miércoles, 2 de diciembre de 2020

POEMAS DE AUSIÀS MARCH

 

                                             (1400, Beniarjó - 3 de marzo de 1459, Valencia, España)


¿Qué seguros consejos vas buscando...?

 

¿Qué seguros consejos vas buscando,

desgraciado corazón, asqueado de vivir?

Amigo de llantos y enemigo de reír ,

¿cómo soportarás los males que te aguardan?

Apresúrate, pues, hacia la muerte que te espera,

aunque para tu mal prolongues los días;

tanto más lejos se halla tu deleitosa estancia,

cuanto más quieres huir de la muerte incitante.

Con los brazos abiertos sale al camino,

llorándole los ojos por exceso de gozo;

el melodioso canto de su voz escucho,

que dice: «Amigo, sal de casa ajena.

Tomo placer dándote mi favor,

que jamás tuvo hombre nacido,

pues rehúyo a quien me llama,

tomando sólo a quien huye de mi rigor.»

 

Llorándole los ojos, la cara aterrada,

mesándose el cabello con grandes alaridos,

la vida quiere darme heredades

y el señor de estos dones quiere que sea,

gritando con voz horrible y dolorosa,

cual la muerte llama al bienaventurado;

ya que para quien está avezado al sufrimiento,

la voz de la muerte le será melodiosa.

 

¡Cómo me maravilla la orgullosa

voluntad de muchos amadores!

Aun no preguntándome a mí qué es el Amor,

en mí hallarán su fuerza dolorosa.

Maldiciendo, todos jurarán

que nunca el Amor los poseerá,

mas si yo les hablo del cálido placer,

el tiempo perdido, suspirando, maldecirán.

 

No sé de hombre o mujer semejante a mí

que, atormentado por el Amor, dé lástima;

soy yo a quien hay que compadecer,

pues de mi corazón la sangre se retira.

Debido a la tristeza que se le acercó,

secóse para siempre el humor que sostiene mi vida,

contra mí la tristeza muestra arrojo,

y en mi socorro no acude mano armada.

 

Lirio entre cardos, siento acercarse la hora

en que civilmente mi vida está conclusa;

puesto que por entero mi esperanza está perdida,

mi alma en este mundo resta condenada.

 

Versión de José Batlló

 

Sexto canto de muerte

 

Si durante algún tiempo creí amar,

de tal sentimiento, poco conozco ahora en mí.

Si me comparo al común de la gente,

es verdad que hallo en mí gran amor;

mas si recuerdo a alguien de otro tiempo,

y lo que Amor puede en buena disposición,

ni tan sólo puedo darme el nombre de amador,

pues mi pasión no es tanta como debiera.

 

La que tanto amé, ya murió,

y yo sigo vivo, viéndola morir;

un gran amor no podría sufrir

que la Muerte de ella me alejara.

Tendría que ir a buscarla a su camino,

mas no sé qué me impide decidirme:

parezco quererlo, mas no es verdad, pues la Muerte

no se resiste a quien en sí la desea.

 

Claro está que mi vida no terminó,

cuando vi cómo la muerte se le acercaba,

y llorando decía: -¡No me dejéis,

sentid el dolor que el dolor causa en mí! -

¡Oh malvado corazón de quien en tal trance

no queda despedazado y sin sangre!

Un poco de piedad, un poco de amor

bastaría para mostrar un gran dolor.

 

¿Quién será aquél que llegue a dolerse

la bastante de los piadosos males que la Muerte trae?

¡Oh mal cruel, que la juventud arrebatáis

y hacéis que la carne se pudra en la fosa!

 

El espíritu, despavorido, va volando

a incierto lugar, temiendo la condena eterna;

todo el placer presente atrás queda.

¿Qué Santo no dudó ante la Muerte?

 

¿Quién será aquél que lamentará la muerte

propia o ajena, tanto como grande es el mal?

No se puede sentir el dolor mortal,

y menos aquél al que la muerte jamás tentó.

¡Oh mal cruel, que para siempre separas

los ánimos que siempre permanecieron unidos!

Mis sentimientos se hallan aturdidos;

mi espíritu perdió la sensibilidad.

 

Todos mis amigos me compadecerán

así que vean mi pasión;

el falso compañero se alegrará,

y el envidioso, que disfruta con el mal,

¡pues, tanto como puedo, sufro y sufrir quiero,

y si no padezco, siento fuerte disgusto,

pues deseo no volver a sentir placer

y que jamás cese el llanto de mis ojos!

