miércoles, 9 de septiembre de 2015

POEMAS DE HENRIK NORDBRANDT

HENRIK NORDBRANDT - PUENTES DE SUEÑOS. POEMAS





Cuando levanté la mirada, había dejado de llover.
El sol caía sobre una rama con blancas flores de almendro
de forma que me deslumbró
y derramé el café sobre las cartas aún sin contestar.

2

Flores blancas y ranas negras
se reparten la noche de primavera:

No puedo dormir 

y como no puedo dormir
pues no puedo dormir.

Por la misma razón 

tampoco puedo volar
y por tanto 
tampoco darte
la rama con flores 
antes de que verdezca.

Además sabes que la misma luna 

no brilla sobre tu ciudad 
de la misma manera que sobre la mía

lo sabes ahora, cuando la ves

brillar como aquí.

3

La lluvia de luz de las flores del manzano
se solidificó como estaño

y el jardín se aplanó.


Después de los años lentos

llegaron los rápidos.

Abrí un cajón

y me sentí triste.

        


¿Tengo que serenarme primero

o primero tengo que morir?
¿Tengo que decirle
a ella
lo que ni siquiera puedo decirme a mí mismo
o debo darle la espalda
y seguir mi camino? Es sólo por saberlo.

Mis ojos se toparon con un par de ojos

que me vieron en un lugar
donde yo no había estado nunca.
Y los pesados párpados se cerraron
de manera que una luz sin fuente 
hizo brillar a todas las fuentes del Mundo.

         


Ojalá nunca hubieras venido

así la noche tampoco habría pasado nunca.

Y ojalá no te hubieras  quedado

así la mañana tampoco habría llegado nunca.

Ojalá no se hiciese nunca verano

así el verano estaría siempre acercándose.

Grito

Pude haber gritado
si no hubiera sido por el cielo.
Pude haber caminado
si no hubiera sido por la tierra.
Pude haber dicho todo
si no hubiera sido por el mar.
El cielo está cubierto de nubes.
La tierra está desnuda, agrietada y polvorienta.
El mar no es nada
comparado con la distancia que hay entre tú y yo.
Versión de Francisco Uriz

Adonde quiera que vayamos

Adondequiera que vayamos siempre llegamos demasiado tarde
a aquello que una vez salimos a buscar.
Y en cualquier ciudad en que nos quedamos
están las casas a las que es demasiado tarde para volver
los jardines en los que es demasiado tarde para pasar una noche de luna
y las mujeres a las que es demasiado tarde para amar
lo que nos tortura con su intangible presencia.
Y sean cualesquiera las calles que creemos conocer
nos llevan más allá de los jardines floridos que andamos buscando
y que difunden por toda la vecindad sus pesadas fragancias.
Y cualesquiera que sean las casas a las que volvemos
llegamos demasiado tarde por la noche para ser reconocidos.
Y cualesquiera que sean los ríos en que nos reflejamos
no nos vemos hasta que les hemos dado la espalda.
Versión de Francisco Uriz

La rosa de Lesbos 


Una mujer desconocida me ha dado esta rosa
cuando yo estaba entrando en una ciudad desconocida.
Y ahora que he estado en la ciudad
que he dormido en sus camas
y he jugado a las cartas bajo sus cipreses
ahora que me he emborrachado en sus tabernas
y he visto a la mujer ir de acá para allá y de allá para acá
ya no sé dónde voy a tirar la rosa.

En todos los sitios en que he estado flota su aroma.
Y en todos los sitios donde no he estado
yacen en el polvo sus marchitos pétalos arrugados.

De "Nuestro amor es como Bizancio" ("Oda al pulpo y otros poemas de amor" 1975)
Versión de Francisco Uriz
Editorial Lumen S.A. 2003




Mentiras

Es mentira lo que escribí en la carta que quemé
que pienso todo el tiempo en ti.

Pero yo pienso en ti casi todo el tiempo.

También es mentira que no pueda dormir:
Duermo muy bien y además sueño
        con otras mujeres.

Pero cuando me despierto, inmediatamente pienso en ti.

A las hermosas mujeres que veo por la calle
las desnudo con la mirada mientras intento
        no pensar en ti.

Y aspiro su aroma hasta que me desvanezco.

Pero en todas las comparaciones sales ganando tú,
        y mi soledad.
De "Nuestro amor es como Bizancio" ("Puentes de sueños" 1998)
Versión de Francisco Uriz
Editorial Lumen S.A. 2003


Nuestro amor es como Bizancio 


Nuestro amor es como Bizancio
tuvo que haber sido
la última noche. Tuvo que haber habido
me imagino
un resplandor en los rostros
de los que se agolpaban en las calles
o formaban pequeños grupos
en las esquinas de las calles y en las plazas
hablando en voz baja,
un resplandor que tuvo que haberse parecido
al que tiene tu cara
cuando te echas el pelo hacia atrás
y me miras.

Me imagino que no hablarían
mucho y solo de cosas
bastante indiferentes,
que tratarían de hablar
y se detuvieron
sin haber llegado a decir
lo que querían
y lo intentaron de nuevo
y lo volvieron a dejar
y se miraron mutuamente
y bajaron la mirada.

Los iconos muy antiguos, por ejemplo
tienen el mismo resplandor
que el flamígero fulgor de una ciudad en llamas
o el brillo que la muerte inminente
deja en las fotografías de muertos prematuros
en el recuerdo de los supervivientes.

Cuando me vuelvo hacia ti
en la cama, tengo la sensación
de entrar en una iglesia
que fue quemada
hace mucho tiempo
y donde solo ha quedado
la oscuridad en los ojos de los iconos
plenos de las llamas que los aniquilaron.
De "Nuestro amor es como Bizancio" ("Oda al pulpo y otros poemas de amor" 1975)
Versión de Francisco Uriz
Editorial Lumen S.A. 2003



Seriedad


Cómo habrías amado este lugar
las piedras calientes en el límite de la playa
ahora que sol y luna
brillan con la misma fuerza
y la misma dulzura.
Y en verdad lo amabas
-pero más ahora
cuando tú ya no estás
y yo lo amo
con una nueva seriedad: Aquella
con la que podría haberte amado
más que a mi propia vida.

De "Nuestro amor es como Bizancio" ("Los gusanos de la puerta del cielo" 1995)
Versión de Francisco Uriz
Editorial Lumen S.A. 2003



Una de esas


tú eres como una de esas
rosas, una
rosa roja
tan roja como nadie
jamás la vio

así, sí así
vi una de esas de verdad

veo que tú eres una rosa
así, una de esas de verdad
una de esas rojas, vista
así

una de esas...

De "Nuestro amor es como Bizancio" ("Miniaturas" 1967)
Versión de Francisco Uriz
Editorial Lumen S.A. 2003




Una vida

Encendiste una cerilla y su llama te cegó
de manera que no pudiste encontrar en la oscuridad lo que buscabas
antes de que la cerilla se consumiese entre tus dedos quemándote
y el dolor te hiciera olvidar lo que buscabas.
De "Nuestro amor es como Bizancio" ("Era glacial" 1977)
Versión de Francisco Uriz
Editorial Lumen S.A. 2003

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