domingo, 24 de marzo de 2019

POEMAS DE EVA STRITTMATTER


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(8 de febrero de 1930, Neuruppin, Alemania - 3 de enero de 2011, Berlín, Alemania)


SOS


Puede que sólo se trate de la tristeza
habitual de noviembre.
El no quiero nada y no sé nada.
La falta de ánimo y de ganas.
Disfrazada de enfermedad y miedo a la muerte
susurra el fin, el fin…
Quizá, como siempre, basta un día soleado
para que se produzca el cambio…
Hang-over de oscuridad.
Asqueada de la lluvia.
El amor y las palabras se vuelven inciertos
en el Océano Pacífico del tiempo.
El tsunami de lo absurdo.
Arrojada al suelo: yo.
Insignificante. Existo existo.
Un radiograma de mí para mí.


Depresión


Estoy muy cansada: cual fuego casi extinto.
El perro caza moscas. Cae la lluvia,
que tan pronto bendigo como maldigo.
Y el viento del atardecer no se lleva más que
naderías. Los sentimientos más nimios.
Ora esto, ora lo otro.
Temblando por el frío de la lluvia,
la amarga hierba se encorva ante el viento.
Yo estoy a cubierto y como en casa.
Y en los anchos caminos de los prados
brotan los primeros hongos.
Se podría estar tranquilo y feliz.
El mundo es redondo y está cubierto de un manto verde.
Todo es sólo un etcétera.
Y aun cuando está nublado, hay luz.
Todo eso viene de dentro.
Fuera hay abedules, hierba y piedra.
Pero hay que empezar por uno mismo.
Y cuando también eso es difícil, entonces, ¿qué?


Autorretrato superficial


Terriblemente cansada, a causa de la debilidad.
Casi desfallecida,
lo que mina el deseo de ser responsable.
Síntomas de una bajada de tensión.
Herida la columna por críticas provincianas.
Es decir, encorvada y no optimista.
Así de simple. Sin motivo, en realidad.
Que respira con pulmones y branquias:
un pez terrestre.
Un sol inmóvil: tú también, Bruto.



Van Gogh, los otros y yo


Sería mejor para el mundo
que yo no apareciera en mis Obras.
Alguien que sentía algo parecido cogió un cuchillo
y se cortó la oreja poseído por la tristeza.
A pesar de todo lo que con tanto esfuerzo había pintado,
era incapaz de encontrar la paz.
Lo torturaba algo como un crimen
que no conseguía callar,
porque hay algo en nosotros que quiere fundirse
con todo lo perceptible y lo imperceptible.
No podemos borrar nuestras huellas
y luchamos por un período de gracia
para demostrar nuestra inocencia.
Más, al mismo tiempo, nadie nos acusa.
No les importamos ni a los dioses ni a los ancianos.
Vivimos de la megalomanía
que mostramos ante el juicio del mundo,
ante el cual se justifica toda palabra.
Y se ve cada pincelada.
Y con alguno se demuestra: que no se ha equivocado.


Anomalía


Me gustaría dejar de escribir poesía.
Como se desea dejar de fumar.
Me gustaría vivir
y no caer en la desesperación.
La adicción a las palabras es enfermiza,
un gusano en el cerebro, una anomalía.
Como siempre, estoy huyendo.
Sigo sin alcanzar mi objetivo:
la paz y el fin de todas las preguntas.
Nada conservo de los días hermosos.
La escritura ya nunca tiene armonía.
Sólo desgana, la caída en la autonegación.
¡Y volver a levantarse!
Qué bueno sería vivir felices sin palabras
ante la visión del mundo.


Nube


Cuando quiera hablar de ti,
diré nube.
Y sobre el amor guardo ahora silencio.
Si quiero quejarme de mi miseria,
diré: hace viento.
Nos callaré.
Sólo tú sabrás qué son las nubes
y qué anuncian los vientos.


La poesía es un suicidio. Me estrangulo.

Con cada verso que pongo por escrito
asfixio mi Yo que respira.
Que quede con vida depende sólo
de que cometa un asesinato.
Porque no soporto más
no entenderme a mí misma.

Lo que quedará de mí

Lo que quedará de mí: cuatro hijos
(mi coartada humana).
Y puede que una bonita fotografía
que se me parezca.
Que me muestre riendo.
No enseño la cara que pongo
cuando lloro.
Quedarán entonces: los poemas.
Puede que dos o tres sigan siendo conocidos
durante un poco más de tiempo que el resto.
Y eso también pasará.
Es curioso saber eso
y volver a levantarse.
Y tener que seguir viviendo
como si fuera para siempre.


Violencia


Dejaría que mis hijos comieran piedras
sólo para traer dos palabras al papel.
*
Rompe contra mí. Va a devorarme.
*
Nace el verso como grito.
Pero vosotros me oís cantar.


Demonio


No me puedo salvar.
Me voy a pique.
No hago otra cosa que autodestruirme.
Cada hora resulta insuperable.
Y mi poesía es una droga.
Quién me ha perdido.
Quién me ha traicionado.
¿Qué ocultos hechos pasados
debo purgar?
¿Quién sucede dentro de mí?
¿Quién les calla a mis palabras el contexto
y confunde su significado?
Bien puede ser que sea yo.


Gramo


Escribe al lavar, escribe al cocinar.
Debo sentir que existo.
A veces, en siete semanas
gano un gramo de poesía.


Mi país


No tengo ni idea de qué debo amar:
me duele el país en el que vivo.
Este país desgarrado. Increíble y lleno de soñadores.
Un organismo con dos corazones.
Como hermanos siameses:
uno experimenta cada movimiento del otro.
No hay pena que sienta uno
y no el otro.
No pueden separarse.
Y quieren ser independientes.
Deben arder
o continuar odiándose…
Y me exigís que lo ame,
este país maldito en el que vivo,
mi país maravilloso y herido,
con el que caigo
o me levanto.


antes de un invierno

Hago una canción del silencio
y de la luz de septiembre.
El silencio de un grillo
Entra en mi poema.

El lago y la libélula.
La baya del serbal rojo.
El trabajo de una fuente.
El otoño huele a pan.

Los árboles mueren y se desgarran.
El cuervo negro grita.
El vuelo del órgano de los cisnes.
Sea lo que sea.

El espacio sobre nosotros nos
hace enormes
y cae en nuestros sueños en
una noche oscura.

Hago una canción de silencio.
Hago una canción de luz.
Así que voy al invierno.
Y así no voy.

Escribir...


Verdaderamente también
podría escribir cosas más complicadas
y podría tratar la poesía
como una magia secreta.
Podría inventar un código
que solo cinco hombres comprendieran,
y los otros fueran los ciegos,
solo nosotros seis podríamos ver.
Pero quiero permanecer modesta
y cercana a las palabras habituales
y quiero escribir tan claramente
que, en cualquier lugar, los hombres
lean mis poemas
y comprendan mis pensamientos
diciendo: así sucedió
y también así lo vimos.

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