miércoles, 10 de octubre de 2018

POEMAS DE ARMANDO OROZCO TOVAR

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(Bogotá, Colombia 1943 – 2017)

EL ÁGUILA

Así mismo había en los cuatro cara de águila.
Ezequiel
Arrasaba con sus manos pobladas de cuervos
Su pensamiento era una escalera absurda
Como sueños en las gradas de las prisiones
Había encontrado la forma de vivir
En paraísos y vientres violados
Saliéndose de sí mismo
Azotando las puertas interiores
Y los códices asesinos
Sabía qué moría entre sombras
En una selva con delfines arrasadores
Galopó el mármol inhóspito
De los páramos
Golpeó los llanos con sus alas de buitre
Y cadenas de oro sobre su pecho
A ella la vio desnuda entre las sombras
Del muro de los fusilados
Con su vientre repleto de violines
De maullidos de gatos marinos
Recordó el castigo de sus manos
No supo del bronce ceniciento
Porque las moscas estaban en su rostro
Desde antes del vuelo
Pensó que nada tenía remedio
En medio del delirio y el rencor
De la fiebre de sus garras de águila
Encontró por fin el olvido en los pantanos
Siniestros de un viento simbólico e imaginado
Sabía cuándo iba a comenzar el horror

CAMINÓ HACIA ATRÁS OBLICUAMENTE


Amó otra vez el silencio de los truenos
Dentro de los lagos olvidados
Salían de su boca puentes
Cruzando el misterio de las sombras
Estaba allí tendido
Con sus bocas abiertas
Y sus gargantas últimas
Y sus salivas de pesadillas
Ya no aullaba ya no mentía
Era antiguo
Cascabel mordiendo
Los círculos del cobre
El tiempo el aire el mármol
El espacio sus horas sus espadas
Quebradas por el sueño
El mar sepultó sus navíos
De otros crepúsculos
Estaba allí definitivo desde antes
Del sonido en el bronce
De la luna
Había vuelto a nacer en sus perfiles
Era una estrella en el relámpago
Y en las alas de las mariposas
Nocturnas
(En la muerte de mi padre)

Lectura

Leí desde el vientre de mi madre
dónde cabían el viento y el verano,
el agua de tantos ríos de ternura.
Allí, observé peces fosforescentes
cayendo del cielo de sus ojos
grandes como la noche.
Por sus pupilas viajaban
veloces las estrellas
y las galaxias enormes del amor.
Yo aprendí a leer
en el vientre de mi madre
también el odio, las injusticias
y el hambre.
¡Ah, el hambre!
Luego los signos del dolor y las caídas
el olvido del recuerdo por su sangre
las caricias de la estación de la nieve
y el trigo.
Aprendí a leer en el rostro del aire.
En el vientre de mi madre estaba el universo,
con símbolos ritmos y metáforas
los imaginarios del mundo en su corazón.
El vientre de mi madre era un satélite del sol.

Ascenso a la laguna

(A Jorge E. Cruz)
Ascendió con los ojos sobre la tierra
aspirando un aire otoñal
casi perfecto.
Ascendió con la ilusión
de ver dioses desnudos
teñidos de oro
untados con resinas
de árboles sagrados
y mieles de abejas.
Ascendió preguntándose
quién era
y cuál el destino
de tantos días y noches.
Ascendió para encontrar
al azar
olvidados por otro Dios distraído
pedazos de sol
incrustados en la arena.
También para descubrir
los reflejos de las avellanedas
amarillas
rielando sobre el agua verdinegra.
Descendió de la montaña
viendo en el fondo
de la luna llena
una antigua gota de sangre.
(Laguna de Guatavita, 1 de enero 2000)

Cruxificción

Que no es de Nazaret este madero
donde me he dejado colgar
por mis reclamos.
¿Qué tengo yo que ver con todo esto?
Quizá el dolor y la befa
de un Dios indiferente
amigo de “cambistas” como les decían
en tiempos de milagros,
cuando Él también los azotó
y “prendió fuego a sus tenderetes.”
Ahora estoy clavado de pies y manos
en este sucio poste
como cualquier cordero de sacrificio.
Porque, ¿quién vive diez meses sin salario?

PRESENTIMIENTOS


Tengo miedo de los amigos
perdidos
entre el humo y el sueño.

Tengo miedo de los labios
que dejan en el aire
silbando el filo de un cuchillo.

Tengo miedo del paisaje
donde ya nadie habita
el desnudo río del recuerdo.

Tengo miedo del minuto
que nos hunde
en la oscura memoria de los sueños.

A María Mercedes Carranza


EL VIAJE


Todos vamos con cuidado desapareciendo.
Estamos aquí,
nos ven y nos saludan,
hasta que un día nadie nos vuelve a ver
y dicen:
“Entró a un monasterio, está en la cárcel,
se casó. Le dieron empleo en Nueva York,
está viviendo en Camerún. Cría conejos.
es zombi en Haití, conspirador, negrero.
dejó el ocio, puso negocio.
Se fue para las selvas del Chocó,
quemó sus libros. Se le vio rezando en Popayán.
adquirió la sífilis, era maldito.”
O por el contrario nadie nos recuerda,
nadie dice nada,
a uno fácilmente los amigos lo olvidan.
Fue tan discreta la fuga, la partida, el viaje,
que sólo los más íntimos preguntan:
¿dónde está ahora?

A Armando Cuervo Romero


DESENCUENTRO


Ya es hora de que pregunte por mí,
que me vaya con los ausentes,
que regrese con la lluvia.

