jueves, 29 de septiembre de 2022

POEMAS DE MIGUEL ALFONSECA


CANTO DEL MAR EN LA GUERRA

 

Oscuro es el mar en la madrugada

 

como un vuelo lejanísimo de aguas,

 

como un gran animal de tristeza y espanto

 

rodeándonos,

 

cercándonos.

 

Oscuro es el mar en la hora

 

de blancas cabelleras sobre la ciudad,

 

de enredaderas malvas y violáceas

 

colgando del viento insomne y del cielo

 

aun los pájaros no desgarran la niebla

 

y se hunden las estrellas, desoladas.

 

El ojo de nuevo se abre al mundo.

 

Oscuro es el mar en la madrugada,

 

como la desolación del hombre,

 

como la soledad después de la entrega,

 

como el recuerdo de grandes matanzas

 

en los días más agrios de la guerra.

 

Oscuro es el mar.

 

A través de los cristales yo veo su lomo,

 

yo veo su espinazo de movible epidermis

 

donde los peces muerden las algas y las sombras.

 

Los peces muerden el anzuelo del hombre,

 

donde se acaba el mar.

 

A través de los cristales yo veo su universo,

 

escucho su voz más honda que los tiempos

 

y la tristeza, ¡ah, la tristeza!,

 

suelta avispas en mi pecho y mi garganta.

 

Oscuro es el mar a través de esta ventana.

 

Sueño de amante quebrados en la despedida

 

Y de ancianas gaviotas sobre los peñascos.

 

Oscuro es el mar a través de esta ventana

 

y más oscuro aun en la madrugada de guerra.

 

Yo veo los escombros, el resto del incendio,

 

allí quedaron cuerpos de muchachos alegres

 

para quienes la vida era el combate,

 

para quienes la vida fue una infancia enrejada

 

y luego las cenizas antes de crecer.

 

Yo veo escombros, el resto del incendio,

 

allí quedo la sangre caída junto al grito

 

en un derrumbamiento de arboles y huesos.

 

Allí quedaron muertos

 

junto a rocas y troncos y lenguas de salitre.

 

Oscuro es el mar

 

Y la canción marina de la guerra:

 

-abril trajo la guerra y entonces todo ardió.

 

Yo vi las llamaradas girar en desenfreno

 

Desencadenando humo y huestes de la furia.

 

Los muertos cubrieron

 

El espacio más amplio y maduro de la tierra.

 

Los muertos cubrieron

 

la voz y el corazón de los habitantes.

 

Entonces fue el acero

 

sobre mis marinos herbazales

 

y la muerte ladro desde mis aguas tranquilas.

 

Entonces fue la muerte desde mis ondas

 

Y el sollozo más duro salió de mi garganta.

 

Guinda el cielo sus morados telares

 

sobre las extensas planicies salobres.

 

El silencio aprieta calles y edificios

 

y ferozmente lucha con la brisa.

 

A mi lado está la amada y la esperanza

 

durmiendo en la tregua de la guerra

 

y dulcísimo es el vagido del alba.

 

Claro es el mar.

 

Más claro.

 

Abajo, el ruido de un fusil despereza la calle.

 

Alguien golpea los tímpanos del sueño

 

anunciando un periódico.

 

Claro es el mar.

 

Más claro.

 

Un rumor de pasos creciendo tira del día.

 

En los vidrios, una violenta rotura sin estruendo

 

me enceguece.

 

El mar de golpe borbota reflejos en Oriente

 

desparramando blancos, verdes, azules,

 

sobre las lilas y violetas de la madrugada.

 

La sangre sobre el mar, extendida y brillante.

 

Claro es el mar.

 

Claro es el mar en la alborada.

 

El despertar.

Tomado de:

https://hoy.com.do/dos-poemas-de-miguel-alfonseca/

 

Coral sombrío para invasores

Morirán sin los abetos de Vermont.

