jueves, 27 de septiembre de 2018

POEMAS DE CARLOS VILLAFAÑE

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(Roldanillo, Valle 1881 -  Cali 1959)

La Via Dolorosa

I

Yo mismo la enterré... Yo mismo un día
cerré sus ojos a la luz terrena
y enjugué de su frente de azucena
el trágico sudor de la agonía.

En un recuerdo blanco: todavía
la nombro en el silencio de mi pena;
descanse en el Señor... Si era tan buena,
duerma en mi corazón... Si era tan mía.



Ojos y boca y manos ilusorias,
todo bajo las sábanas mortuorias
quedó como una lámpara extinguida.

Y yo, de mi locura bajo el peso,
le dejé el alma en el dolor de un beso
y a duras penas me quedó la vida.

II

Ojos como dos claros madrigales
que abrieron en mi ser profundas huellas;
suaves a veces como dos estrellas;
y a veces fieros como dos puñales.

Labios en flor, inolvidable acento
que fue para mi ensueño peregrino
como el agua de Dios que da al sediento
de beber en las vueltas del camino.

Todo bajo la sombra y el misterio
de un árbol, en la paz del cementerio,
fúnebre playa del eterno río...


Elegía íntima


Aquí estás ya sobre el terrible puente
que todos hemos de cruzar un día.
Cuatro tablas apenas –se diría,
¡que es poco espacio para tanta gente!-.

En tren expreso vas, en tren expreso,
en ese obscuro tren cuya campana,
no canta la alegría del regreso,
ni ahora, ni a la noche, ni mañana.

Árbol triste es el hombre que se cubre
de sombra infausta en el postrer desmayo:
lo fecunda la ráfaga de mayo,
lo deshoja la ráfaga de octubre.

Y aquí estás tú, cuyo mayor empeño
fue vagar con el ánima encendida,
de la vida a las cosas del ensueño,
del ensueño a las cosas de la vida.

Lejos ya vas de la baraja incierta,
cerca ya estás de buena gente amiga.
Quiera Dios que San Pedro abra la puerta
y te admita tertulia y te bendiga.

Oveja que te apartas del aprisco
adonde el eco de mi voz no llega:
mil recuerdos a Julio de Francisco
y un abrazo cordial a Eduardo Ortega.

Ya traspasan tus plantas fugitivas
este valle de lágrimas y deudas;
que tengas muy buen viento, brisas buenas,
y que no nos olvides, y que escribas.

Yo, que del mundo en el vaivén incierto,
a la vida fugaz sólo me arraigo,
te digo en las orillas del mar muerto:
adiós poeta, por allá te caigo.


El Vacío

Unos se van y vuelven y, al regreso 
encuentran en el punto de partida, 
un amor que les da la bienvenida 
con un abrazo o con la miel de un beso.

Otros vienen y van y, bajo el peso 
infausto de su cruz ensangrecida,
no encuentran sombra ni descanso 
en eso que llaman la corriente de la vida.

Y yo, pobre viandante, en el camino, 
cuando a mi propia soledad me entrego, 
pienso que en el vaivén de cuanto existe,
no encuentra mi ilusión de peregrino, 
ni quien, cuando me voy, se ponga triste, 
ni quien me abra los brazos cuando llego.


Nombres al viento

Cruzaremos la vida por ruta diferente;
cuerpos y corazones invocarán en vano
los instantes divinos: este ammor sobrehumano
sólo tendrá el sosiego que le de nuestra mente.

Y el día que en la sombra reclinemos la frente
se abrirá tu sepulcro de mi tumba lejano;
y así como anduvimos bajo el cielo inhumano,
separados seremos por la tierra inclemente.

Como nido que el viento desprendió de la rama
sin haber otros seres arrullado en su trama,
fenecerá este amor, para el dolor, tan fuerte.


Y en lápidas diversas nuestros nombres escritos
errarán por el mundo como dos mudos gritos
lanzados a la noche del olvido y la muerte

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