, que aparecen ahora
como cosas remotas que en ti yacen ocultas!
Tú eres la tumba en que el amor sepulto ahora vive,
adornado con los trofeos de mis amores idos,
que todas sus partes de mí a ti te dieron,
pues ese haber de muchos es tuyo ahora solo:
Sus imágenes que amé las veo en ti
y tú, con todos ellos, lo tienes todo del total de mí.


AMOR VERDADERO



No, no aparta a dos almas amadoras

adverso caso ni crüel porfía:
nunca mengua el amor ni se desvía,
y es uno y sin mudanza a todas horas.
Es fanal que borrascas bramadoras
con inmóviles rayos desafía;
estrella fija que los barcos guía;
mides su altura, mas su esencia ignoras.
Amor no sigue la fugaz corriente
de la edad, que deshace los colores
de los floridos labios y mejillas.
Eres eterno, Amor: si esto desmiente
mi vida, no he sentido tus ardores,
ni supe comprender tus maravillas.



CUANDO HOMBRES Y FORTUNA ME ABANDONAN...



Cuando hombres y Fortuna me abandonan,

lloro en la soledad de mi destierro,
y al cielo sordo con mis quejas canso
y maldigo al mirar mi desventura,
soñando ser más rico de esperanza,
bello como éste, como aquél rodeado,
deseando el arte de uno, el poder de otro,
insatisfecho con lo que me queda;
a pesar de que casi me desprecio,
pienso en ti y soy feliz y mi alma entonces,
como al amanecer la alondra, se alza
de la tierra sombría y canta al cielo:
pues recordar tu amor es tal fortuna
que no cambio mi estado con los reyes.

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