domingo, 18 de septiembre de 2022

POEMAS DE AURELIA CASTILLO DE GONZÁLEZ


¡Victoriosa!

¡La Bandera en el Morro! ¿No es un sueño?

¡La Bandera en Palacio! ¿No es delirio?

¿Cesó del corazón el cruel martirio?

¿Realizose por fin el arduo empeño?

 

¡Muestra tu rostro juvenil, risueño,

enciende, ¡oh Cuba!, de tu Pascua el cirio,

que surge tu bandera como un lirio,

único en los colores y el diseño!

 

Sus anchos pliegues al espacio libran

los mástiles que altivos se levantan;

los niños la conocen y la adoran.

 

¡Y sólo al verla nuestros cuerpos vibran!

¡Y sólo al verla nuestros labios cantan!

¡Y sólo al verla nuestros ojos lloran!

 

Los Alpes

De un resalto tremendo a otro resalto,

escalan el espacio las montañas,

como en ardiente emulación de hazañas,

van los pétreos gigantes en asalto.

Llegan en confusión; y allá en lo alto,

entre las nubes son nubes extrañas,

mas el agua se filtra en sus entrañas,

burlando la pizarra y el basalto.

Incubadora sin igual, la nieve

como alas tiende sus armiños puros;

ya no se suelta murmurante y leve.

Ya no la bordan los alegres muros;

y, cerrando terrible el horizonte,

de blanco mármol aparece el monte.

 

Expulsada

«Te fuiste para siempre. Quedé en el mundo sola.

Mis lágrimas corrieron un año y otro año…

Gritáronme de arriba: «!Anda!», y anduve errante,

Y al fin me vi de nuevo en nuestro hogar de antaño.

 

Tu espíritu amoroso flotaba en todas partes.

Cantaba con las aves, perfumaba en las flores.

Con el véspero triste me enviaba tu sudario

Y envuelta en él soñaba nuestros dulces amores.

 

(…)

 

Y cuando reposaba tranquila en aquel sueño

En nuestro hogar sagrado oí la voz infanda.

Tocaron en mi cuerpo las manos criminales

Y el rencoroso arcángel gritó de nuevo: «!Anda!»»

Tomado de:

https://www.isliada.org/poetas/aurelia-castillo-de-gonzalez/

 

 

José Martí

Del mundo de Colón dos islas bellas

Quedaban en el círculo de acero

Que en él trazara el pelotón guerrero

De férreas almas e indelebles huellas.

 

Más, bajado de fúlgidas estrellas

Y de la estirpe del insigne Homero

Un poeta se lanza y justiciero

¡Nos escribe una Ilaada con centellas!

 

Dos nombres le esperaban en la Historia

Para el grupo de grandes redentores

Que han de ser enlazados por la Gloria:

 

El que sembró en el Norte maravillas,

El que en el sur dejó sus resplandores

Y el que hizo libre á las dos Antillas.

 

 

Agua de tinajón

Agua santa de este suelo

en el que se meció mi cuna,

agua grata cual ninguna,

que bajas pura del cielo.

Yo te beso con anhelo,

casi con mística unción,

pues creo que tus gotas son

de mi madre el tierno llanto

al ver que te quiero tanto,

Camagüey, tu corazón.

 

 

Pasado y presente

A mi esposo

 

Tuve alborada de sin par ventura

En que el sol de los ojos maternales

Me alumbró de la vida los umbrales,

Que hollé con infantil desenvoltura.

 

Vino la tarde ¡oh Dios! mi planta pura

Abrasaron ardientes arenales;

Cual único remedio de mis males

Esperaba la horrenda sepultura.

 

Ennegrecióse aún más mi cielo triste.

Ya en mi noche de helada indiferencia

Éranme igual la gloria o el infierno

 

Del olvido entre sombras tal me viste,

Y me has dado feliz, nueva existencia,

Que ilumina tu amor con rayo eterno!

 

 

Ignacio Agramonte

Broncíneo el pecho, el alma diamantina,

se levanta en los campos de la guerra

como arcángel mortífero que aterra

y ángel de luz que espléndido ilumina.

 

A su aspecto tan solo se adivina

cuánto de grande en el campeón se encierra

Él es de la falange que a la tierra

viene del centro de la luz divina.

 

Las huestes turbulentas de los campos,

dóciles a su voz, se tornan puras;

y cuando muere por la patria ese hombre

 

la gloria le circunda con sus lampos,

tú, amada tierra, con su luz fulguras

y el mundo aclama delirante un nombre.

 

 

Carlos Manuel de Céspedes

Sintió que el alma cual jamás extensa.

En sus profundos senos recogía

Todo cuanto en la patria se sentía

De humillaciones, de dolor, de ofensa.

 

Sintió la nube amenazante y densa

Que con fuego el cerebro le envolvía.

Y de España á la antigua tiranía

Arrojó el guante su arrogancia inmensa.

 

De San Lorenzo en el final estrecho

El juramento que lanzó vibrante

Sostuvieron sus miembros lacerados.

 

Y, de patria, república y derecho

Él puso los cimientos de diamante

Con su sangre purísima bañados.

Tomado de:

https://www.poeticous.com/aurelia-del-castillo?locale=es

 

 

El Maine

 

 

Cual explosión de horripilante mina

En los profundos senos de la tierra,

O que mil rayos se librasen guerra,

Horrísono fragor se alza y fulmina.

 

La ciudad se obscurece, se ilumina,

En las almas el pánico se encierra:

Y ver en los espacios les aterra

Roja hoguera que al cielo se avecina.

 

¿Fue el azar? ¿Fue la Unión? ¿Fue Cuba? España?;

¡Allí el Esfinge está con su misterio!

¡Ese fué el Maine! Esa armazón extraña

 

Hoy representa una imperial corona,

Y allí á los orbes que se hundió pregona

¡Colosal y hermosísimo otro imperio!

Tomado de:

http://www.ellugareno.com/2021/07/el-maine-un-poema-de-aurelia-castillo.html

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