Morirán sin los grandes pastos rizados por el viento,

sin los frescos terrones de California

ni la cordillera del Oeste,

donde el cielo es un pálido patriarca en mansedumbre.

Morirán sobre una tierra que no es suya,

entre unos hombres de distinta lengua,

ojos diferentes y distinto corazón.

Porque son invasores.

Destrozan nuestros niños

y aullan las raices del planeta.

Matan nuestras madres

y el mundo gime pateado en los ovarios.

Morirán sin la sana harina del labriego

cocida en el fuego saludable de los árboles.

Morirán sin los cánticos de la campiña,

sin la ronda amorosa de la escuela,

sin el jubileo de los pájaros en la ventana cuando la edad sitúa el mundo lejos,

en el marco de madera tibia labrada con las manos.

Morirán sin el cedro, sin el olmo, sin el roble,

que escucharon el vagido de su nacimiento.

Porque son invasores.

Porque matan al hombre que defiende su heredad,

la tierra en que nacieron sus padres

y murieron,

la tierra en que nacieron sus hijos

y morirán.

Porque vienen sin el amplio corazón de Lincoln.

Morirán lejos de los grandes bosques de Oregón

donde el aire es una canción silvestre.

Morirán sin los dulces brazos de sus ríos,

sin las cálidas palma de sus madres,

sin los besos temblorosos de la amada,

sin la risa de sus hijos.

Porque son invasores.

Porque no defienden su patria

sino que agreden la nuestra.

Patria pequeña de tierra.

Patria inmensa de hombres.

Porque vienen a enterrar el alba

que subimos con huesos y con sangre

con pólvora y con llanto y con amor.

Tomado de:

https://deahora.com.do/2022/09/21/poema-coral-sombrio-para-invasores-miercoles-de-poesia/

 

 

Isla o promontorio).

 

 

Acribillada isla.

A lo largo de la costa

animales de huesos contra el viento,

inmóviles bajo el movimiento de los astros

y las bulliciosas caminatas de la lluvia.

 

Algazara de minúsculos seres acuáticos

delicias de las barbas verdinegras,

fáciles al anzuelo o a las redes del canto.

 

Del alto farallón se lanza el alcatraz

hacia el pez que mora en el abismo azulísimo

sin que el temor mine la destreza de su vuelo.

 

El cielo cabe en el ojo avezado del pescador.

Se desliza sobre el agua y el regocijo.

Corre a la altura del amor y los cánticos

y se estrella, raudo, sobre el parpado salino.

 

“Chillidos y crustáceos para alegrar a los niños,

dulce arena húmeda en la construcción de la Inocencia,

almendras y uvas hasta cansarse

y mojarse los pies buscando pececillos,

llenándose las manos de cielo las manitas,

y cansados de alborozo sonreír tan anchos como el sol

recostados de los troncos de la ternura.

 

Chillidos y crustáceos para alegrar a los niños

y almendras y uvas de la playa y pececillos y bajeles

para alegrar a los niños antes de que lleguen al odio,

antes de crecer en la angustia,

antes de crecer.

Y entonces tengan que llorar o morder en el cerco.

Y entonces tengan los ojos arrasados del pueblo.

Y no poder ya más del fuego desprenderse”.

 

-Aquí sabe a quemadura.

 

-Corazón,

leves las banderas de la risa, apenas en el labio.

Cálido es el clima y el lugar.

Cálidas las lágrimas.

 

Si pudiera levantarse la alegría

como se levanta la gaviota o golondrina.

Ágil expandiendo su vuelo,

remontando las extensas dimensiones,

las dimensiones libérrimas.

Si pudiera levantarse la alegría de manera tan simple.

 

-Corazón,

si pudiera…si pudiéramos levantar la alegría.

Tomado de:

https://www.airesdelibertad.com/t41414-poesia-social-xiii-en-la-primera-pagina-de-poesia-social-i-hay-un-indice-de-autores-pascual-lopez-sanchez-y-lluvia

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