domingo, 10 de junio de 2018

POEMAS DE ANTONIO AGRAZ


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(1905-1956)

Romance de guerra a la 43.ª División

43.ª División, orgullo de los leales,
con aire de pueblo en armas
dejas vacíos los valles.
Por encima de la muerte
supo erguirse en los combates
y a los tres meses de lucha
sin asistencia de nadie
contra malvados sin patria,
contra riscos y breñales,
contra látigos de hielo
y contra cuchillos de hambre
sale de España la buena,
de España la buena sale.
Cruzando está la frontera,
los heridos van delante,
detrás los niños,
detrás caminan las madres,
detrás marchan los ancianos
y detrás los militares;
primero van los soldados,
les siguen los oficiales,
su teniente coronel
es el último que sale.
La muerte lleva en el alma,
la vida en el rostro grave,
serena la faz altiva
y espíritu indomable.
Las sierras del Pirineo
llenas de nieve y sangre,
asombradas de su gesta
las gargantas entreabren
para dejarles camino
por entre verdes pinares
y asomándose a los picos
al verles pasar, la tarde
discute con la mañana
porque no quiere marcharse.
Los valles de Bielsa gimen
“¡Quién pudiera acompañarles!”
Responde el jefe, Beltrán,
irguiendo el membrudo talle:
“¡Note apures, Aragón,
que yo volveré a buscarte!”
La voz de El Esquinazau,
pregón de guerra en el aire,
resuena como una trompa
de Bernardo en Roncesvalles.

En “CNT” de Madrid, 18-6-1938
(Gentileza de M. Domínguez) 

Los Tenderos 


Calle abajo va el reguero
de la cola mañanera.
Viejas que ya no trabajan
porque se hicieron muy viejas.
Viejas que arrastran los años
sobre zapatos sin suelas;
niñas, tan chiquirritinas,
tan menudas, tan pequeñas,
que parecen salpullido
que le sale a las aceras;
mozas, algunas, muy pocas,
porque el taller las espera;
guardias con fusil al hombro
recomendando paciencia
a las que chillan airadas
cuando una viva se cuela...
Las agujas de un reloj
apuntan las ocho y media,
chirría el cierre metálico
de la puerta de la tienda...
Los guardias montan la guardia
frente al quicio de la puerta;
da una palmada el tendero,
abre el cajón la tendera.
La cola va desgranando
frente al mostrador sus cuentas.
El tiburón de la caja
por sus fauces de madera
se traga voraz los cuartos,
duro a duro, perra a perra.
Lo que ha costados dos reales
se vende a cuatro pesetas,
lo que tres duros valía
diez duros o doce cuesta.
Se marchan las compradoras
sin cupro en la faltriquera
y unos gramos, muy poquitos,
de cualquier cosa en la cesta.
Chirrían de nuevo los cierres
metálicos de la puerta.
Muralla de acero clavan
entre la calle y la tienda.
Gozosos, cuentan los cuartos,
productos de mala venta,
el pequeño comerciante
y su mujer la tendera.
Y mientras ayunan hijos
del que lucha en las trincheras,
los dos tenderos suspiran:
¡que no se acabe la guerra!

Ayer martes, por la noche,
la virgen bajó del cielo.
Esta mañana, en la calle,
la encontraron los bomberos.
Se la llevaron a Miaja
que se puso muy contento.
La virgen es de oro fino.
Nosotros la fundiremos,
para comprarles cañones
a los bravos artilleros,
y por haber sido buena,
bajando del cielo a vernos,
mientras los obuses zumben
nosotros la rezaremos.
CNT. Marzo 1937

GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

¡AQUÍ MADRID, CAPITAL DE LA TIERRA!

Levantinos, levantinos, hombres de conciencia entera: levantinos de Alicante,
de Castellón, de Valencia: de la ciudad y del pueblo; del naranjal y la huerta; del surco y del arrozal;
de la fábrica y la pesca… Levantinos, levantinos: oíd de Madrid la arenga.
Oídla bien, levantinos
de Alicante y de Valencia, de Castellón, de la Plana, la bella ciudad deshecha por las llamas y el acero de las hordas extranjeras. Oíd, oíd, levantinos,
hombres de conciencia entera. Oíd, porque habla Madrid,
la capital de la Tierra. Madrid, que da la consigna
«Resistencia y resistencia». Luchad vosotros, los hombres; trenzad, los hombres, trincheras. Que la victoria es segura;
que la victoria es tan nuestra,
que ni aun muertos nos la pueden



arrebatar las colmenas de zánganos dictadores
ni las cobardes potencias, impotentes, impotentes, aunque potentes se crean. Luchad, vosotros, los hombres;
trenzad, los hombres, trincheras, seguros de que Madrid,
la capital de la Tierra, sencilla porque es sencilla, serena, porque es serena, y alegre, porque el dolor
no hace ya en su carne mella, y, además, agradecida, levantinos de Valencia,
de Castellón, de Alicante, de la ciudad y la huerta, tiene los brazos abiertos y las entrañas abiertas
a los padres y a los niños de todos los que pelean.
Levantinos, levantinos: oíd de Madrid la arenga:
«Luchar y fortificar; resistencia y resistencia.»
¡Que está la guerra ganada!
¡Que ganaremos la guerra, pese a la traición, al miedo y a las cobardes potencias!
(Romances de CNT)

VENGO DE CUATRO CAMINOS


Vengo de Cuatro Caminos. De Cuatro Caminos vengo. Mis ojos que ya no lloran, los traigo de sangre llenos; sangre de un chiquillo rubio que he visto roto en el suelo; sangre de una mujer joven; sangre de un viejo muy viejo;
sangre de muchos, ¡de muchos!, confiados, indefensos,
caídos bajo las bombas de los piratas del cielo. Vengo de Cuatro Caminos, de Cuatro Caminos vengo.
Traigo los oídos sordos de blasfemias y lamentos.
—¡Ay, chiquitín, chiquitín!
¿Qué les hiciste a esos perros para que así te destrocen sobre las piedras del suelo?
—¡Ay, ay, ay, madre, mi madre!,
¿por qué han matado al abuelo?
—Porque son hijos de loba y de lobo carnicero; porque llevan en las venas sangre de burdel y cieno; porque nacieron sin padre dentro de su regimiento.
Un «¡Caso en Dios!» corta el aire hacia la farsa del cielo.
(Romancero de la defensa de Madrid)


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