Debo salir pronto a caminar,
pero no encuentro la calle
los escalones de mis piernas.

Sé que debo irme en los trenes,
amarillos del barro,
subirme en el polvo de mi corazón.


MIGUEL HERNÁNDEZ 


Hoy he cargado a Miguel
en mi cabeza,
que está por reventar
como en otro tiempo,
camino de Orihuela.

Hoy he cargado
sus cabras y proezas
sus pantalones
de rudo ruiseñor.

La risa de su barro
que lanza relámpagos
de amor,
por sus ventanas.

Hoy he cargado
su celda todo el día
como hijo futuro de su muerte.


TORTURA


Sólo cuando el recuerdo
es un cuadro en la pared
la silla, el comedor,
la sábana que usaste.
El ladrido de un perro
más allá de la noche
el interminable llanto de un niño,
la tortura del sueño.
Sólo cuando el recuerdo
de tu mirada
es una ciudad que desconozco,
me doy cuenta
que estuvimos cerca un día sin saberlo.


LA PEREZA DE SUFRIR


Se marcharon en tropel
como si fuera preciso
irse tan rápido de este mundo.

Nos dejaron solos
sin a quien llamar a medianoche.

Qué desgracia desaparecer así
sin ton ni son
como si no se pudiera ser feliz.

Fueron malagradecidos
con los padecimientos,
el amor, la yerba, los pájaros
y los soldados.

Ellos se marcharon,
cuando sintieron
la pereza de sufrir.

Se fueron de pronto
con sus maletas
repletas de poemas.

A Guillermo Bustamante y Luis Eduardo Saavedra


La esfera

Ante el asombro de los niños
la muchacha de ojos
azul- grisáceos como la tarde
toca  el violín.
Él con la música de ella
y el mágico movimiento
de sus manos
alrededor de la esfera de cristal
la sostiene en el aire.
Dios en cambio  deja caer
su bola todos los días
sobre el pavimento del universo.

Pedestales


Cuando murió el guerrero
sólo quedaron de sus hazañas
las cenizas y  el viento.
¿Qué recriminar a Dios
que Él no sepa?
Que no hizo
el  esfuerzo suficiente
para que se cayeran
los tiranos de sus pedestales.

Inexistencia


“¡No existo!”
-dijo Dios-
mientras observaba
 caer sus estrellas
al infinito.
Tampoco yo
- le advertí-.
Cuando contemplo
entre  sombras las antologías.
 

Contabilidad

En mi  soledad perpetua
contabilizo una por una
mis galaxias
y no me falta ninguna.
Pero cuando sumo
en la bolsa de los pobres
las monedas
siempre me faltan
-sin poder remediar nada
en contra de los bancos-
cinco para el peso.

A la memoria de Gustavo Valcárcel


Murió en su ley:
 el licor y la color
que  alentaron su vida
de tono, armonía y movimiento.
Hoy está tieso su pincel de mago.
Ya estará en los infiernos con Giocondo,
Greco, Miguel y Picasso,
bebiendo de la tarde el vino pálido.
Reirá y cantará tangos antiguos
y modernas  tonadas,
y se peleará con Dios a puñetazos.
Cuántas gordas Estelas en sus cuadros,
 de luz y tristeza acumulada
en su lienzo de costal amargo.
Y en su vida que dejó ésta hora
colgada  cual bufanda en un perchero
más borracha y cansada que la noche.

El hambre es la hembra del hombre.

Si  el hombre
no existiera…
Dios se moriría
de hambre.

Ante  una foto de mi abuelo


El tiempo, la selva, él
y  su fino coche
de los años veinte.
No  tiene tampoco
arrugada  o  manchada
su camisa caqui con tirantas.
Ni su pantalón bombacho
con  botas negras de explorador.
Tampoco envejece
porque  Dios tendría

Golpes


Le desgarraron la piel
como quien quita
la corteza a un árbol
la cáscara a la fruta.
Dejaron su jugo
a la intemperie
la fibra de sus tendones
al pico hambriento de los pájaros.
Nadie-ni el mismo-
salió a defenderlo.
Fue la soledad del dolor
la nada de un loco sin luna
ansiado por los insectos.
¿Cuántos fueron los golpes
recibidos?
¿ Porque a quién se le ocurre
llamarse profeta, enviado hijo de Dios,
en tiempo de bárbaros.?
¿Y a quién poeta en tiempo de bárbaros?

Reciclador


Pasa todos los días repleto
con sus desperdicios
semejantes al oro.
Sin saberlo lo habita un Dios.
Aquel que sólo descubre el poeta
cuando observa a su hijo
tratando de hacer sonar sobre  el andén
la armónica inservible.
De la basura reclinada en los quicios
de las puertas extrae decretos
y la palabra del mandatario,
arrojada con su baba de los cenáculos.
El reciclador dentro de sus alforjas
carga para luego incinerar
toda la peste de los reyes.

Profundidades



Vienen de las profundidades.
Yo los he visto avanzar en pesadillas
en medio de la niebla.
arrasando  con sus moto sierras.
cabezas y sembrados.
Decapitan sin compasión
al  día y  de noche.
Dejan los ríos, los  cielos
hechos añicos.
Hasta que un día
como inocentes ángeles amados
se sientan complacidos
en  la silla senatorial,
en el Palacio del presidente.
o en la casa del obispo
para ser bendecidos
por el representante de Dios en La Tierra.

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