 

No amo tan poco como para que no mojen mi cara

las lágrimas, al pensar en su vida y en su muerte;

rememorando su vida, vivo en la tristeza,

y su muerte lamento tanto como puedo.

No logro más, nada más puedo hacer,

sino obedecer lo que mi dolor ordena;

antes quisiera perder la razón que no el dolor,

y de poco amor me acuso, puesto que no muero.

 

No se excuse el amador de amar poco

si sigue vivo, estando muerta su amada;

que viva por lo menos apartado del mundo,

y que tan sólo tenga el nombre de cautivo.

 

Versión de José Batlló

 

Velas y vientos cumplan mi deseo...

 

Velas y vientos cumplan mi deseo,

siguiendo dudosos caminos por la mar.

Mistral y Poniente contra ellos veo fraguar,

más Siroco y Levante les ayudarán

junto con sus amigos Gregal y Mediodía,

que humildemente ruegan al viento tramontana

que les sea propicio en su soplar,

y así, los cinco, consigan mi regreso.

 

Hervirá el mar cual la cazuela en el fuego,

mudando su color y estado natural,

y mostrará querer mal a cualquier cosa

que un instante sobre él se detenga;

peces grandes y pequeños correrán a salvarse

y buscarán escondrijos secretos;

huirán del mar donde nacieron y crecieron,

y su salvaci6n en la tierra perseguirán.

 

Todos los peregrinos a la vez jurarán

y prometerán presentes hechos de cera;

el gran pavor sacará a la luz los secretos

que al confesor no fueron descubiertos.

 

En el peligro, no os borraréis de mi pensamiento,

antes bien haré votos al Dios que nos ligó

para que no mengüe mi firme voluntad

y en todo momento me seais presente.

 

A la muerte temo, que de vos me separa,

y porque Amor por muerte es anulado;

mas no creo que mi querer, superado

pueda ser por tal separación.

Me temo que vuestro escaso amor

me abandone al olvido, apenas yo muera;

tan sólo este pensamiento aturde mi placer

-pues no creo que tal suceda mientras viva-:

 

que tras mi muerte, perdáis poder de amar,

y todo él en ira se convierta,

en tanto que forzado yo a dejar este mundo,

todo mi mal sea el de no poderos ver.

¡Oh Dios! ¿por qué no hay limite en el amor,

si cerca de aquél yo me encontraría solo?

Sabría cuándo vuestro querer me quiere,

temiendo, confiándolo todo al porvenir.

 

Soy el más ferviente amador,

tras de aquel a quien la vida ya Dios arrebató:

pues yo vivo, y mi corazón no muestra duelo

tanto por la muerte como por su enorme dolor.

A bien o mal de amor estoy dispuesto,

pero mi mala fortuna a tal caso no me lleva ;

desvelado, abierta de par en par la puerta,

me hallará respondiéndole humildemente.

 

Yo deseo aquello que tanto puede costarme,

y esta espera de muchos males me consuela;

no me place el que mi vida esté a salvo

de un muy grave caso, el cual pido a Dios ocurra.

Entonces no tendrán las gentes que dar fe

de lo que Amor fuera de mí haga;

su poder se manifestará con actos

y mis dichos con hechos probaré.

 

Amor, siento de vos más que no sé,

y la peor parte me tocará:

sólo sabe de vos quien sin vos está.

Al juego de los dados os asemejáis.

 

Versión de José Batlló

Tomado de:

http://amediavoz.com/marchausias.htm

 

LXXX

 

A todo labrador se le paga el jornal,

y al abogado que pierde el pleito ganado.

Yo, por servir a Amor, quedo despojado

de todo cuanto tengo, que no me falta servir;

he hecho señor del juicio a mi querer,

al ver a Amor por mi juicio mal servido;

rapaz lo he hecho, y Dios dejado aparte,

y son dieciséis años que espero el galardón.

 

Amor, Amor, poco es vuestro poder

para hacer amar a otro tanto como yo;

¡andad, andad a probar vuestras armas

en contra de quien no quiere ser vuestro!

Tomado de:

http://www.archivopdp.unam.mx/index.php/46-almacen/almacen/1971-042-almacen-cinco-poemas-de-ausias-march

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